Catalogación en la publicación – Biblioteca Nacional de Colombia
Vargas, Pedro Fermín de, 1762-1830, autor
Pensamientos políticos y memoria sobre la población del Nuevo Reino de Granada / Pedro Fermín de Vargas; [presentación, Renán Silva]. – Bogotá : Ministerio de Cultura : Biblioteca Nacional de Colombia, 2016.
1 recurso en línea : archivo de texto Epub (2,3 MB). – (Biblioteca Básica de Cultura Colombiana. Economía / Biblioteca Nacional de Colombia)
ISBN 978-958-8959-51-1
1. Vargas, Pedro Fermín de, 1762-1830 - Pensamiento político 2. Agricultura – Colombia - Siglo XVIII 3. Comercio – Colombia - Siglo XVIII 4. Minas – Colombia - Siglo XVIII 5. Colombia - Condiciones económicas - Siglo XVIII 6. Colombia - Política y gobierno - Siglo XVIII 7. Libro digital I. Silva, Renán II. Título III. Serie
CDD: 330.9861 ed. 23 |
CO-BoBN– a994079 |

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ISBN: 978-958-8959-51-
Bogotá D. C., diciembre de 2016
© 1944, Biblioteca Popular de Cultura Colombiana
Ministerio de Educación Nacional
© 2016, De esta edición: Ministerio de Cultura
Biblioteca Nacional de Colombia
© Presentación: Renán Silva
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+LA BIBLIOTECA NACIONAL DE COLOMBIA ha tenido la buena idea de formar una amplia colección de libros digitales que reúna una parte considerable del patrimonio cultural escrito de los colombianos, con el propósito de contar con otro medio más de incentivar el interés por la lectura y facilitar el acceso a textos valiosos que esperan un lector inquieto y crítico dispuesto a recorrer sus páginas. Como el propósito principal es el de difundir los textos, hacerlos circular, facilitar su viaje a través del mundo de los lectores, nada tan aconsejable como la idea de una biblioteca digital, para que más allá del formato tradicional de lectura —el libro—, desde su casa, desde el colegio, desde la biblioteca o desde el café, el lector pueda disponer de los textos en ediciones confiables, de calidad superior al promedio de lo que habitualmente se encuentra en internet.
+Con acierto se ha seleccionado para formar parte de la colección el texto de Pedro Fermín de Vargas, Pensamientos políticos y memoria sobre la población del Nuevo Reino de Granada, dos escritos que siempre se publican como un solo texto, por la unidad de tema y de estilo que los recorre. Es necesario ofrecer al lector de hoy unas informaciones breves sobre el autor, sobre la obra y sobre la época en que fue escrito el texto, para que pueda sin mayores problemas recorrer estas páginas que, de todas maneras, son claras y no necesitan de ninguna “traducción especial” de especialista, y que reclaman simplemente un deseo real de aprender, de curiosear, de formarse una opinión propia sobre temas importantes del pasado y el presente de Colombia.
+Del autor sabemos poco. Nació en 1762 en la población de San Gil —hoy departamento de Santander— y cursó estudios en Santafé de Bogotá, en el Colegio Mayor del Rosario, institución en donde permaneció unos cuatro años —entre 1776 y 1780—. En 1782 obtuvo el cargo de Oficial Primero de la Secretaría del Virreinato —un cargo administrativo de rango medio— e ingresó dos años después a la Expedición Botánica de José Celestino Mutis, una empresa de saber que logró reunir a los mejores talentos jóvenes de la época en torno a las tareas de exploración del territorio neogranadino para tratar de conocer sus especies vegetales, con el fin de identificarlas y saber cuáles de ellas podrían ser útiles y por esa vía entrar en los circuitos del comercio local e internacional, produciendo al mismo tiempo bienestar y riqueza a la sociedad.
+Hacia 1789 encontramos a Pedro Fermín de Vargas en el cargo de Corregidor y Juez de Residencia de Zipaquirá, lo que indica un ascenso en su carrera burocrática y un cierto reconocimiento intelectual, lo mismo que indica sus capacidades para lograr alguna influencia en el palacio virreinal, en donde llegó a ser muy apreciado. En esos años escribe algunos de sus textos más conocidos, como el que presentamos, desarrolla iniciativas de gobierno que apuntan a promover mejoras en la vida material y espiritual de los pobladores, y parece orientarse como un funcionario reformista empeñado en el progreso de los vecindarios, impulsando medidas de promoción y mejora de la agricultura y del comercio, en dirección de una vida civilizada, orientada hacia la prosperidad, que es el núcleo de la pequeña obrita que el lector se dispone a recorrer.
+Pero no se trataba solamente de un buen funcionario. Sus amigos de esos años, y las propias autoridades, cuyo apoyo perdería tiempo después, lo distinguieron siempre como un hombre de letras dotado de una gran inteligencia, comprador de libros y lector muy dedicado que poseyó en su biblioteca algunas de las obras más destacadas de su época, entusiasta de algunas de las asociaciones de lectura y discusión —las famosas «tertulias»— y amigo directo, y en cierta manera tutor, de algunos de los inquietos jóvenes santafereños de entonces, como Antonio Nariño, jóvenes que luego serían conocidos como críticos importantes de su sociedad como lectores apasionados y como grandes interesados en lo que llamarán la «felicidad pública».
+Después de 1792 perdemos los rastros seguros de sus andanzas. Sabemos que abordó una vida de aventurero y conspirador, que se fugó de Santafé en compañía de una dama que no era su legítima mujer, y que recorrió las Antillas, viajó por Europa, intrigó ante gobiernos extranjeros, entró en relación con el gran circuito de la conspiración internacional, que buscaba apoyo del Gobierno inglés para liberar los territorios hispanoamericanos del dominio ibérico, y que debió algún día morir, aunque no sepamos cuándo, ni dónde, ni bajo qué circunstancias.
+Al final lo que quedó fueron algunos textos políticos, de los que no se sabe si realmente son de su autoría, muchos pseudónimos usados en su vida aventurera, muchas empresas inconclusas —de saber, de comercio, de conspiración—, amores y desamores, rupturas con sus amistades —por ejemplo con el venezolano Francisco de Miranda—, hechos muy pronto convertidos en leyenda que no se discute, aunque la mayor parte de ellos no se encuentre bien establecida. Lo que sí es seguro es que en el momento de la Independencia nacional, en 1810, sus viejos amigos neogranadinos se acordaron de él, invocaron su nombre y quisieron que sus escritos, entre ellos estos Pensamientos políticos, fueran editados y leídos, porque los consideraban un buen diagnóstico de los caminos que debería recorrer la sociedad que entraba en una fase de vida independiente.
+Los Pensamientos políticos y memoria sobre la población del Nuevo Reino de Granada aparecieron, pues, a sus contemporáneos que los conocieron bajo forma manuscrita, como una descripción acertada de la historia de su sociedad y como una buena guía para enfrentar el futuro, y ello porque en su núcleo se encuentran muy bien caracterizadas las necesidades de su época, según la percepción más avanzada que de ella podía tenerse en ese entonces. El punto central de la discusión presente en esos Pensamientos tiene que ver con el atraso técnico de la agricultura y con la redistribución de la propiedad de la tierra, con la idea de convertir a la sociedad de manera mayoritaria en una comunidad de pequeños propietarios, que producen bienes agrícolas para un gran mercado internacional, esencialmente europeo, para lo que había que incentivar el comercio, lo que no se podía hacer sino con buenos caminos, porque de otra manera las mercancías no circulaban, no llegaban a su destino final, y el consumo no producía el efecto de mejorar el nivel de vida de las gentes —tanto las que compran como las que venden—, y sin un «comercio activo, la riqueza no fluye y no hay progreso ni civilización».
+Los Pensamientos políticos no rechazan la minería, la explotación del oro y otros metales, pero Pedro Fermín de Vargas piensa que a largo plazo no son actividades que aseguren el futuro de la sociedad, a diferencia de la agricultura —y de la industria, que él y sus compañeros de generación reservaban para los países europeos—, e indica una lista de productos que, en su opinión, son posibilidades de enriquecimiento de la sociedad, lista que habla de grandes posibilidades agrícolas —en menor medida extractivas— que en el futuro deberían ser la base del cumplimiento de los sueños de abundancia que debería llegar a un territorio de tantas posibilidades como la Nueva Granada, según su percepción. Hay mucho de utopía y de sueño en los Pensamientos de Vargas, pero hay también muchas indicaciones realistas para la conquista de esos sueños, en lo que tiene que ver ante todo con la necesidad de generalizar la propiedad de la tierra, y con la importancia de la ciencia, de la técnica, y en general del conocimiento, para el progreso de una sociedad, indicaciones que no han perdido nada de su actualidad.
+Pero los Pensamientos, y los otros textos de Pedro Fermín de Vargas, ponen en relación el proceso de mejora material de la sociedad y de ampliación de la riqueza, con un fenómeno mayor que podemos designar, como se hace en la sociología de hoy, con la expresión proceso de civilización, un proceso que pasa por la asimilación de normas de vida colectiva organizada, por la extensión de formas de higiene colectiva y personal, por la intensificación de la vida en sociedad, y por todo lo que signifique la lucha por ideales colectivos; un proyecto de una vida social enriquecida por el contacto permanente entre los miembros de la sociedad, que es lo que en últimas, en el siglo XVIII, quería decir la palabra «comercio».
+Hay que decir que las ideas expuestas por Pedro Fermín de Vargas en muchos aspectos —desde luego que no en todos— mantienen su vigencia. Hoy hablamos de la necesidad de superautopistas y de buenas carreteras, de agricultura sostenible, y pensamos que el uso del suelo en la minería no trae solamente beneficios y puede acarrear problemas para el futuro de la sociedad.
+Hay que resaltar que esos Pensamientos que escribió Pedro Fermín de Vargas fueron en gran medida los de toda una generación, la generación que llamamos de los Ilustrados, los hombres de letras nacidos en Nueva Granada hacia 1760, algunos de cuyos nombres serán muy importantes en la organización de la República, a principios del siglo XIX. Por eso estas reflexiones son pensamientos de época. Para dar un ejemplo, la Memoria sobre la población se relaciona con un problema que muchos de los contemporáneos de Vargas también identificaron en términos similares: la existencia en el Nuevo Reino de Granada, en esa época, de una población muy pequeña, por relación con el territorio y sus riquezas; un tema de inquietud compartido sobre el que se discutió, se leyó y sobre el que el recién creado Papel Periódico de la ciudad Santafé de Bogotá organizó un concurso, con el alto premio, para la época, de 50 pesos.
+Todo esto debe convencer de que quien lee los Pensamientos políticos de Pedro Fermín de Vargas se acerca al pensamiento de una época singular de lo que luego, desde el siglo XIX, llamamos Colombia. Se trata del pensamiento ilustrado, un singular esfuerzo por pensar la sociedad y la naturaleza, y ante todo un esfuerzo por ejercer la crítica razonada. A los jóvenes ilustrados de finales del siglo XVIII, a los que perteneció Vargas, les cabe el pleno derecho de ser presentados como los iniciadores del pensamiento crítico en el país, pues fueron los primeros defensores del ideal de la libre comunicación, y son por lo tanto autores de textos que mantienen mucha de su actualidad. No importa que sus problemas no sean exactamente los nuestros. No importa que cuando se trate de problemas similares sus soluciones no sean las que nosotros acogeríamos hoy. Pero el deseo, la voluntad, la determinación de pensar siguen siendo valores de actualidad, necesarios en nuestra época, lo que nos convence de la actualidad del pensamiento ilustrado.
+El lector de hoy que se acerca a los Pensamientos políticos de Pedro Fermín de Vargas, en esta cuidada edición digital, que incluye otros de sus escritos breves, puede saber que el esfuerzo de lectura vale la pena, y puede recorrer estas páginas con la tranquilidad de que su lectura lo informará sobre temas básicos de la vida económica y social de nuestra sociedad en los siglos XVII y XVIII, y esa lectura seguramente lo convencerá de la importancia inmensa que tienen la observación, la discusión, la escritura y la lectura como fuerzas movilizadoras del pensamiento crítico.
+Lo único que el texto de Vargas reclama de sus lectores es paciencia, invertir algo de tiempo en su lectura, dejarse arrastrar por su exposición, permitir que el texto avance en su análisis, dejando en suspenso nuestras opiniones, y al final, concluida la tarea, establecer nuestro propio balance de ese pensamiento, al tiempo lejano y cercano a nuestra época y a nuestras preocupaciones.
+RENÁN SILVA
+1. El Virreinato de Santafé establecido en 1718 comprende sobre el mar del Norte toda la costa que se extiende desde las fronteras de Guatemala hasta el saco de Maracaibo; sobre la del sur, desde la provincia de Veraguas hasta el valle de Tumbes en el Perú, inclusos los gobiernos de Loja, Jaén y Mainas sobre el Marañón, describiendo desde allí un arco en lo interior del país cuya circunferencia, abrazando un despoblado inmenso en donde sólo habita una u otra nación bárbara, remonta por el río Apure en la misma laguna de Maracaibo.
+2. En la prodigiosa extensión de terreno que ocupa, se deja entender que su clima es más o menos húmedo, más o menos frío, más o menos templado, según la dirección de las cordilleras que cortan sus diferentes partes. Las cimas de estas espantosas montañas, que comúnmente se llaman páramos, son estériles regularmente, y pocas veces habitadas, pero donde la elevación no es tan grande, el terreno es fértil, muy sano y produce variedad de frutos.
+3. Así como se baja de aquí, esto es, del país frío, se entra gradualmente en los temperamentos templados, hasta dar en las cordilleras, cuyo clima es de un calor abrasador, tal como el que se experimenta en todas las costas comprendidas bajo el ecuador.
+4. La población del Virreinato, según el estado general que se hizo en el año de 1778, ascendía a 1.279.440 habitantes, de los cuales 747.641 pertenecían al distrito de la Audiencia de Santafé, y los demás a la presidencia de Quito. Pero por los padrones recientemente hechos con la mayor exactitud, resulta que existen hoy en todo el Reino 1.500.000 almas.
+5. La capital del Virreinato fue fundada a 6 de agosto de 1538 por el Conquistador del Reino don Gonzalo Jiménez de Quesada. Está situada al pie de una montaña elevada y cubierta de nieblas la mayor parte del año. Contiene dentro de su recinto de 20.000 a 22.000 almas repartidas en más de 2.000 casas, la mayor parte de muy mala arquitectura.
+6. La situación de todo el Reino le hace sumamente a propósito para el comercio: sus costas en el mar Atlántico ofrecen un pronto y fácil acceso a las embarcaciones expedidas de la Metrópoli; algunas de estas han hecho la travesía desde Cádiz a Cartagena en 26 días, y las que más tardan la verifican en 50 días, poco más o menos. La vuelta, reconociendo el cabo de San Antonio en la isla de Cuba, y entrando en el canal de Bahama, la ejecutan en 70 días. Tenemos pues que Cartagena, que es el puerto principal del Reino, se halla situada casi en la misma posición respecto de España que las islas de Santo Domingo y Cuba, las más inmediatas en el océano Atlántico.
+7. Las provincias interiores del Reino se comunican con la costa por el río de la Magdalena, que es navegable casi desde su origen, en la cordillera de Andaquíes. Las que más se extienden al occidente tienen la misma comunicación por el río del Atrato, con que unas y otras se hallan bien situadas para el comercio externo.
+8. El distrito de la provincia de Quito parece ser el que menos participa de estas ventajas. Con todo, sería fácil abrir el camino de Ita que comunica aquella provincia con la del Chocó, y entonces, además del abasto que podría dar a las minas de esta, exportaría sus frutos con mucha comodidad por el Atrato, y por él mismo se surtiría de los géneros y frutos de Europa que necesita.
+9. Entre las cabeceras del río de Atrato y las de San Juan, el uno que desemboca en el mar del Norte y el otro en el del Sur, hay una cordillera tan estrecha en ciertos parajes que convida naturalmente a abrir comunicación a estos dos ríos, y por consiguiente a los dos mares. El Arrastradero de San Pablo es el lugar más proporcionado a esta grande obra que debería ejecutar un Virrey que quisiese inmortalizar su nombre. Los que han tenido ocasión de contemplar aquel terreno, no sólo hallan posible esta comunicación, sino muy fácil de verificar. Ignoro si la ha propuesto alguno, pero creo que el Conde de Casa de Gijón habla de esto en las varias y admirables representaciones que dirigió al Excelentísimo señor Virrey Caballero en el año de 1787, las que darán mucha luz en el asunto, así por ser este un hombre de los que mejor han calculado las cosas del Reino, como por haber emprendido viaje expresamente al Chocó con la mira de observar la más fácil comunicación de esta provincia con la de Quito, su patria.
+10. Con esto, y con que se facilitasen como conviene los caminos de tierra, abriendo otros en los lugares más aparentes para la exportación de varios frutos, hasta el río de la Magdalena, quedaba el Reino en estado de hacer un comercio inmenso de sus producciones con los diversos puertos de España que tienen derecho al comercio libre.
+11. Las producciones que se extraerían para Europa serían desde luego aquellas que se cultivan en las demás colonias españolas, pues las diversas alturas de este Reino sobre la superficie del mar y sus diversas distancias a la línea hacen que en su distrito se hallen casi todos los temperamentos del globo, y en algunas partes tan inmediatos unos a otros que un día se puede experimentar frío por la mañana, temperamento medio u otoño al mediodía y excesivo calor por la noche, según que se baja de las cordilleras.
+12. Se deja, pues, conocer cuán liberal ha sido la naturaleza con estos dominios del Rey, y que a nada que se fomentase la industria en ellos, competirían con los mejores del resto de la América. Una mano sabia que, conociendo todos los recursos de que es capaz esta colonia, se aplicase con tesón a promover los ramos de agricultura, comercio y minas, tendría la satisfacción de ver floreciente el Reino en pocos años, y en estado de pagar con usuras los cuidados que debe al Soberano por su conservación.
+13. La desgracia es que hasta ahora casi generalmente se hallan abandonados estos tres ramos de riqueza nacional. No quiero averiguar si la falta de la población o la falta de energía en el gobierno, o más bien las trabas generales de la nación en punto de comercio e industria, sean la causa de un letargo como el que se ha experimentado en esta preciosa porción de la Monarquía. Lo cierto es que a un paso igualmente torpe han caminado hasta hoy desde la agricultura, que es la primera de las artes, hasta la de mayor complicación, sin que ningún patriota haya promovido la aplicación de sus compaisanos.
+14. El amor que tengo al país por haber nacido en él, el tal cual manejo de los asuntos más sustanciales que he adquirido en la primera oficina del Reino, los viajes que he hecho atravesándolo casi de parte a parte, y las observaciones que estos me han sugerido, me ponen en estado de hablar con mayor conocimiento que otros muchos de los inconvenientes que hay que vencer, los ramos que cultivar y las providencias que se deben dar para conseguir la prosperidad de esta colonia. A este fin me propongo tratar separadamente de la agricultura, el comercio y las minas, enlazando los intereses del Reino con los de la Madre Patria, que es como debe calcular todo buen ciudadano.
+15. El respeto que tengo a personas de alto carácter, y amantes del bien público, es lo que me hace publicar estos sueños contra mi genial cortedad. Si no acierto a desempeñar mi objeto, será desgracia de que los más bien intencionados no están libres.
+Non cuivis homini contingit adire Corinthum.
+16. La agricultura supone instrumentos para su perfección. Los primeros hombres que no los tenían se vieron obligados a mantenerse de la caza y de la pesca, profesiones que no necesitan de mayor trabajo y que suponen poquísima instrucción. Pero la agricultura, que es la ocupación de los hombres en sociedad, y sedentarios, necesita de instrumentos más duros que los que se pueden fabricar de madera.
+17. Así, aquellas naciones que desconocían el uso del hierro, o no tenían agricultura, o si la tenían era con la mayor imperfección del mundo. Entre las naciones del Nuevo Continente sólo sabemos que los peruanos usasen de los instrumentos de cobre para sus faenas rurales, y este pueblo fue el más pacífico, el más humano, el más sedentario de todos los de América. El uso que habían hecho del cobre y la facilidad que les proporcionaban para el cultivo de sus campos los instrumentos fabricados con aquel metal, les hacían apego a una tierra que los alimentaba sin tanto trabajo como el que debían tener los demás salvajes que quisiesen cultivarla con instrumentos de madera.
+18. Nosotros en el día estamos por la mayor parte casi en la misma situación. El hierro que gastamos viene de fuera del Reino: las distancias de la costa a lo interior son tan grandes, los transportes tan caros y los derechos tan excesivos que en parte se ven obligadas las gentes a pasar sin él, substituyendo un trabajo inmenso corporal a la facilidad que les proporcionaban algunos instrumentos fabricados con este metal.
+19. A excepción de los lugares inmediatos de Santafé y algunas de las provincias de Tunja, en los que llamamos tierra fría, en todo lo demás del Reino no se conoce el uso del arado. Aun en aquellos parajes en donde se valen de él para sus siembras, muchas veces se ven obligados a fabricarlo de madera, como sucede en Tequia, en algunas partes de Antioquia y otros lugares, por no tener medios con qué comprar el hierro. La escasez de este hace también que los artífices trabajen imperfectamente sus obras, viniendo a ser la falta del hierro casi la causa original de la poca agricultura e industria que tenemos, pues cualquiera concibe fácilmente lo poco que se profundizará y compondrá la tierra con arados de madera.
+20. A esta imperfección de instrumentos de labor se sigue la del modo de sembrar, pues estas gentes jamás recogen las semillas, jamás las cruzan alternando las de diversos temperamentos, jamás toman aquellas precauciones que en Europa para que no degeneren los granos ni demás semillas. De estas las que trajeron los primeros conquistadores por órdenes de la Corte, que velaba en aquel tiempo por el bienestar de estas colonias, han prevalecido maravillosamente en los temperamentos análogos a su constitución respectiva. Pero desde aquel tiempo no se han traído otras que las de algunas hortalizas de que por la mayor parte estamos bien provistos. En punto de frutas, tenemos muy poco; sin embargo de que como llevo dicho arriba, se podrían cultivar en los diversos temperamentos del Reino las plantas europeas.
+21. No hay país en donde la labranza no tenga alguna aceptación, que no procuren sus habitantes abonar el terreno destinado para granos, con estiércoles, cenizas, cal y otras varias cosas que la experiencia les ha ido enseñando ser a propósito para mejorar la calidad del suelo y proporcionarles mejores jugos. Esta práctica tan común se descuida casi del todo en el Reino, y sólo se pone tal cual cuidado en no perder el estiércol de ovejas en aquellas heredades en donde las hay.
+22. El maíz, este precioso don de la América que suple tan maravillosamente por el trigo entre el pueblo bajo y que es propio del suelo americano, se halla muy poco adelantado en nuestras manos. Admira ver que en Europa, donde este grano es adventicio, se hayan adelantado tanto en cultivarle, que hace hoy allí uno de los mejores alimentos. Nosotros adoptamos el método que hallamos establecido entre los indios bárbaros cuando la Conquista, y siendo este fruto tan fácil de convertir en diversas composiciones regaladas, apenas hacemos otras que el bollo, las arepas o tortillas, sin aderezo ni curiosidad.
+23. El primero de estos alimentos hace las delicias de la gente de Cartagena y riberas del río Grande de la Magdalena, pero cualquiera que no tenga el paladar gastado sería de mi misma opinión, esto es, que el bollo es uno de los alimentos más groseros que se conocen. Las arepas tienen su mérito, por cuanto son bien cocidas y de más fácil digestión.
+24. Bien podría sacarse del maíz todo el partido que se saca del trigo, fabricándolo como lo hacen en varias partes de Europa. Entonces sería menos necesario el trigo en Cartagena y costa marítima a las tropas del Rey, lo que ahorraría mucho dinero que se extrae a países extranjeros por razón de las harinas.
+25. Tanto más debían fomentarse las siembras del maíz, cuanto es notorio que en todas las tierras cálidas se coge en estado de servir para el sustento, a los 40 días de sembrado. Fecundidad que asombra y proviene sin duda de la mucha tierra vegetal de que abundan aquellos terrenos, y del calor que acelera la vegetación tan maravillosamente.
+26. Contémplese lo mucho que se debía esperar si este vigor de la naturaleza fuese ayudado de la industria humana. Pero por desgracia el labrador no pone de su parte otra cosa que el trabajo de desmontar un pedazo de terreno que se halla cubierto de monte desde el principio del mundo. El fuego consume después aquella leña y, sin más diligencia, es sembrado el campo inmediatamente sin volverle a visitar hasta el tiempo de coger el fruto.
+27. En la mayor parte del Reino se hacen dos cosechas de maíz al año, pero siempre del mismo modo y con la misma poca actividad. Lo que se ha dicho del trigo y del maíz debe entenderse de los demás indígenas o adventicios de estos países. Las plataneras sembradas una vez cerca de un río o arroyo no tienen más que hacer y aseguran el fruto para muchos años. Esta planta es propia de los países cálidos y templados, en donde junto con la carne y el maíz constituye el único alimento de sus habitadores.
+28. Es verdad que en los países de temperamento medio se cultivan otros frutos, y también lo es que sus habitadores son mucho más aplicados a la agricultura. De estos debe esperarse todo lo que se quiera siempre que los párrocos y las personas acomodadas de los lugares quieran instruirles con su ejemplo o con sus insinuaciones en el modo de emplear su trabajo más útilmente. Esto, ya se ve, supone buenos conocimientos entre las gentes de que hablamos, los cuales en el día son ningunos. Adelante se apuntará el modo con que se puede excitar la curiosidad de los hacendados y párrocos en obsequio de la agricultura y otros ramos de economía.
+29. En mis Reflexiones de los principales frutos del Reino tengo hablado de las cañas de azúcar, el cacao, el añil, etcétera, y el modo de sembrarlos en estos países. He notado allí más al pormenor los vicios de que abunda cada cultura en particular y el método que observan otras naciones para sacar el gran partido que dan de estos preciosos frutos. Aquí sólo me limito a asegurar que a excepción del cacao, el cual se cultiva muy bien en Cúcuta y Guayaquil, en donde es muy abundante, todos los demás permanecen en un estado lastimoso, pudiendo, si se cultivasen bien, alimentar muchas personas, animando la agricultura, el comercio y la población del Reino.
+30. La experiencia de todos los siglos ha enseñado que los habitadores de los países estériles son gradualmente más industriosos que los de los países ricos y abundantes. Así la naturaleza equilibra todas las cosas de un modo incomprensible. La facilidad con que se mantienen las gentes de las tierras cálidas del Virreinato las hace del todo indolentes y perezosas. El maíz, el plátano, la carne o el pescado lo encuentran alrededor de sus habitaciones sin trabajo alguno. Tampoco tienen que buscar vestuario porque de ordinario hombres y mujeres viven desnudos sin rubor. Así se entregan a una ociosidad sin límites. Este espectáculo es más común en todo lo que baña el río de la Magdalena y costas del mar. Entre estas gentes no hay, pues, principio alguno moral, ni físico, que les haga impresión sobre el miserable estado en que viven. Bajo de esta idea cualquiera conoce el poco escrúpulo que hará en estas gentes el mantenerse de lo ajeno, la ninguna fe que observan en sus pactos y la poca utilidad que sacan la colonia y la Metrópoli de estos vasallos.
+31. En un Discurso sobre el estado actual del río de la Magdalena, que escribí en mi último viaje, se hallan bien notadas las costumbres de los que habitan sus orillas, y de paso se nota el modo de mejorar aquel suelo tan delicioso como fecundo en todo género de frutos de la zona tórrida.
+32. Volviendo al asunto de agricultura, se manifiesta claramente que si los frutos propios de estos territorios se hallan tan prodigiosamente abandonados, cuánto más lo estarán los que necesitan alguna cultura regular y son propios de otras regiones. En prueba de esta verdad se pueden traer los olivos de la Villa de Leyva, en jurisdicción de Tunja. Estos árboles, plantados allí poco tiempo después de las conquistas, producen aceitunas de muy buen gusto aunque pequeñas. Semejante producción merecía mayor cuidado del que hoy tiene, pues me hallo informado que los olivos no son podados ni se han sembrado otros de nuevo, ni aquellas gentes cuidan de aderezar las aceitunas o extraer aceite de ellas. La pequeñez del fruto es probable que provenga más bien del poco esmero en cultivarle que de la calidad del terreno, que al parecer es muy a propósito.
+33. La extracción del aceite en la Villa de Leyva perjudicaría algo al comercio de la Península —aunque sería muy corto este perjuicio por lo que se consume del que viene de allá a causa de su mucho precio—, pero es cierto que en nada perjudicaría el adobo y la composición de las aceitunas, las cuales no se pueden conseguir buenas de España sino raras veces y serían excelentes aderezándolas aquí.
+34. Siendo España la nación del mundo que tiene más excelentes vinos, sería contra política permitir en sus colonias el cultivo de las viñas. Además de esto, sabemos que los vinos de América, aun entrando el de las Californias, son de una calidad muy mediana para apetecer con empeño. Pero el lino, el cáñamo y la seda se podrían cultivar aquí con grandísima ventaja de la nación, vendiéndole en rama estas materias para las fábricas de la Península. En Nueva España se han aplicado con suceso a estos tres ramos, y pienso que los adelantarán sucesivamente. En el Ministerio del Marqués de Sonora se mandó por orden general a toda la América —renovándola después por las leyes de estos reinos— que se cultivasen con especialidad el lino y el cáñamo y se remitiesen en crudo a las fábricas de España, pero estas órdenes tan saludables han sido descuidadas en este Reino, en donde el primero de estos artículos se cultiva para extraerle el aceite que los pintores suelen aplicar para una u otra obra, desconociéndose hasta la planta del cáñamo.
+35. El algodón, el añil, la cochinilla, el achiote, etcétera, son plantas de todo el Reino. En los partidos de las villas del Socorro y San Gil se cultiva el algodón con algún cuidado y se emplea todo en tejidos bastos para el vestuario de las pobres gentes. En la provincia de los Llanos también se cultiva con alguna facilidad y se emplea en los mismos usos. Pero de donde únicamente se exporta a Europa es del partido de Barranquilla y Soledad en el Distrito de la Gobernación de Cartagena. Desde el año de 1798 se exporta el de San Gil y Socorro, conocido en España con el nombre de algodón de Girón.
+36. Todos estos ramos que pertenecen a la agricultura del Reino deberán atenderse con particularidad si se quiere sacar algún partido útil de esta colonia. Dejándolos en el pie que hoy tienen, jamás producirán ventajas considerables, y será preciso comprarlos al extranjero, cuya población y fuerzas crecerían con conocido perjuicio del Estado. Los demás ramos del campo, o no se conocen aquí, o sólo se cultivan débilmente en una u otra provincia. Todo se halla atrasado y el estado actual del Reino dista poco del que hallaron los conquistadores en sus primeras invasiones. Una inmensa extensión de territorio desierta, sin cultivo y cubierta de bosques asperísimos, cuyos árboles, según la expresión de Ulloa, existen desde el Diluvio, presenta en las mismas costas la imagen del descuido, de la ignorancia y de la ociosidad más reprensible.
+37. Es verdad que por una rareza sin ejemplo se hallan las costas de este Reino casi despobladas, según su extensión, y lo interior algo más poblado. Sobre todo la población es muy sensible en las tierras de temperamentos medios. Las muchas enfermedades que regularmente reinan en las más bajas y ardientes es la causa, en mi concepto, de su poca población; siéndolo en las tierras frías las haciendas demasiado grandes que, al paso que aumentan la cría de ganados, disminuyen la población de gentes.
+38. El primer medio que se presenta para el adelantamiento de la agricultura, y el único que debe emplearse, desde luego, es el establecimiento de una Sociedad Económica de Amigos del País, a imitación de las muchas que hay en España y que trabajan incesantemente en su adelantamiento. La capital debía ser la primera que adaptase esta idea, lo que sería muy fácil de conseguir como los señores virreyes quisiesen entrar en una plaza y en calidad de protectores haciendo las veces del Soberano. Las ciudades de Popayán, Quito, Cartagena, Panamá y Caracas seguirían seguramente un ejemplar tan útil. Las conexiones entre estos cuerpos facilitarían recíprocamente los conocimientos necesarios sobre cultivo y propagación de varios frutos, y entablarían el cambio de semillas, tan interesante al ramo de agricultura y jardinaje.
+39. Se excitaría igualmente el espíritu de todos los párrocos y las gentes acomodadas de los lugares con el atractivo de una plaza de socio correspondiente o supernumerario que se propondría como premio a aquellos que supiesen dirigir sus talentos o sus caudales a beneficio general.
+40. La fermentación que se seguiría inmediatamente a la plantificación de la Sociedad Económica despertaría entre estas gentes el amor a su país, y es regular que con este motivo se comenzase a ilustrar el Reino en asuntos de economía que apenas se conocen.
+41. El cuerpo patriótico de que hablo se debía fundar bajo las mismas reglas que los de Madrid y Vizcaya, que lo fueron también a imitación de los de Berna y Dublín, considerando como punto único el fomento del Reino.
+42. Entre nosotros no deja de haber personas capaces de dirigir un establecimiento semejante. Muchos han caminado varias provincias del Reino, conocido sus frutos y las relaciones de comercio que pueden tener recíprocamente. De los conocimientos de todos, pues, y también de las relaciones que se pedirían, o dirigirían por instituto los socios correspondientes, se podrían formar memorias verídicas que sirviesen para asegurar el acierto en los objetos de economía que son privativos del Reino y deben promoverse. De los fondos de la Sociedad se sacaría lo necesario para comprar en Europa modelos de aquellas máquinas que son indispensables para la perfección y el adelantamiento de la agricultura y de aquella industria propia del país. Igualmente se podrían pensionar del mismo fondo sujetos de ingenio e invención, que hiciesen viaje a las colonias inglesas y francesas y observasen en ellas lo mejor y más a propósito al adelantamiento del Reino, para plantificarlo a su vuelta en aquella parte que se conceptuase más aparente.
+43. Las Provincias Unidas del Norte de América deben ser visitadas para aprender en ellas el modo de conducir las harinas, sin peligro de corrupción que tanto atrasa las nuestras. Sería también uno de los asuntos propios de la Sociedad indagar todo lo concerniente a harinas y beneficio de granos, proponiendo los premios correspondientes. En todo caso, el ramo de harinas debe perfeccionarse para facilitar su despacho en las costas y promover la agricultura de los países fríos, pues este es el único objeto de riqueza que tienen. Tal vez sería de mucha utilidad conducir los trigos en grano a Cartagena, formar allí tahonas o molinos y dejar la conducción de harinas. Se sabe, por ejemplo, que una carga de trigo produce una de harina, y que el grano permanece algo más sin corromperse. Este fue el método que practicaron los franceses anteriormente para el surtimiento de sus colonias, que después renunciaron por haber advertido que en barriles de madera se conservaba mucho mejor. Entretanto debemos considerar que las partes espirituosas de la harina se exhalan con mucha facilidad en las tierras calientes.
+44. No sólo serían los trigos el objeto de la Sociedad Económica: seríanlo también el cultivo de la grana, del añil, del algodón, café, cacao, azúcares y multitud de otros artículos que, perfeccionados, con el tiempo darían ocupación a gran número de familias. Entre otros se podrían promover, por ejemplo: el ramo de cera silvestre, de que sólo es poseedor este Reino. En las montañas de Andaquíes, al poniente de Santafé, se hallan las abejas que trabajan esta cera naturalmente tan blanca como la mejor que se beneficia en los países septentrionales de Europa. Con cuánto gusto no debía emprenderse la extracción de estos insectos, promoviendo el cultivo de tan precioso género en los parajes más análogos a su composición por sus temperamentos y hierbas. Un poco más al sur de la misma cordillera de Andaquíes se halla el país de los canelos, celebrado desde las primeras conquistas. No hay duda que allí se encuentran árboles del mismo género que los de Sri Lanka. Algunos que se han sacado y plantado en temperamentos análogos demuestran esta verdad, como también dan esperanzas de que beneficiados del modo que los practican los holandeses en África, darán la misma especie de canela que nos venden estos republicanos, o a lo menos una canela capaz de servir a los mismos usos, aunque no tan excelente.
+45. Ofrece el Reino tantos objetos de economía dignos de las investigaciones de la Sociedad Patriótica, que sería por demás referirlos aquí. En las instituciones particulares de ella deben apuntarse los conocidos, dejando al tiempo y a las indagaciones ulteriores de los socios el descubrimiento de otros muchos que encierran las montañas y los bosques en su seno y que por falta de población no se han descubierto hasta ahora.
+46. Según las observaciones de los físicos y naturalistas, regularmente se hallan unas mismas plantas a distancias iguales de la línea, guardada por otra parte la uniformidad del temperamento. Así, se han encontrado en el Canadá, bajo de un mismo paralelo, el ginseng de la Tartaria, la canela de Sri Lanka, la nuez moscada, etcétera. En este Virreinato probablemente se hallarían en su vasta extensión las mismas drogas, los mismos tintes y las producciones de las Indias Orientales si se pusiese aquí la aplicación correspondiente.
+47. En un país virgen como este, qué campo tan vasto para las indagaciones y experiencias de un cuerpo compuesto de hombres inteligentes y celosos del Reino. La protección que debe gozar del Gobierno le pondría en estado de conseguir las noticias más puras sobre los asuntos de su instituto, y de ejecutar sus planes sin oposición. El Gobierno mismo se debe interesar en sus adelantamientos por la gloria de ver prosperar el Reino, teniendo un cuerpo instituido que le facilitase las noticias conducentes a varios puntos de economía privativos suyos, cuyo peso podría descargar en la Sociedad Económica.
+48. Pero por más afianzada que contemplemos la agricultura con el establecimiento de la Sociedad Patriótica de Amigos del País, si el comercio no favorece la extracción de frutos, no hay que esperar adelantamiento. Un país compuesto de labradores y destituido de tráfico será el más pobre de cuantos se conocen, y necesitaría de un terreno inmenso para mantener una población lánguida y débil. La Inglaterra, que acaso es el país de mejor agricultura en Europa, ha mantenido y mantiene su labranza en tan buen estado desde que se concedieron premios a los comerciantes de granos que los extrajesen fuera de aquella isla, y esta providencia, que al parecer debía escasearlos y encarecerlos, produjo un efecto totalmente contrario, habiéndose aplicado los labradores con más ahínco por la seguridad que tenían del despacho de sus frutos. La Inglaterra, pues, en lugar de surtirse como anteriormente de granos de los países septentrionales, abastece hoy de ellos a gran parte de la Europa.
+49. Es, pues, preciso que el comercio facilite la salida de los frutos del país. Veamos ahora cuál es el que más conviene a este Reino, y los diversos ramos a que puede extenderse con recíproca utilidad de estos dominios, y los de la Península.
+50. No podríamos lisonjearnos jamás de hacer un tráfico tan extenso como lo prometen las circunstancias de este Reino, mientras los caminos de tierra y agua subsistan en el pie que hoy tienen. Hablando un célebre economista, dice: «No en todas partes se hallan ríos navegables por donde se puedan conducir las mercaderías y frutos, y esta falta es preciso suplirla con buenos caminos por tierra, cuya utilidad y necesidad se hacen patentes, viéndose que sus caballerías tiran en un carro más, pero que llevan doce al lomo, y en un camino bueno e igual bastan cuatro caballerías, cuando en el que va por tierra quebrada se necesitan seis, y así vemos», añade, «que se puede reducir a la tercera parte el costo de transportar de nuestros frutos por tierra».
+51. Por una desgracia inconcebible, vemos en todo el Reino abandonados los caminos, los ríos sin puentes, aun aquellos que más los necesitan, y subsistir los malos pasos en todas las estaciones del año, sin que se exceptúen las entradas y salidas de la misma capital. El camino que la necesidad abrió antiguamente subsiste y subsistirá por muchos siglos, sin que se haya pensado en corregir sus defectos enderezándole, o mudándole a otra parte más cómoda. Lo mismo que se advierte en los caminos de tierra, se observa también en los cortos ríos navegables que tenemos. Todo se halla descuidado lastimosamente, y este asunto pide la más seria atención del Gobierno.
+52. Es verdad que de cuando en cuando se han hecho algunos esfuerzos para componer los caminos. El Excelentísimo señor don José de Solís, Virrey que fue de este Reino, promovió cuanto estuvo de su parte la abertura del camino de Carare, la carrera de Vélez al río de la Magdalena, con la mira de dar salida pronta a las harinas del Reino. La Compañía de emprendedores que se formó en aquella época hubiera conseguido las grandes utilidades que se había propuesto si el Virrey sucesor no hubiera variado de ideas y abierto el puerto de Cartagena a las harinas inglesas, que en un momento arruinaron la Compañía y dieron un golpe mortal a nuestra agricultura.
+53. Ciertamente la torpeza y falta de facilidad en los caminos impide absolutamente todo fomento interior, pero si a lo impracticable de ellos se agregan yerros semejantes, el mal entonces es sin remedio. Suponiendo que las cosas vayan mejor en adelante, me parece que lo primero en que se debe pensar es en limpiar el citado camino de Carare. Las ventajas que resultaran de este proyecto son conocidas. Primero: las harinas se conducirían hasta las bodegas de Carare, que se hallan 6 días más abajo de Honda, en 4 días, saliendo desde la Villa de Leyva y demás lugares inmediatos, en donde se cultivan los mejores trigos. Segundo: con esta diferencia de caminos se gastaría menos en los fletes, pues partiendo de un mismo punto común, esto es, de la citada Villa y lugares inmediatos del corregimiento de Tunja, se gastarían 4 días a otro también común por el camino de Carare, y 13 a 14 por el camino de Honda. Tercero: siendo el camino de Honda de los más malos del Reino y siendo mayor la distancia, las harinas se exponen por él a un deterioro casi evidente, mientras que por el de Carare, como es corta la travesía de tierra, no están tan expuestas a los mismos inconvenientes. Cuarto: ahorrándose más de la mitad del camino por la vía de Carare, llegarían las harinas a Cartagena más frescas, durarían allí más largo tiempo sin corromperse, y su precio sería, cuando no la mitad, una tercera parte menos que lo que es hoy. Quinto: siendo las harinas de la Villa de Leyva, Tasco y demás dependientes del corregimiento de Tunja, más baratas y mejores que las del terreno de Santafé y sus alrededores, se verían en Cartagena surtidos de mejor género y a precios más cómodos. Sexto: las caballerías de transporte son mucho más abundantes y de mejor constitución en Vélez que en ninguna otra parte, pues esta es la hacienda favorita de aquellas gentes, de que resulta que los fletes han de ser más baratos, lo que influye derechamente sobre el precio de la misma harina.
+54. Tan cierto es que las harinas de la provincia de Tunja son más baratas que las de Santafé, que teniendo que hacer aquellos mayor camino que estos para llegar a Honda —la diferencia es de 4 o 5 días—, se venden allí con más reputación, a lo que también contribuye su buena calidad. No confesarán esto muchos comerciantes de Santafé interesados en el comercio de harinas por la villa de Honda, pero los que sólo atienden al bien público no podrán negar la verdad de lo que llevo dicho, y aun creo que generalmente se hallan todos convencidos de la necesidad de un camino como el que propongo: que facilite las harinas a precios cómodos en toda la costa.
+55. Séptimo: la limpieza del camino de Carare traería con su frecuencia multitud de gentes vivanderas, con lo que se poblarían aquellas montañas que hoy yacen desiertas de gentes industriosas, que poco a poco formarían plantificaciones de cacao, azúcares, café y otros frutos de aquellos temperamentos. A esto contribuirían infinito algunas gracias concedidas oportunamente por el Gobierno a los que quisiesen establecerse en aquellos bosques. Tales serían, por ejemplo, la excepción de derechos de todos sus frutos por un término señalado; uno u otro adelantamiento en instrumentos de labor, y la concesión gratuita de aquella extensión de tierras que pudiesen cultivar. Costarían muy poco al Gobierno estas franquicias, y la utilidad que resultaría con el tiempo a la Real Hacienda sería grande.
+56. Octavo: la introducción de géneros de España se haría entonces más cómodamente, porque con el nuevo camino se evitarían los peligros del río de la Magdalena, que justamente son más terribles desde la embocadura del río de Carare hacia la villa de Honda. El camino de Carare, si se limpia como estaba el año de 1760, es tan fácil y transitable, de temperamento tan bueno y abundante de comestibles y posadas, que no deja duda llegarían a la capital los géneros de España mejores y más baratos que por la carrera de Honda, y los traficantes con menos incomodidad y sin tanto peligro de perder la salud.
+57. Nono: teniendo la provincia de Vélez exquisitos frutos de su industria, como son sus excelentes dulces de guayaba, estimados de cuantos los han gustado, y azúcares bastante finos, serían un nuevo objeto de consumo para Mompox, Cartagena, etcétera, y por consiguiente de grandísima utilidad al Gobierno interior.
+58. Décimo: por la vía de San Bartolomé se abriría un nuevo trato de lienzos del país con la provincia de Antioquia, que los necesita para el vestuario de los esclavos ocupados en el beneficio de sus ricas minas de oro. Estos lienzos y las mantas del país valdrían en San Bartolomé la mitad menos de lo que hoy valen en Honda, y se internarían en Antioquia sin los riesgos de la peligrosa navegación del río Nare, en cuyas juntas han perecido innumerables personas, con muchos efectos comerciables. Este cálculo es evidente a todo el que sabe la mucha distancia que hay desde la villa del Socorro y San Gil, lugares en que se fabrican aquellos lienzos, a la de Honda, no mediando a Vélez sino el corto tiempo de 4 días, en las estaciones más crudas.
+59. No se puede decir contra esto, que yo supongo extraídas las harinas de la Villa de Leyva, sin hacerme cargo de la que se cultiva en los llanos de Santafé. Digo que esto no es del caso, porque a excepción de los trigos de Tunja y tal cual de Guatavita, u otra parte inmediata cuyas cosechas jamás son muy grandes, todos los demás de la explanada de Santafé no aguantan por su mala calidad el costo y viaje a las costas. El de Tunjuelo se consume casi todo en la misma capital, siendo preciso para remitir a Cartagena echar mano de las harinas de Leyva, Tasco y demás dependientes del corregimiento de Tunja.
+60. En una palabra, si no tratamos de hacer comunicable cuanto se pueda el interior del Reino con las costas, mejor es no pensar en fomentarle, pues lo único que lo puede hacer feliz es la exportación de sus frutos para Europa, bastándole para su consumo interior poquísimos objetos por su poca población.
+61. El único modo de unir las tierras de adentro con las costas es facilitar las comunicaciones al río de la Magdalena, venciendo todos los embarazos que se pueden presentar, entre los cuales se debe contar como el mayor las sugestiones de los comerciantes de Honda, a quienes no se debe dar oídos en el asunto, como partes interesadas en que permanezca el camino por donde está.
+62. Está claro pues —sin que en lo dicho haya la más ligera exageración— que el camino de Carare, uniendo más estrechamente lo interior del Reino con las provincias de la costa, facilita la exportación de sus frutos más preciosos y la importación de los de España, al mismo tiempo que la recíproca comunicación de unas a otras provincias interiores.
+62[1]. No se ha querido hablar aquí del cobre que se saca en las mismas cercanías de Vélez en un lugar que llaman Moniquirá. Las minas de este metal son tan abundantes que bastarían a llenar todo el mundo si se facilitase su extracción para España. Su calidad es excelente, y su aprecio, ayudada su explotación con algunas máquinas, sería muy barato por lo bajo de los jornales o maniobra en aquella parte. De suerte que abierta una vez la comunicación por Carare, se podría conducir a España con menos costos que el de Chile y Perú, y beneficiarse allá con increíble provecho de nuestro comercio.
+63. Las provincias de Popayán y Chocó se hallan más separadas de la capital por la mala disposición de los caminos que por sus distancias verdaderas. Dos caminos hay que conducen a la primera: el de Guanacas, que sigue por Neiva y La Plata, y el de Quindío, por Ibagué y Cartago. Este último sigue también para el Chocó. Para el comercio de Popayán debe preferirse el de Guanacas, por ser más derecho, pero debe componerse casi del todo, principalmente desde la ciudad de La Plata en adelante, donde son muchos los malos pasos que hay, con peligro evidente de la vida y hacienda de los que le trafican.
+64. El comercio interior exige semejante composición por el gran consumo que se hace en aquella provincia de los lienzos bastos del país, de las mantas de lana y otros objetos menores que se usan allí generalmente. Las ropas de Castilla son de un uso general en toda aquella Gobernación y muchos los caudales que se extraen de ella en oro físico por las ricas minas de este metal que se cultivan en Barbacoas y Chocó, de cuenta de los vecinos de Popayán. Los vinos, aceites y demás frutos de Europa son igualmente en este apetecidos, y serían grandes las importaciones de estos y otros muchos artículos si los caminos no dificultasen su transporte, haciéndolos excesivamente caros, con cuyo motivo solamente los ricos pueden consumirlos.
+65. Popayán contribuye igualmente al aumento del Erario en el ramo de las sales, cargando todos los años gruesas partidas de las salinas de Zipaquirá y dejando de cargar muchas más por lo crecido del flete originado de la mala disposición de los caminos. De suerte que con la limpieza de estos, me atrevería a asegurar que produciría sola la provincia de Popayán más de otro tanto de lo que hoy produce a la Real Hacienda y al comercio interior y exterior.
+66. La montaña de Quindío, que hace parte de la Cordillera Occidental del Reino, es inaccesible por un camino antiguo y muy malo que comienza en la ciudad de Ibagué y acaba en la de Cartago hacia el poniente. El comercio que se hace a esta ciudad y al Chocó por el puerto de Honda y demás lugares del este de Santafé y las dependencias necesarias de la capital, hacen indispensable el tránsito de esta montaña. Este se hace hoy en 10 días, poco más o menos. No ha mucho que se comenzó a traficar en caballerías, habiéndose usado por mucho tiempo el lomo de los hombres, por su excesiva maleza. Aún no se halla en estado de poderse andar sin los más graves peligros, subsistiendo pasos totalmente expuestos al mayor riesgo. Así que es preciso echar a pie en gran parte de él.
+67. Desde Anserma, que está cerca de Cartago, se comienza otro camino no menos malo que el de Quindío. Este acaba en la misma provincia del Chocó, y sólo se anda a espaldas de hombres que suplen allí por caballerías a causa de lo impracticable de él. Concíbanse ahora los crecidos costos que deben tener los artículos comerciables que van al Chocó por esta vía, los cuales son indispensables para la manutención de los mineros y avío de las minas, pues a excepción del plátano y maíz, todo lo demás le entra de fuera. De suerte que el Chocó debe a Cartago, a Popayán y a Ibagué el puerco, la vaca, los lienzos del Reino, todos los géneros de España y los principales instrumentos para el cultivo de sus minas.
+68. Yendo todos estos artículos, como van, sobrecargados de excesivos costos, se ven precisados aquellos mineros a recibirlos a precios subidísimos, con lo que siempre se hallan pobres y sin nervio para emprender con vigor el beneficio de las mejores minas de oro que se conocen. Facilitados los caminos de Quindío y Anserma por el oriente y el de Ita por el sur, se vería el Chocó abundantemente abastecido de todo lo necesario para la subsistencia de sus mineros y naturales. Esta provincia merece particular atención por sus riquezas y por lo que contribuye al comercio general del Reino y de la Metrópoli, pues es cosa lastimosa ver en el día los indios y habitantes del Chocó en la mayor miseria, siendo dueños de las más ricas minas del Reino. Un sujeto inteligente despachado allí de orden del Gobierno con las facultades necesarias para imponerse por menor de las causas que ocasionan su atraso y los medios de elevarla al grado de riqueza que exigen sus circunstancias locales, daría luz bastante para aclarar este punto de gobierno que, como digo, es de la mayor entidad. Entonces se saldría de la duda que tanto tiempo ha reinado acerca de si convendría o no abrir la comunicación directa con los puertos de la costa de Cartagena por el río Atrato, o cerrar totalmente esta navegación. Yo soy de sentir que las utilidades de esta comunicación son más grandes que los males que se temen, los que son en mi concepto quiméricos por la mayor parte.
+69. Por ahora sólo me limito a insinuar lo mucho que convendría al Chocó la abertura del camino de Ita. Un hombre instruido y amante del Reino, que caminó años pasados por él, asegura como una cosa positiva que el Chocó por este medio sería abastecido por los comerciantes de la villa de Ibarra y lugares inmediatos de cuanto necesitase, a precios muy cómodos, con grave utilidad de ambas provincias. Con lo cual podrían atender aquellos mineros a sus labores sin tanto gasto, y se verían en estado de desempeñarse, ahorrando algo para nuevos adelantamientos en el ramo de minas.
+70. El camino de Ita serviría también —vencido el Arrastradero de San Pablo— para la comunicación de Quito con el mar del Norte, y entonces aquella provincia se surtiría de los frutos de España por esta vía, mucho menos dispendiosa que la del Cabo de Hornos, por donde hacen hoy aquellas costas el comercio de la Metrópoli.
+71. Después de los caminos mencionados, merece la primera atención el camino de San Faustino, que comunica las jurisdicciones de Cúcuta y de Pamplona con el saco de Maracaibo por el puerto de San Faustino, desde donde siguen hasta la misma costa embarcaciones de vela. Por esta vía sacan los de Cúcuta todo el cacao que envían a Veracruz en Nueva España, cuyo trato les ofrece las mayores ganancias. También podrían extraer por la misma parte el añil, que han comenzado a cultivar con tan buen suceso. Por noticias muy seguras estoy informado del malísimo estado en que se halla aquel camino y de la absoluta necesidad de abrirle, si no se quiere cortar enteramente el único comercio activo que hace el Reino por aquellos lugares, de donde nos vienen los pesos fuertes que circulan.
+72. Del mismo Cúcuta puede facilitarse otro camino para la Guayana, concediendo a los cosecheros de cacao, como han pretendido últimamente, la extracción de este fruto por el río Uribante y puerto de Teteo, sobre el río de Apure, sobre el cual seguirán hasta el Orinoco y luego a la misma Guayana, en donde tienen mejor despacho por la facilidad de mandarlo a España, y porque los fletes son más bajos por aquella vía.
+73. Del valle de Sogamoso se podrían extraer para las mismas costas de Guayana y Caracas gran número de frutos por el puerto de San Miguel de Macuco, que está sobre el río Meta, que también descarga en el Orinoco. El tráfico que se podría hacer por esta parte consistiría en harinas, azúcares, anises, fresadas, etcétera. La Compañía Guipuzcoana mantenía años pasados un factor en San Salvador de Casanare para la compra de 8.000 cargas de harina cada año. La mala disposición de los caminos de tierra hizo que nunca pudiese conseguir ni aun la mitad de este cargamento, perdiéndose por este motivo muchos millares de pesos que hubieran animado prodigiosamente la labranza de Sogamoso, Chita, etcétera. La necesidad de harinas subsiste, y es probable que en adelante sea mayor por el incremento que toma La Trinidad cada día, y en igual grado toda aquella costa. Compuestos, pues, los caminos referidos, entrarían anualmente más de 100.000 pesos en aquellos lugares, los que si se quiere podrían venir empleados en géneros y frutos de España. Una reflexión hay que hacer aquí, y es que no hay razón para que todo el Reino esté sujeto a surtirse precisamente de lo que necesite de España por el puerto de Cartagena, sin que le sea permitido introducirlos por los puertos más inmediatos a los lugares del consumo. Esto es sujetar todo el Reino a un monopolio y tiranía de los comerciantes de Cartagena, los cuales se hallan hoy respecto de nosotros como lo estaban antes los de Cádiz respectivamente a toda la América. Resulta también de este monopolio que en lugar de consumirse muchos más géneros de España en el Reino, si entraran por los demás puertos, sólo se consumen los más precisos, porque con la suma distancia y los derechos crece tanto su valor, que no los puede comprar sino uno u otro hombre acomodado. Déjese la libertad a los vasallos de comerciar y surtirse de lo que necesiten en todos los puertos y por todas las vías, como no sea de manos de extranjeros. Ya es tiempo de que pensemos en quitar las trabas que nos han impedido nuestra prosperidad. Pero volvamos al asunto de caminos.
+74. Hasta ahora sólo he hablado de los caminos principales que exigen más pronta reparación. Trataremos, pues, algo de los de travesía de unos lugares a otros o al río de la Magdalena, que debemos suponer como una canal maestra por donde ha de correr casi todo nuestro tráfico. Entre la provincia de Girón y el río de la Magdalena median dos caminos que sirven igualmente para la conducción de los frutos de aquel país hasta Mompox y Cartagena, e introducción de los de España. El mejor y más pronto es el de Sogamoso, que se hace parte por tierra y parte por el río de este nombre. Es tan breve, que desde Girón puede cualquiera llevar sus fardos a Mompox en 7 u 8 días, con un ahorro considerable. En toda esta travesía sólo hay un paso malo, que sería muy fácil remediar. Consiste este en una angostura muy grande que forma la unión de dos cerros de peña viva, en donde la corriente del río lleva tanta fuerza que hace sumamente peligrosa su navegación, principalmente cuando lleva alguna agua. Este paso llaman algunas gentes Los Volcanes, y sólo tendrá de largo como un tiro de cañón. La dificultad no consiste en la inmediación de las dos peñas, ni tampoco en la fuerza del agua. Yo examiné con mucho cuidado uno y otro en dos veces que pasé aquel salto, y cada día estoy más persuadido a que todo el peligro de Los Volcanes consiste únicamente en algunas piedras grandes que se han separado del resto del cerro y metídose dentro del río, ocasionando un saltadero de agua y oleaje tan grande que, al menor descuido, se tumban los barquillos pequeños y sin quilla que se emplean en aquella navegación.
+75. La calidad de la roca, de que son parte estas grandes piedras, es de muy fácil combustión, como se ha experimentado en una u otra, que por este medio tan prolijo han destruido los bogadores de aquel río en las grandes secas. Es de esperar que al menor esfuerzo que se hiciese, barrenándolas con pólvora, se quitasen de una vez para siempre semejantes embarazos, que han ocasionado graves pérdidas a los traficantes de Girón y a muchos también la vida.
+76. Vencida esta dificultad, serían muchos los que así de Girón como de las villas de San Gil y Socorro se emplearían en el giro de Mompox y Cartagena, llevando a estos lugares los lienzos, harinas y azúcares, que son de excelente calidad, y trayendo géneros de España para el consumo interior.
+77. No sé a qué atribuir el descuido que padece el camino que llaman de Honda. Cuando pasé por él en agosto de 1788, se hallaba tan borrado que fue preciso extraviar por bosques desconocidos para salir de Guaduas a la explanada de Santafé, lo que me ocasionó una grave enfermedad. Personas fidedignas me aseguraron entonces que en sólo el espacio de 2 meses habían muerto más de 70 mulas en aquel tránsito, cuyo valor asciende a 1.500 pesos. Lo que más admira es que por aquella vía pasa todo el comercio que hace la capital con las costas de Cartagena y provincias de su inmediación, y que pasando por allí los señores virreyes, arzobispos, oidores y demás jefes del Reino, no se haya tratado seriamente de su composición. Así es que los frutos de España como vinos, aceites y demás caldos, cristales, loza, etcétera, o no se traen a la capital o, si se traen, valen tan caro por los riesgos, que sólo aquellas personas muy ricas los pueden comprar. ¿Cómo es posible que de este modo tengan despacho fácil y abundante las mercaderías europeas? Así va todo el Reino, y yo no sé cómo piensa España adelantar sus manufacturas y comercio, sin facilitar la introducción de sus géneros en sus colonias, ni la exportación de los de estas en los países extranjeros. Cualquiera se hará cargo del profundo abandono de todo el Reino y la separación que hay de unas provincias a otras, a vista del deplorable estado en que se hallan los caminos de más frecuencia. No es mucho, pues, que estemos tan atrasados en todo punto, pero hagamos algunas reflexiones acerca del modo con que se podrían limpiar los caminos.
+78. Para abertura de los caminos de España quería un autor político que se formase una compañía de emprendedores de minas, a quienes se concediesen las mejores de estos reinos, con obligación de dar al Rey 1.000.000 anual de pesos fuertes, que se empleasen precisamente en esta importante obra. Esta idea se podría adoptar muy bien para los caminos de este Reino. Sabemos por relaciones muy verídicas acreditadas con una tradición constante, que han existido minas muy ricas en varios parajes del Virreinato que después han sido inundadas y cuyos dueños no han podido secar. Tales son, por ejemplo, las de Baja, Velas, Montuosa y Mompox, en las inmediaciones de Pamplona, que hoy están totalmente abandonadas.
+79. Encargada de ellas una poderosa compañía de europeos —poco importaba que fuesen nacionales o extranjeros—, traerían aquí mineros de grande habilidad que enseñarían a los regnícolas lo más perfecto en materia de minas, con lo que nosotros pondríamos en estado de beneficiar otras muchas por nuestra cuenta. Extraerían una infinidad de metal que entrando en circulación aumentaría la riqueza del Estado. Se animarían con este motivo los lugares vecinos a las minas y, lo principal, darían al Rey 1.000.000 anual de pesos, o la mitad si se quiere, con que se podrían componer todos los caminos del Reino, dándole por este medio un fomento extraordinario.
+80. No dudo que con semejante proposición se dejará de juntar una compañía con los fondos que se necesitan para semejante obra. Pero suponiendo que este pensamiento hallase dificultades en las miras del Ministerio, ahí están dos nuevos ramos de comercio que son el té de Bogotá y la quina, sobre los cuales se puede fundar una renta formidable para la Real Hacienda, y que en sus principios serviría útilmente al Reino si sus primeros productos de 2 o 3 años se destinasen a obra tan necesaria. Como el producto de estos dos ramos se había de percibir en Europa, podría el Rey mandarlos reintegrar de las cajas de México o el Perú, para obviar inconvenientes.
+81. Otros muchos medios se pueden ofrecer, si tiene lugar la idea que tenemos propuesta. Uno de ellos sería formar una compañía a quien se concediese por juro de heredad el derecho de ciertos peajes con que indemnizarle los crecidos avances que tendrían que hacer para la composición de los caminos del Reino. Este método sería menos costoso que el reponerlo por cuenta de la Real Hacienda. Una compañía de este género elegiría los más inteligentes y activos de sus socios, los que pondrían corrientes los caminos y, como interesados en los ahorros comunes, evitarían gastos inútiles. Lo último que se debe tentar son las corbeas, que se reducen a obligar a los pueblos a abrir los caminos por su cuenta. Semejantes medios traen más daños que provecho, extraídos de sus casas los labradores, abandonan sus sembrados y se atrasan por mucho tiempo. Demás de que por este método el pobre trabaja cuanto puede, mientras que el rico y el comerciante no contribuyen nada, siendo los que más provecho sacan de semejantes operaciones.
+82. A lo más que debían obligarse los vecinos era a contribuir con los víveres, pero esto sería en caso de que se adoptase otro expediente que de justicia piden la razón y el buen orden. Los romanos, aquella nación sabia y guerrera, en los mejores tiempos de su República abrieron comunicaciones indestructibles desde Roma hasta las más remotas provincias de su Imperio, con los brazos de sus soldados. Llevaban varios fines en esto: primero, asegurar su dominación, acudiendo prontamente con las armas adonde lo exigía la necesidad, sin que su marcha encontrase tropiezo en los caminos. Segundo, entretener la milicia en tiempos de paz, por cuyo medio evitaban las sediciones tan frecuentes entre aquellos republicanos. Tercero, conservar en su entereza aquella milicia formidable, sin que se afeminase con su ociosidad y vicios de una ciudad tan populosa. Cuarto, atraer a Roma con la comodidad de sus calzadas gran número de gentes acomodadas de las provincias que le servían de adorno y contribuían a su esplendor y magnificencia.
+83. No veo cosa alguna que se pueda oponer entre nosotros a un procedimiento como este. Los 1.600 hombres de guarnición que se hallan en Santafé, los cuales viven allí y en los demás destacamentos en la más profunda ociosidad, gastando sus costumbres y tomando comunicaciones nocivas con las gentes del país, pasarían mejor y vivirían más sanos si se destinasen a la abertura y composición de caminos. De este modo sacaría la sociedad un partido útil de estos zánganos que la necesidad o la miseria humana más bien obliga a mantener a costa de la industria de los demás ciudadanos. Contribuyendo entonces los vecinos con los mantenimientos necesarios ahorrarían los soldados su prest[2] con que al cabo de cierto tiempo conocerían las ventajas de una ocupación tan provechosa.
+84. Aquellos caminos de travesía que no necesitan mayores gastos, podrían abrirse a costa de los propios y arbitrios de los lugares con ayuda de los vecinos ricos. Por ejemplo: el dique o canal que hace comunicable la bahía de Cartagena con el río Grande de la Magdalena, sólo es navegable en 6 meses del año. Personas bien versadas en la construcción de canales, entre ellos el ingeniero inglés Mirlodr Hodgson, me aseguró que con la mayor facilidad se podría poner corriente en todas estaciones. Las observaciones que yo mismo he hecho después me han confirmado en la misma idea. El Cabildo de Cartagena percibe por razón de este dique un derecho crecido por cada 10 arrobas de fardos que salen o entran en la plaza en tiempo que está corriente, y otro de la mitad que se llama medio dique, cuando sólo es navegable hasta la mitad, cuya percepción se hace indistintamente a todos los traficantes que pasan por él, o se van por el mar, o por el camino de tierra.
+85. La renta que junta la plaza por este arbitrio pasa de 8.000 pesos anuales y, sin embargo de esto, los traficantes sufren por el espacio de 6 meses la incomodidad de embarcar por mar sus mercadurías con grande riesgo, o conducirlas por tierras al río de la Magdalena con inmensos costos, sin que el Cabildo haya dado la menor providencia en el asunto, y lo peor es que percibe semejante peaje sin aprobación real.
+86. La limpieza de este canal debe hacerse a costa del ramo de propios y arbitrios, como todas las demás que redundan en beneficio de los lugares, y por las que perciben algunos derechos. De estas hay innumerables en el Reino que se hallan descuidadas a causa del poco amor de los cabildos a su patria, y a causa también de no tomarles las debidas cuentas de estos ramos públicos. El Gobierno ha mandado alguna vez visitadores a las provincias que han hecho caudal con este motivo, dejando las cosas en peor estado. Mientras no se empleen en estas comisiones hombres ilustrados y amantes del bien público, no hay que esperar reforma alguna. Ya veo que esto es muy dificultoso.
+87. Entre estos debe colocarse primeramente el ramo de harinas. Por órdenes muy severas de la Corte comunicadas a estos virreyes, se practicó con el mayor rigor la introducción de harinas extranjeras. Esta providencia tenía por fin extinguir el contrabando de géneros que bajo este pretexto hacían los ingleses en Cartagena, y animar la agricultura interior respecto de un ramo tan importante y necesario. Los malos caminos y la poca atención que se ha puesto siempre en el modo de remitir las harinas han ocasionado tantas pérdidas y levantado tanto de punto su precio, que se han visto obligados recientemente a permitir las harinas inglesas que costaban la mitad menos y eran de mejor calidad. Esta pérdida tan grande, o por mejor decir, esta ruina de la agricultura interior del Reino, fue consecuencia necesaria de la azarosa empresa del Darién. Las exigencias de esta expedición han cesado en el día, y es justo que se piense ya en cerrar la costa a toda la comunicación extranjera, como previenen las leyes, fomentando nuevamente el Reino con la sacada de sus harinas a todos los puertos[3]. Ya tengo insinuado el arbitrio que me parece mejor para evitar las averías de harinas. Otro podría subrogarse mejor, que es formar una fábrica de barriles de madera en Honda, hasta donde se podrían conducir las harinas como al presente, pisándolas y embarrilándolas allí, para embarcarlas río abajo hasta Cartagena. Los franceses experimentaron en el tiempo de la fundación de sus colonias, como se ha hecho, las mismas averías e inconvenientes que nosotros en el transporte de sus harinas. Últimamente han conocido que sólo en barriles bien secos la podían conducir y conservar, pero adelantando cada día más sus investigaciones económicas, han sabido prepararlas todavía con mayor seguridad. Se creía que no quedaba ya qué hacer, dice un célebre autor, cuando míster Duhamel propuso la precaución de hacer secar las harinas en estufas, antes de embarcarlas. Esta idea fijó la atención del Ministro de Francia. Se enviaron al Nuevo Mundo harinas preparadas según el nuevo método, y otras según la práctica antigua. A su vuelta las primeras no habían perdido nada, pero las últimas se hallaron medio podridas y despojadas de su materia glutinosa. Todos los ensayos han dado los mismos resultados. Es dulce la esperanza de que un descubrimiento tan útil no se perderá entre aquellas naciones que han formado establecimientos hacia el Mediodía de la América. Si no asegura a los mantenimientos la misma duración que tienen en nuestros climas secos y templados, a lo menos se corromperán menos prontamente y se conservarán más largo tiempo.
+88. Este cuidado y el de mejorar los caminos facilitando principalmente el de Carare, reducirían las harinas del Reino al mismo precio que las de Filadelfia, con lo cual se evitaría el trato de estas y se aumentaría la riqueza y población del Reino, la que por esta causa ha descaecido en estos cinco años pasados de más de un tercio, como es fácil demostrar, atendiendo a que las harinas es el único ramo de los países fríos que tienen salida ventajosa.
+89. Las lanas del Reino, que son a propósito para infinitas fábricas y que por nuestras leyes y cédula del comercio libre se hallan exentas de derechos a la salida y entrada, con el saludable fin de animar las manufacturas de la Península, formarían un objeto del más extendido comercio si aplicásemos la atención correspondiente. Sobran lanas en el Reino, como que no tienen otro destino que el de algunas mantas y frazadas: su precio en su centro es a razón de 2 pesos por arroba, que puesta en Cartagena ascendería a 3. Véase ahora cuánta utilidad dejaría este artículo a las fábricas de España, y cuánto sería lo que se animara aquí la crianza de ovejas. Una vez sabida la utilidad de este tráfico, se aplicarían las gentes con mayor cuidado a beneficiar las lanas, separando las ovejas que producen la fina, de las que sólo dan churra, o basta. Ni hay mayor motivo para que las lanas de carnero de Buenos Aires se conduzcan a España y las nuestras se queden sin salida.
+90. El algodón es otro ramo de comercio muy importante y casi el único que se extrae del Reino. Es cosa muy triste saber que de un millón ochocientos noventaicinco mil ochocientos ochentaiocho pesos —$ 1.895.888—, que es el valor de lo que en el año común se introduce de la Península, apenas llevan en retorno unos cortos quintales de algodón, algunos cueros al pelo y muy poco de lo demás, cuyo valor asciende a doscientos cuarentaisiete mil treintainueve pesos —$ 247.039—, quedando en contra de nuestra balanza un millón seiscientos cuarentaiocho mil ochocientos cuarentainueve pesos —$ 1.648.849—, que deben remitirse en dinero. Esta continua saca de metales tiene tan exhausto el país, que por todas partes no vemos otra cosa que mendigos, gentes desnudas y desiertos espantosos que arguyen vivamente la miseria de esta colonia. Pero volvamos al algodón.
+91. Este precioso fruto se podría cultivar con inmensas utilidades en todas las inmediaciones de Cartagena y Santa Marta, riberas del río de la Magdalena, y demás países cálidos. Caminando de Cartagena hacia Turbaco se dejan ver varias plantas de algodón silvestre; lo mismo se observa en el cerro de La Popa. ¿Qué falta, pues, sino la aplicación de aquellos naturales a su cultivo? El Gobierno debía apremiar los vasallos indolentes para que ganasen su sustento. Los de las tierras cálidas prefieren a una vida laboriosa y activa, la desnudez y miseria, con que además de corromperse las costumbres se llenan de enfermedades que les hacen inútiles a la religión, al Rey y a la Patria. Es una especie de gente salvaje, que vive entre los bosques sin conocimiento de los derechos de la sociedad.
+92. En el año de 1787 se intentó fundar en Cartagena una sociedad económica, con la denominación de Sociedad de Amigos del País de Turbaco, que tenía por instituto la cultura del algodón. La facilidad con que en aquella época se juntaron cerca de 1.000 pesos de fondo hace ver que este proyecto no es impracticable, aunque entonces no tuvo efecto por falta de protección y energía. Me afirmo constantemente en la idea de que sólo con semejantes cuerpos pueda lograrse alguna mejora en nuestra agricultura. Hay tanto terreno por descuajar en el distrito de las gobernaciones de Cartagena y Santa Marta y tan aparente para el cultivo de algodón, que con este solo ramo que se procurase beneficiar habría para abastecer todas las fábricas del mundo. España debe prometerse, si esto se verifica, el mejor algodón, y por consiguiente el despacho de los tejidos de este género a todos los mercaderes de Europa.
+93. Aunque el lino y el cáñamo no se beneficien en el día, deben no obstante entrar aquí como ramos de comercio por la necesidad que de ellos tiene la Nación. No dudo que en adelante se pondrá el cuidado necesario en cultivar estas dos primeras materias. Las tierras frías producen el lino casi naturalmente; lo mismo sucedería con el cáñamo si se trajese la semilla. Faltan sólo la atención y el estímulo del interés para promover esta cultura. España paga gruesas sumas a la Rusia por estos dos objetos, que pudiera tener dentro de su propia casa. Lo peor es que siendo esta potencia una de las que con más empeño aspiran a hacerse marítimas, puede de un instante a otro dar la ley a todas las del Mediodía prohibiéndoles la extracción de la jarcia y lona, tan preciosas a la marina.
+94. El añil o índigo está pidiendo en este Reino las manos del cultivador y la diligencia del comerciante. Cuando se registra el río de la Magdalena y se observan en sus orillas tantas plantas de añil, no se puede creer que este género sea original del Indostán. Comoquiera que sea, lo cierto es que abunda en extremo y que su utilidad sería grande si le procurásemos despachar fuera del Reino. Ningún terreno más aparente para esta cultura que las orillas del río de la Magdalena, que además se ven tan a propósito para la planta, facilitan su más pronto despacho hasta los puertos de Cartagena y Santa Marta.
+95. En nuestros días se ha descubierto por el célebre profesor don José Mutis una planta tan estimable como el té de la China y que según los buenos conocedores se asegura ser más excelente y de mejores virtudes que esta. El tiempo y las operaciones del Ministerio podrán colocar este género en el comercio con la estimación que merece. No ha muchos años que un inglés se quejaba de que los frutos de la China agotaban el dinero de la Europa, contando entre ellos el té que se había hecho como necesario y sin el cual no podía pasar su nación[4]. Cuánto más útil, pues, sería para la Gran Bretaña el comercio de este nuevo té, del que se podría proveer a mejor precio y a cambio de los géneros de sus fábricas, sin necesidad de deshacerse de su numerario. Es de esperar que esta nación política y comerciante adopte desde luego el uso de este género, que debe producir a nuestros cosecheros grandes riquezas.
+96. La quina, descubierta poco ha de este lado de la línea y en cercanías del río de la Magdalena, debería ser para el Reino una fuente inagotable de bienes. Calcúlese que en todo el universo se consumen anualmente cerca de 16.000 arrobas de este género. Cada arroba puesta en Cartagena importa a razón de 20 reales de plata la libra —62 ½ pesos—, ganando el Erario inmensas sumas[5]. Cada día va tomando nuevos créditos este remedio, y es muy difícil que su despacho deje de ser seguro.
+97. Nada se sabe sobre si este género se establecerá por cuenta del Rey, o se dejará en manos de los particulares. Lo cierto es que la avaricia del comerciante jamás prevé las malas consecuencias de su tráfico por atender a la utilidad presente. La quina es un género de primera necesidad para la salud del género humano: dejándolo en poder del comercio, presto se agotaría, como ha sucedido en Loja y Cuenca, en donde apenas se hallan las preciosas plantas que las producen, por la rapacidad de los comerciantes de Lima. Aun sin perjudicar a estos, se podría muy bien estancar la quina de este Reino, para el surtimiento de las boticas de Europa e islas extranjeras, permitiendo al comercio de Lima la extracción para todos los puertos del mar del Sur, América Meridional, islas Filipinas y toda el Asia, en donde debe hacerse familiar tan prodigioso específico.
+98. Semejante a este hay otro ramo de comercio en el Reino, de no menos utilidad pero que necesita toda la protección del Gobierno. Tal es el de la canela, que se halla al sur de la cordillera de Andaquíes, hacia aquella parte en que se supone existió la antigua ciudad de Mocoa, capital de los indios omaguas. En varias relaciones que se han presentado a los señores virreyes de este Reino se ha apuntado, como cierta, la existencia, no sólo de la canela, que lo es indubitable, sino del clavo, o giroflé, que se creía producción propia de las Molucas.
+99. En la relación del viaje practicado de orden superior por don Sebastián López a las montañas de Andaquíes en 1783, se reconoce lo mismo que acabo de decir. Hablando de las entradas que hacen los portugueses a aquellos países por el río Caquetá, se explica de esta manera: «Aprovechándose —los portugueses— de todos sus preciosos frutos en lo que se incluye la extracción de las cortezas de unos árboles de canela muy singulares que ellos mismos llaman clavo-canela, porque sin cultivo alguno tienen el gusto exquisito y fino olor de la de Sri Lanka, al mismo tiempo que la fragancia, sin la acrimonia ni la actividad del clavo». Y yo creo que esta planta de que dieron noticia a López es la misma del clavo, pues el porte, la consistencia y forma de las hojas de esta son muy semejantes a las de la canela, y es muy verosímil que por este motivo, equivocando los nombres, la llamen clavo-canela. Confirma esta conjetura lo que afirma monsieur Dumouriez en el Estado presente de Portugal, capítulo 4.°, libro 2.°, tratando de los frutos que sacan los portugueses del Brasil, dice: «Además de esto traen bálsamo, clavo, canela, jengibre, etcétera», y no pudiéndose comprender de dónde vengan este clavo ni aquella canela, si no es de las tierras interiores, se viene en conocimiento de que el clavo de que habla Dumouriez es producción propia del país de los canelos, y la misma que llama López clavo-canela.
+100. Sea lo que fuere de esto, lo que no admite duda es la existencia de los árboles de canela. También se sabe que esta especia necesita de cultivo y beneficio para que sus cortezas no tengan aquel gluten que la hacen despreciable. Apliquemos nosotros todo el cuidado necesario, hagamos todas las tentativas que se puedan, y se verá cómo con el tiempo tenemos un ramo de comercio capaz por sí solo de enriquecer a la Nación, pues se asegura que de sólo la canela y las aromas salen del Estado, todos los años, de 10.000.000 a 12.000.000 de pesos[6].
+101. Los fundamentos de esta cultura se han puesto ya, encargándole al célebre Mutis los canelos que se trajeron de Andaquíes. Me causó particular gusto ver en Mariquita, nacidas y en buena disposición, dieciocho de aquellas preciosas plantas, que sin duda prosperan cultivadas por las felices manos de un hombre tan grande como Mutis, que cuenta entre sus objetos favoritos los árboles de canela, como encargo singular del difunto Marqués de Sonora.
+102. Nosotros no sabemos apreciar bastantemente las diligencias del citado Mutis en investigar las producciones preciosas de este Reino, sino cuando comencemos a experimentar las utilidades y ventajas que nos preparan. Les somos deudores del descubrimiento de la quina, de la determinación de la canela, del té de Bogotá, y últimamente de la nuez moscada, que ha encontrado en los países cálidos de este Reino, y de que ha hecho manifestación al Gobierno. Si nuestras conjeturas sobre la existencia del clavo saliesen ciertas, se podría decir que poseemos las mismas especias que los holandeses, y sería el colmo de nuestra indolencia si a vista de las grandes utilidades que sacan estos republicanos de aquellos tres ramos, nosotros no tratásemos de entrar a la parte con ellos en sus ganancias. Los holandeses no perdonarán fatiga ni dinero para apropiarse las cosechas de las especias. Ya sea por título de conquista o pagando gruesas contribuciones, han empeñado u obligado a los habitantes de las islas del océano oriental a destruir todos los árboles de clavo, cuya cultura han concentrado en la isla de Ambon, de que son dueños. También han llegado a destruir la canela de todos los lugares, a excepción de Sri Lanka, que poseen. Lo mismo ha sucedido respecto de la pimienta y nuez moscada. De suerte que la Europa entera y casi toda el Asia se ven obligados a recibir de sus manos estos objetos.
+103. Además de estos renglones de comercio, hay otros muchos que podrían dar ocupación a muchas familias del Reino y grandes utilidades a la Nación; muchos de estos se gastan en la España misma introducidos por manos extranjeras. Haré una relación por mayor de ellos, sin detenerme en cada uno, por no ser necesario.
+104. Se hallan en el Reino maderas finas, como caobas, granadillos, palo de rosa, manzanillo, ébanos, nogales y otras muchas que llevadas a España servirían para toda especie de muebles. De construcción son abundantísimas las mismas caobas, los cedros, martas, etcétera.
+105. De drogas medicinales se encuentran a cada paso en casi todas las tierras calientes, principalmente en las orillas del río de la Magdalena, las siguientes: guayacanes, o palo santo, que se aplica con buen suceso contra el mal venéreo; el palo maría que destila el aceite de canime, llamado por algunos cabima y aceite de maría por otros, excelente para curar llagas; sangre de drago, de virtud astringente y de mucho uso en las tinturas; la raicilla o bejuquillo, cuya virtud conocen todos, la hay en Simití, no lejos de Mompox, y también en Mariquita, descubierta por Mutis; el jengibre, la calaguala, contra los tumores y vómitos; la zarzaparrilla, tan aparente para curar el gálico y fortificar el estómago; el sasafrás, contra la hidropesía; el algarrobo, que da una resina con que se alumbran los indios, y sirve para limpiar cuadros o pinturas viejas; el árbol de bálsamo benjuí, etcétera. Para tinturas, el brasil, el moralete, y en los países fríos, la rubia o granza, conocida con el nombre de raicita, de que hay innumerables, y crece sin cultivo entre los barzales o rastrojeras. Todos conocen en Cartagena el árbol que produce la lana de ceiba. Se me ha asegurado que en la provincia de Santa Marta, hacia el Valledupar, se encuentra también el ruibarbo, tan bueno como el de la China.
+106. Se hallan asimismo la coca, de gran consumo entre las gentes de la gobernación de Popayán, y que los orientales usan con el nombre de betel, admirable para fortificar el estómago y que aseguran comunica una especie de vigor singular; los tamarindos, fruto comunísimo de los países cálidos, de uso muy frecuente en la curación de varias enfermedades. «Es de desear», dice un autor, «que se fomente este fruto en nuestras provincias de América, para eximirnos enteramente de los tamarindos extranjeros»[7].
+107. La raíz de China se halla en varias partes del Reino. Las plantas que producen el aloe o acíbar son también comunísimas, y entre ellas hay una muy especial que los naturales llaman pita: de las hojas de esta planta se saca una hilaza a manera de cáñamo, de que se fabrican medias, redes y varias otras cosas de mucha duración. Beneficiada la hoja con inteligencia, sería tal vez este hilo de mejor uso que el mismo cáñamo, por la fortaleza de sus fibras. El fique, que se saca de otra especie albar, sirve también a los mismos usos, aunque su hilaza es un poco más gruesa. De esta planta, que en Nueva España llaman maguey, se hace el pulque, bebida deliciosísima para aquellos indios y de que hay un largo tratado en nuestras leyes.
+108. Animada una vez la agricultura, se podrían extraer del Reino los cacaos del río de la Magdalena, que sólo conocen ventaja a los de Soconusco. Los de Cúcuta y Guayaquil se cambiarían también en mayor cantidad.
+109. No se ha hablado hasta ahora de la cochinilla del Reino, porque ni se cultiva, ni se beneficia, ni se exporta. No puedo adivinar la causa de un descuido tan grande, en un ramo como este que hace uno de los renglones más seguros y ricos del comercio de Nueva España. Según el estado que tenían los frutos de Indias en Cádiz el año de 1775, valía cada libra de cochinilla o grana fina 4 pesos. Véase ahora cuánto hubiera ganado el Reino si lo que aquí se da silvestre lo hubieran beneficiado y remitido a España.
+110. En las mismas calles de la ciudad de Tunja, en las cercanías de Santafé, y casi en todas las tierras frías del Reino, se ven innumerables nopales o tunos, cargados de aquellos preciosos insectos que producen la cochinilla. El indio indolente se aprovecha de ella para el colorido de sus cortas lanas, cogiéndolos sin razón ni cuidado, mientras el diligente mexicano hace de ella un manantial de bienes.
+111. La cochinilla permanecerá probablemente en el estado en que se halla si una sociedad patriótica no toma por su cuenta su cultivo y extracción. No ha mucho tiempo que se formó expediente en el Superior Gobierno promovido por el Excelentísimo señor don Manuel Flórez sobre el beneficio de este precioso tinte. A este fin se pidieron a Nueva España las noticias necesarias sobre el cultivo de los nopales, tiempo de cosechar la cochinilla y las preparaciones que exige, hasta llevarla a España. Estas relaciones vinieron puntualmente, se hicieron publicar en aquel tiempo, se convidaron las gentes a la plantificación y el cultivo de este nuevo ramo, cuyas utilidades se hicieron públicas, pero la cochinilla se quedó en el mismo descuido en que estaba.
+112. No es obra esta del Gobierno: lo es de un cuerpo ilustrado y consistente entre cuyos individuos se hallan algunos capaces de emprender las tentativas, necesarias a un nuevo ramo de industria. Las resultas, que no pueden menos que ser felices en el de la cochinilla, animarían poco a poco a los demás, y este es el único medio o motivos de esperar que dentro de algunos años se vea el Reino en estado de enviar a Cádiz considerables porciones de cochinilla, con utilidad general del comercio.
+113. Entre los objetos comerciables de agricultura nacional no omitiré colocar el tabaco, aunque hoy se halla en todo el Reino estancado por cuenta de la Real Hacienda. Supongo que este asunto requiere reflexiones bien precisas y que juzgo se escaparon a los que pensaron estancarle a beneficio del Erario.
+114. Por los estados de las rentas estancadas, que se remiten a la Superintendencia General, se ve que la de tabacos, en todo lo que comprende la administración de Santafé, sólo produce al Rey, en año común, de 40.000 a 50.000 pesos libres. Esta administración abraza los lugares más poblados del Reino y todas las tierras frías, en donde el consumo es naturalmente muy grande por las circunstancias del temperamento y por la costumbre general de dar tabaco a todos los que llegan de visita, aun entre las gentes más pobres. Si el tabaco corriera por cuenta de los particulares, cargándole un derecho de beneficio en cada arroba, estoy seguro que produciría a la Real Hacienda mucho más. Esto evitaría los salarios de guardas, administradores, etcétera, cuyos individuos serían útiles de otro modo dirigiendo su aplicación a las faenas del campo u otras ventajosas al Reino: cesarían las vejaciones de los pueblos, dejaría de quejarse de un establecimiento que hasta hoy le cuesta suspiros y lágrimas. Este pensamiento no es impracticable, pues en la provincia de los Llanos se halla establecido con utilidad recíproca del Rey y del vasallo.
+115. Pero mi opinión es que valdría más a la Nación en general la absoluta libertad del tabaco. Nosotros no podemos prescindir de que este género es tan comerciable como el añil, la grana, el algodón, etcétera. Estos objetos salen libres de las colonias francesas e inglesas, y aun de nuestros puertos, lo que les asegura un despacho más fácil. Concedamos libertad al tabaco, animemos su exportación principalmente a las islas, en donde no lo pueden cultivar por la escasez de terreno, y se verá cómo el tabaco se hace un objeto muy importante para el Reino, fuera de que recibiendo el Rey de manos de los portugueses una crecida porción de este fruto, ¿no sería mucho mejor, y aun más conforme a las benéficas ideas que reinan hoy, tomarlo de sus propias colonias, cuya riqueza constituye la general de la Nación? De este modo es como se debe enlazar el fomento de la Madre Patria y el de sus dominios de ultramar. El ejemplo de las colonias francesas e inglesas nos debía hacer más sabios en materia de comercio y de economía. Todos los géneros propios de estas colonias salen libres para Europa, y aun a muchos se les permite la venta en las colonias extranjeras.
+116. El cobre se saca en varias partes de este Virreinato, pero el mejor es el de Moniquirá, en el distrito de la ciudad de Vélez. Su precio en la misma mina es a razón de 12 pesos el quintal. Facilitado el camino de Carare, valdría en Cartagena poco más de 14 pesos, y se podría dar en Cádiz mucho más barato que el cobre del Perú y Nueva España, que valía en el año de 1775 de 23 a 24 pesos de plata. Debe suponerse que este metal bajaría todavía de su actual valor, si se animara su extracción, pues en el día, por falta de esta, apenas se cultivan aquellas minas tan abundantes.
+117. En varios parajes se encuentran el de neme, cope, petróleo o brea mineral, de la que hacen algún consumo los dueños de champanes y otras embarcaciones menores del giro del río Grande, para sus carenas y composiciones. Mezclada esta brea con el aceite de un árbol que llaman catibo de mangle, hacen una excelente preparación con que preservan los barcos de la broma, y les dura por mucho tiempo. Me acuerdo haber leído en una gaceta inglesa del año de 1787 que los ingleses de Norteamérica habían descubierto una brea mineral con que daban de firme a sus navíos, sin que la broma pudiese acometerlos. Es regular que la brea de que habla aquella gaceta sea la misma que nosotros conocemos con los nombres referidos.
+118. Si es cierto lo que se dice de ella, sería este género muy provechoso a la marina nacional. El Gobierno podría mandar hacer las experiencias necesarias para aclarar este punto tan interesante. Lo que yo sé es que en todo el río de la Magdalena no se emplea otra brea para el uso de aquellos barcos, y que personas inteligentes de la villa de Mompox me han asegurado que les va muy bien con ella. Por si importase, bueno es advertir que nuestra brea se halla en prodigiosa abundancia en el Chaparral, jurisdicción de Ibagué, en un sitio que llaman Amoyá; en Rioseco, cerca de la villa de Honda; en Barrancabermeja, más abajo de San Bartolomé, sobre el río de la Magdalena; en los Llanos de San Martín, etcétera.
+119. El trapo se desprecia aquí continuamente. En España produciría muchas ventajas a las fábricas de papel y haría un artículo de retorno. Con todo, valdría tal vez más permitir aquí, y aun fomentar una fábrica de papel basto para varios usos, en que podría emplearse mucha gente. La España por sí sola no puede surtir con sus fábricas de papel a toda la América: mejor sería que el dinero que se llevan los extranjeros por este artículo circulase entre sus moribundas colonias.
+120. Hasta aquí hemos hablado de los ramos más preciosos que tiene el Reino, de los cuales podrá hacer un comercio exterior muy ventajoso. Todavía posee otros que sólo sirven al consumo interior animando la comunicación de sus provincias. Tales son los lienzos bastos, que se fabrican en las villas del Socorro y San Gil, que son llevados a Antioquia, Popayán, Neiva, Mérida, etcétera, y es el único renglón por donde entra algún dinero en dichos lugares. De paso haré una reflexión, y es que, sin embargo de no haber allí minas algunas, se mantiene la gente con más aseo, se multiplica la población; la labranza, aunque imperfecta, se halla en mejor pie que en otras partes; se advierte más civilidad en el pueblo, y sus habitantes viven más gustosos. Atribuyo esta diferencia a las fábricas de lienzos que aseguran el sustento al tejedor, a la hilandera y al labrador que siembra el algodón, que le es su verdadera mina. En las demás provincias donde no hay este auxilio, la población se reduce a unos pocos labradores, cuyos frutos se invierten en su propia manutención. De este aspecto son casi todas las tierras frías, creciendo el mal cada día más con la introducción de harinas inglesas en Cartagena, que han hecho cruzar los brazos a la mayor parte de sus labradores.
+121. La provincia de Vélez abunda en ingenios de cañas dulces; sus mieles tienen mucho consumo en Chiquinquirá, Villa de Leyva, Tunja y Sogamoso, donde la apetecen para la composición de la chicha. También surte Vélez a la capital de varios géneros de conservas de guayaba, que se hacen allí con gran primor. Se regula que por este solo renglón entran en Vélez todos los años 6.000 pesos.
+122. De Pamplona y Cúcuta sale casi todo el cacao que se consume en el Reino. El precio de una carga de este género de 10 arrobas, o 60 millares, vale en el mismo Cúcuta de 12 a 15 pesos, y en Santafé 30, poco más o menos. Lo mismo casi en lo restante del Reino, donde es de un consumo general.
+123. Por más que he hecho, no he podido conseguir una razón del número de cargas de cacao que salen anualmente de Cúcuta. Lo único que he podido averiguar es que las cosechas son allí muy abundantes y el cultivo muy prolijo. Después que la Intendencia de Caracas redujo la saca de cacaos de Cúcuta para Nueva España a 6.000 arrobas, han decaído considerablemente aquellas plantaciones que la seguridad del despacho hacía próspera en otros tiempos.
+124. La provincia de los Llanos de San Juan y Casanare envía todos los años considerable número de ganados a Sogamoso, Tunja y demás lugares de este corregimiento. Manda también lienzos a Santafé, que son estimados por su finura, y llevados a Antioquia y Chocó. Recibe ropas de Castilla y todos los demás frutos de España, algunas harinas de Sogamoso, panelas y otros renglones de muy corto valor.
+125. Girón manda a Mompox cacao, lienzos bastos para el surtimiento de los negros de minas, panelas y otros dulces. Recibe en retorno ropas de España.
+126. Sogamoso, Tunja, Villa de Leyva y lugares circunvecinos llevan a Santafé y Honda harinas, cordobanes y mantas de lana, trayendo ropas y géneros de España. Antioquia, Chocó, Popayán y Neiva son las provincias que pagan toda la balanza de los frutos europeos. Los retornos de aquellas vienen en oro, el cual sirve para reemplazar el valor de lo que recibimos de fuera del Reino y no podemos reemplazar con frutos.
+127. Si alguna vez conseguimos que los muchos de que abunda el Reino se mejoren y entren en la circulación general del comercio, nos podremos lisonjear que con ellos tendremos más que suficiente para surtirnos de los géneros de Europa que nos sean necesarios, mejorando nuestra población e industria, sin dejar de la mano el cultivo de nuestras preciosas minas de que voy a hablar.
+128. Contemplando las cosas filosóficamente, se debía desear que el cultivo de las minas se abandonase para siempre. La política tampoco está muy de acuerdo con su beneficio, y sólo bajo ciertas condiciones y circunstancias se puede contemplar como ventajoso. El laboreo de minas en el modo que hoy se practica en las de oro, además de ser destructivo de la población, encarece de tal suerte los jornales y las maniobras, que por lo general entorpece el adelantamiento de la agricultura, la que siempre es cadente en los países mineros. Entretenidas las gentes con las vanas esperanzas de alcanzar la suerte que uno u otro ha logrado en el beneficio de minas, descuidan del todo los demás objetos de industria: se empeñan cada día más, y no correspondiendo los sucesos a los conatos, se arruinan, y arruinan consigo a todos aquellos que se dejan engañar con sus vanas esperanzas.
+129. Por lo que hace al metal, sabemos que en cuanto signo representativo de las cosas puede ser reemplazado por el papel, como se observa entre las naciones más comerciantes y sabias. También pueden suplir por él otras varias cosas. En los reinos de Nueva España se usa con mucha facilidad de los granos de cacao, con los cuales se compra todo lo necesario al consumo cotidiano. Las provincias de Antioquia, Chocó, Barbacoas, Neiva, etcétera, de este Virreinato, han sido y serán dependientes precisos, no obstante de sus muchos metales, de las demás agriculturas e industrias. La población de la provincia de Antioquia, que es la mejor de las que he nombrado, que por la variedad de sus temperamentos le permite alguna atención a la labranza, ascendía en lo comprensivo de su gobernación a 40.000 almas en el año de 1786, número muy corto respecto de la población de las dos villas de San Gil y Socorro, en donde no hay más minas que un poco de industria.
+130. No se diga que los países abundantes de minas, al consumir muchos frutos, así de agricultura como de comercio, necesariamente deben hacer florecer una y otro, pues nada se observa menos que la armonía entre las minas y el campo. Las gentes prefieren a cualquier ocupación la esperanza de hallar entre las arenas de los ríos algunos tomines de oro con que pasar el día miserablemente. Y a excepción del plátano, que crece casi sin cultivo en aquellas provincias, todo lo demás les entra de otras muy distantes, excesivamente caro y de mala calidad.
+No obstante, en el estado presente del Reino, en que no tenemos abundancia de frutos que cambiar por los que vienen de Europa, son necesarios los trabajos de minas para pagar la multitud de mercaderías que recibimos anualmente. Debemos, pues, procurar que esto se haga con la mayor economía posible a fin de aprovechar lo más que se pueda estos tesoros de convención. Empecemos por las minas de oro, que son las más comunes y las únicas que se laborean en el Reino por cuenta de particulares.
+El modo con que se cultivan en el día es por medio de negros esclavos, cada uno de los cuales vale en el Chocó, Barbacoas y Antioquia muy cerca de 500 pesos. Pocos mineros se hallan en estado de comprar 50 o 100 negros, por cuya razón se ven poquísimos en unos territorios tan extendidos. Por cálculos bien aproximados se ha computado que entre minas ricas, medianas y pobres, unas con otras sacará el negro más diestro la sexta parte de una onza de oro, o dos pesos cinco reales, excepto del real al día. En el año dividen los trabajos por mitad, empleando la una en la extracción y caza de las arenas auríferas y la otra en su lavada. Quitando 90 de los 365 días del año, por razón de las fiestas, quedan útiles 285, de los cuales sólo se emplea la mitad en lavar las arenas menudísimas, que producen por cada negro 374 pesos ½ real.
+Como los víveres son extremadamente caros en las tierras de minas, supondremos que por razón de ellos, vestuario y enfermedades, gaste diariamente un negro 4 reales, quedando a favor de su amo 191 pesos 4 y ½ reales anualmente. Quitemos por razón de herramienta, gastos de bateas y otras menudencias de poca consideración, 8 pesos todos los años al respecto de cada negro, y quedan 183 pesos 4 y ½ reales, o poco más de 90 pesos de oro. Rebajados de este producto los derechos de quinto, fundición, amonedación, etcétera, apenas quedan a favor del minero 80 pesos de oro, o 160 de plata.
+De manera que suponiendo que un minero mantenga su mina corriente con 50 negros, gana todos los años 8.000 pesos, pero son muy pocas las minas de estas conveniencias. Lo contrario sucede casi en todas ellas, y así vemos diariamente mineros arruinados e insolventes, que no tienen otra cosa que el deseo de volver a las minas, pues el que una vez tomó semejante profesión, contrae una especie de manía que sólo se le borra con la muerte.
+La falta de subsistencia a precios cómodos, las vejaciones de los gobernadores y sus tenientes, la carestía o total imposibilidad de conseguir negros[8], la ignorancia de la minería, la falta de instrumentos y máquinas para los desagües y rompimiento de vetas, ocasionada por la carestía del hierro; finalmente, los malos caminos que impiden el comercio y la concurrencia de vendedores entorpecen extraordinariamente el progreso de las minas del Reino.
+La abertura de los caminos facilitaría los víveres y avíos de las minas a mejor precio que el que hoy tienen: la extracción del hierro de las minas del Reino animaría en gran parte el beneficio de los minerales preciosos, pero lo que sobre todo daría consistencia a este ramo sería sin duda el establecimiento de un cuerpo de minería, a imitación de los del Perú y Nueva España.
+Con la erección de este cuerpo —se explica el sabio Director de Minas de Mariquita, don José Delhuyar, con fecha de 17 de julio de 1782— se evitarían los inconvenientes que han impedido el progreso de las minas en este Reino, y se fomentaría la extracción de los tesoros que encierra en su seno. El mayor de los inconvenientes que tiene la minería en la actual situación es estar confiada la administración de la justicia de este ramo a unos sujetos que, aunque sean letrados, con dificultad entienden bien el sentido de las leyes, por estar estas fundadas sobre la práctica del arte. No hablo de las extorsiones continuas que están padeciendo los pobres mineros por la avaricia de sus gobernadores, que los chupan como sanguijuelas hasta quitarles todo el nervio y fuerza para poder continuar sus labores, atropellando las leyes que recomiendan este punto como el más interesante para el bien general del Estado. Y si la necesidad ha hecho ver que para la prosperidad del comercio convenía confiar a este mismo gremio la ejecución de las leyes de su ramo, ¿con cuánta más razón debe darse la misma prerrogativa a la minería, cuyas leyes son mucho más complicadas y de más difícil ejecución para cualquiera que no esté versado en ellas? En México se ha acrecentado visiblemente la extracción de la plata de las entrañas de la tierra después de la creación del cuerpo de minería, y ahora durará eternamente la memoria del Ministro que la plantificó.
+Reducida la administración del ramo de minas a un Director, un Fiscal, un Contador y un Tesorero escogidos entre los mineros más inteligentes del Reino, se evitarían los inconvenientes que sufre hoy este importante objeto de riqueza nacional.
+De los dos pesos por cada marco de oro que son los derechos de amonedación, o señoraje, que tiene concedidos Su Majestad a los mismos mineros por su pobreza y por un término que va a expirar, se podría formar un fondo anual para adelantar en el mismo ramo, ya sea en avances a los mineros pobres, ya en la creación de una escuela de mineralogía en la capital, adonde se iniciasen los jóvenes de las provincias en una ciencia tan útil; ya en fin, en la satisfacción de los salarios de los empleados y otros varios objetos que iría descubriendo el tiempo a proporción de la instrucción del Reino. Según las noticias que han comunicado las Cajas Reales acerca del oro que se funde en ellas, se computa que un año con otro producen nuestras minas 2.000.000 de pesos, o 20.000 marcos de oro. De cada marco corresponde al Rey, de amonedación, 2 pesos, y según esta cuenta quedan a favor de Su Majestad 40.000, que son los que tiene cedidos a beneficio de los mismos mineros. Cóbrese en adelante este derecho para el fondo del cuerpo de minería, y se verá florecer este ramo con aprovechamientos de innumerables minas que hoy se hallan olvidadas por no haber caudales con qué laborearlas. Plantificado este deseado establecimiento, podrían adoptarse las máquinas o molinos económicos que proyectaba el Conde de Casa de Gijón. En efecto, por medio de estos molinos se saca en Ginebra de un 2 ½ a 3 por 100 de las basuras y crisoles viejos de las platerías, sin más costos que la mitad de dicho producto. Refiere Gijón que de las arenas del río Arve, que pasa por Ginebra, siendo innumerabilísimas, sacan los dueños de los molinos media onza de oro bajo en cada 800 libras y en el corto espacio de 24 horas. Concluye, pues, que siendo muchísimo el oro que se desperdicia en América por el imperfecto modo como se recoge, y abundando nuestras arenas de este precioso metal, rendiría un molino en los lavaderos del Chocó, Antioquia, etcétera, en las mismas 24 horas, dos onzas y dos tercios de oro de 20 a 21 quilates, supliendo el molino por 13 negros, de los cuales hemos advertido saca cada uno la sexta parte de una onza diariamente. Así, pues, el minero que lograse poner 4 molinos dejaría de comprar, alimentar y vestir, lo que es más, dejaría de tiranizar en el trabajo algo más de 50 negros, porque los 4 molinos le producirían tanto como ellos podrían contribuirle con sumo trabajo y sudor de su frente.
+El mismo Conde de Gijón advierte que estas máquinas son costosas, y así sólo el cuerpo de minería sería capaz de costearlas desde Ginebra. Pero establézcanse estas máquinas, o quédese el beneficio de las minas de oro en el mismo pie de hoy, siempre es necesario valernos de la robustez y firmeza de los negros para su beneficio.
+Hablo de las minas de oro cuya veta sigue superficialmente sobre la tierra, porque la experiencia ha enseñado que en las de alguna profundidad no aguantan los negros y perecen indistintamente. Hasta ahora ha sido privativo de las naciones extranjeras el trato de negros. Los nuestros los compraban en Jamaica, Curazao y Cabo Haitiano en derechura desde Cartagena y Santa Marta. Su Majestad, para estimular más este trato indispensable, había reducido los derechos de entrada en 1785 a razón de 9 pesos por cada cabeza sin distinción de calidades. Muchos trajeron partidas considerables, pero con la erección de la Compañía de Filipinas se prohibió nuevamente este trato, por considerarse más ventajoso en manos de este cuerpo nacional. Ignoro las resultas de estas disposiciones[9]. Por lo que hace a mi intento, sólo hallo conveniente la total extinción de derechos de entrada en los puertos de Indias. Mientras esto no se verifique, será imposible sacar las minas del estado de languidez que tienen, porque los crecidos derechos de entrada, alcabala, salida, etcétera, vienen a importar en los negros sumas excesivas, que no pueden sufrir los mineros, y si los toman fiados se arruinan con los intereses, y paran por fin en insolventes, como todos los días se observa en el Chocó y demás partes.
+Facilitado este paso y abierta la navegación del río de Atrato, sería la provincia del Chocó una de las más ricas del mundo. Sus minerales son copiosísimos y de muy buena ley, y además abunda la platina, que no es menos estimable que el oro, con que sólo le falta el fomento necesario.
+De paso advertiré, y esta advertencia es muy necesaria e importante, que en los países en donde abundan los arroyos que llevan oro envuelto en sus arenas salían antiguamente las gentes a emplear aquellos días en lavarlas, sacando por medio de esta industria algunas pajuelas que les indemnizaban del trabajo. Muchas porciones de estas hacían al cabo del año cantidades considerables, y he aquí que sin perjudicar sus trabajos ordinarios se entretenían los lavadores con utilidad propia y del Estado, que aprovechaba aquellos metales de que habría carecido sin esta industria.
+Por desgracia, se mandó en 1780 que estos lavadores de oro, o mazamorreros, como comúnmente los llaman, se matriculasen en las Cajas Reales de sus distritos, y pagasen todos los años 18 tomines de oro, o 4 pesos de plata por cada individuo, con especificación de que sacasen o no sacasen, lavasen o no por enfermedad o cosa semejante, quedaban obligados a esta capitación, en cuya consecuencia sólo los matriculados pueden beneficiar aquellas arenas preciosas. Pero como los más tomaban semejante ocupación más bien por aprovechar los ratos libres que por hacer profesión de ella, resultó de aquí que desmayó casi del todo esta práctica. Muchos no pudiendo tolerar las vejaciones de los ministros que corrían con la recaudación de aquel ramo, abandonaron los lavaderos por este motivo; otros por no hallar las ventajas que se habían prometido, con que el Reino se halla falto del oro que sacaban los mazamorreros, y el Rey pierde los derechos que causarían precisamente aquí y a su entrada en España. Que se restituyan las cosas a su estado primitivo, dejando libre y sin trabas este verdadero ramo de industria, y se verán circular en las provincias más de dos o tres arrobas de oro que hoy yacen envueltas en las arenas de los ríos. De sólo la provincia de Girón me han asegurado se habrá dejado de sacar más de una arroba; es de creer que de las provincias de Neiva e Ibagué, cuyos arroyos son mucho más ricos, se hayan perdido otras tantas. ¿Qué habrá ganado el Rey con los derechos de matrícula? Poco, o nada, pero esta es la suerte de las provincias que se gobiernan por quienes están muy distantes de aspirar al bien de los pueblos, y sólo hacen mérito en la Corte del aumento aparente del Real Erario, aunque verdaderamente lo destruyan arruinando a los vasallos de Su Majestad. Pero vamos a la platina.
+Este octavo metal, que reúne en sí, según la expresión de Baumé, las propiedades del oro y la dureza del hierro, ha excitado en el día una gran fermentación en España. A consecuencia de las experiencias químicas de Chevenaut, por las que se ha llegado a conseguir la maleabilidad y ductilidad de la platina, se ha reservado Su Majestad toda la que se halla en sus dominios para usos propios de su real persona.
+Debemos suponer que en ninguna otra parte se halla la platina que en las minas de oro del Chocó y Barbacoas. Se encuentra comúnmente mezclada con el oro, al cual parece sirve de matriz, y es a veces tan abundante, que los mineros se ven obligados a abandonar las minas en que abunda por el mucho trabajo que les cuesta separarla del oro.
+Supuesto, pues, que la platina entra hoy como un tercer metal precioso en el uso de los hombres, es consiguientemente un nuevo ramo de riquezas para este Reino, si nos sabemos aprovechar en el modo de extraerla.
+En 1787 mandó el Rey fijar a la platina el precio de la plata en caso que no se pudiese conseguir de otro modo, y que a este precio se pagase de sus Reales Cajas. La gracia que por esta providencia hacía el Rey a los mineros se convirtió en verdadera extorsión por haberse procedido aquí sin conocimiento de causa. Se entabló el rescate de la platina, primero a 4 reales libra, después a peso, y últimamente a 2. Estas providencias, cuya variación manifestaba su flaqueza, surtieron tan poco efecto que no se consiguieron las cantidades que necesitaba Su Majestad, de que resultó querer remediar un yerro con otro.
+Se pensó en trabajar por cuenta de la Real Hacienda las mejores minas de platina, y he aquí cómo fue necesario despojar de sus minas a los particulares convirtiendo en su contra lo que el Rey quería fuese en su favor. De aquí la complicada máquina de una administración de minas en que los asalariados por cuenta del Rey, y muy poco interesados en la mucha o poca extracción de platina, necesariamente ponen muy poca atención en su beneficio.
+De aquí también la necesidad de comprar negros esclavos por cuenta del Rey para esta empresa, en que se consumen muchos caudales por falta de economía. Los soldados de sobrestantes de los trabajos, en lugar de los envejecidos mineros que poseen los conocimientos prácticos del beneficio y, en fin, otra multitud de propósitos que nadie es capaz de imaginar. De suerte que por este método costará al Rey una libra de platina tanto como una de oro.
+Trabajar una mina de platina de cuenta del Rey es lo mismo que trabajar una mina de oro de propia cuenta sólo por sacar oro, cuya poca utilidad indican los pobres mineros del Chocó, todos empeñados y casi perdidos. Cotéjese ahora la diferencia en los trabajos por unos sujetos prácticos en esta ocupación, y con las mayores economías, y los que se pongan por cuenta del Rey. Vuelvo a decir que una libra de platina extraída por este método costará al Rey una libra de oro, o quizás más.
+Es probable que una vez hecho de moda este metal en Europa, llegue a ser la magnificencia de los reyes, o lujo de los grandes señores, tanto como el oro, y entonces, ¡qué provecho para las gentes del Chocó si se deja el beneficio por su cuenta! Sábese que un particular gasta mucho menos en cualquier empresa que el Soberano. Probablemente, pues, le ha de salir menos dispendioso el beneficio de la platina, y hallando ventajas en venderla al Rey por un precio cómodo, no es creíble la pase a manos de extranjeros, de las cuales, además del riesgo, tal vez no sacaría la misma utilidad. Mi parecer es que se deje libre la extracción de la platina a los mismos mineros. Que se ponga el precio de 8 pesos a cada libra, que se prohíba a los particulares la compra de ella, y se verá abundar este metal, porque entonces los mineros tendrán utilidad en labrarla y escogerla, como hacen con el oro.
+Es cierto que por este método tan sencillo conseguirá el Soberano toda la platina del Chocó: los vasallos lograrían este nuevo fomento, y se evitarían a la Real Hacienda los fraudes y crecidos gastos de una administración de este género, que sólo sería conveniente cuando de otro modo no se pudiese conseguir la platina, o cuando las ganancias fueran tan efectivas que tuviese por conveniente el Soberano apropiarse enteramente su beneficio. ¿Qué recurso les quedaría a los pobres vasallos si el Rey tomase por su cuenta todos los renglones útiles, y el cultivo de las minas de oro, plata, etcétera? «¿Con qué podrán mantenerse su vida las pobres gentes», decía el Emperador Teófilo, «si nosotros tomamos sus arbitrios?»[10].
+Para que no se extravíe la platina y toda vaya al Tesoro Real, se podrán adoptar las mismas reglas que se practican para quitar el fraude en los quintos de oro. Los oficiales reales de las respectivas provincias podrán correr con este nuevo ramo, del mismo modo que han corrido hasta aquí con el cobro y la percepción de aquellos derechos; entretanto, yo no hago más que decir mi dictamen con sencillez, sin aspirar a tono magistral, de que estoy muy ajeno. Todo hombre como miembro de la sociedad tiene derecho para decir lo que le parezca útil y ventajoso a su patria. Si me engaño en mis discursos, seré disculpable por haberlo hecho con buena intención de servir al público con mis reflexiones[11]. Veamos ahora el estado de los minerales de plata del Reino.
+Es cierto que en otro tiempo se cultivaban las minas de Mariquita y de Pamplona con notables utilidades, y aunque rebajemos mucho de lo que escribieron de ellas los escritores del siglo pasado, queda todavía indubitable la abundancia del mineral precioso que encierran en su seno las famosísimas montañas de La Montuosa y Vetas en Pamplona, Lajas y Santa Ana en Mariquita.
+Convencido de esta verdad, el Ministerio de Indias hizo pasar en el año de 1784 a este Reino dos mineros inteligentes que habían estudiado su profesión en Sajonia, Suecia y Hungría, con el fin de entablar el método más seguro en esta materia, y para que los particulares perdiesen el miedo a estas empresas, que a muchos han arruinado, mandó Su Majestad laborear de su propia cuenta cuatro vetas antiguas en los citados cerros de Lajas y Santa Ana. La inteligencia de los profesores, la reciente llegada de otros de Sajonia, el nuevo método de amalgamación descubierto en Alemania y adoptado ya entre nosotros, la generosidad con que se auxilia aquel establecimiento y el buen orden que reina en el manejo de los caudales, la extracción de mineral y la conservación de la salud de los trabajadores, hacen más que probable el buen éxito de este proyecto, uno de los mejores que se han ideado para el fomento del Reino.
+Los primeros ensayes según el método de amalgamación que tuve el gusto de presenciar correspondieron en Santa Ana a los que se habían ejecutado en Viena, llenando las esperanzas del Director Delhuyar. No entro en el pormenor de las operaciones de este beneficio: sólo diré que por su medio se saca al mineral toda la ley, se desperdicia menos azogue respecto del método antiguo y se abrevia tanto la operación que, en espacio de seis horas, se recoge el metal, cosa que no se conseguía antiguamente sino en muchas semanas.
+Concedida una vez la utilidad de este método y teniendo también la ventaja de hallarse una mina de azogue no lejos de Mariquita, sólo falta ver los productos físicos de aquellas minas para que en todo el Reino se anime el espíritu minero y entren los particulares a usufructuar los inmensos tesoros de las minas de La Montuosa. Cuando los particulares no quieran trabajar estas, podría el Gobierno mandarlas abrir por cuenta de la Real Hacienda hasta un cierto término, en que haciendo ver a los particulares la utilidad, se indemnizase de sus costos dejándolas corrientes. Entonces muchos hombres ricos seguirían cultivándolas, asegurados de las ganancias. La ruina que han experimentado otros anteriormente por ignorancia harán siempre sospechosas aquellas minas. Los minerales de allí son de excelente carácter, según los ensayes hechos en Mariquita. Consiguientemente, el Rey no aventura nada en su beneficio. Pero si esta idea pareciese difícil de practicar, podría encargarse de ella el cuerpo de minería, si se establece. Lo que no tiene duda es que las minas de plata, como sean de buena ley, rinden mucho más que las de oro, y a las cuales probablemente está reservada la felicidad de este Reino.
+Otras varias minas de plata se conocen, pero las más famosas y de mayores esperanzas son las expresadas. Fomentadas estas, no tardarían mucho en descubrirse otras, y así ira ganando el espíritu descubridor del mismo modo que ha sucedido en el Perú y Nueva España.
+Después de la plata ocupa el primer lugar el cobre. Este metal, por los diversos usos a que se destina y por la variedad de formas que le dan en Europa, es de un consumo inmenso en el comercio. Óigase lo que dice don Antonio Ward hablando de las minas de América: «Las minas cuya utilidad no admite duda son las de cobre, y habiéndolas tan ricas y de una calidad tan superior en nuestras Indias, se debe cuidar mucho de perfeccionar su beneficio a fin de traer a Europa mayor porción de aquel metal para adelantar este ramo de comercio».
+En varias partes del Reino se cultivan las minas de cobre. En todas ellas se saca muy bueno, aunque su beneficio no es siempre igual. No lejos de la ciudad de Ibagué hay una aldea que llaman Mina de Cobre, por estar fundada sobre la misma mina de este metal. Todos los habitantes del lugar son mineros, y la moneda que circula entre ellos son pedazos de cobre bruto de determinado peso. Si aquellas gentes acertasen a valerse de máquinas, o ingenios con que ahorrar trabajo, podrían hacer un vasto comercio de este ramo, pero por desgracia todo lo hacen a fuerza de brazos, con lo que el metal sale muy caro.
+En el distrito de la ciudad de Vélez, y en un sitio que llaman Moniquirá, se registran las mejores minas de cobre que se conocen aquí. Su calidad es admirable, y el precio a que lo venden los mineros, se ha dicho antes, de 10 a 12 pesos el quintal. Esto es no teniendo ingenios ni máquinas con que ahorrar jornales y maniobra: si se pusiera más cuidado y la inteligencia debida, se sacaría muchísimo cobre, pues las minas son abundantísimas, y su precio bajaría notablemente. De aquí resultaría el doble beneficio de abastecer el Reino a precios cómodos y llevarse a España como un artículo de comercio de los más esenciales. Su Majestad entonces lo tomaría a menos de los 18 y ½ pesos que le cuesta cada quintal de cobre de Nueva España y el comercio a menos de los 24. A este fin contribuiría la abertura del camino de Carare, según tengo insinuado anteriormente.
+Pero prescindiendo de estas ideas, sería muy del caso que el Gobierno se encargase de solicitar en España algunos elaboradores del cobre que viniesen a plantificar entre nosotros esta industria. La grosería y tosquedad con que se trabajan los utensilios de cobre piden de justicia esta operación, que ahorraría mucho material, mucho trabajo y mucho dinero. Nos serviríamos de baterías más propias a los usos domésticos, y no malbarataríamos nuestro dinero en muebles desaseados y de un peso inútil.
+Algunos que no están instruidos en las leyes de Indias han creído que la extracción de hierro estaba prohibida en estos dominios. Ni la naturaleza ni la humanidad del Gobierno de España podrían prohibir una cosa que tanto influye sobre la agricultura, las minas y los demás ramos de industria. El hierro es el primero de todos los metales, pues sin su auxilio permanecerían los demás sepultados en las entrañas de la tierra. No nos detengamos en una cosa que nadie ignora: hagamos nuestras reflexiones sobre el que existe en este Reino. Suponiendo antes que por la Ley 51, Título 10, Libro 8 de las de Indias se franquean varias gracias a los descubridores de minas de hierro, cobre, estaño, etcétera, rebajándoles los derechos al diezmo, en lugar del quinto con que están cargados los demás metales.
+Nadie ha trabajado hasta ahora minas de hierro entre nosotros, y por esto no se sabe a punto fijo cuáles serán las mejores, pero que lo hay es evidente. En la hacienda de Doima, del distrito de Ibagué, se halló años pasados una papa o bola de hierro de un peso extraordinario, que juzgo se halla hoy en el gabinete de Historia Natural. Es probable que no lejos de allí se hallase la mina, a menos que se suponga que la tal bola es algún producto volcánico, lo que no es improbable. En el mismo distrito de la ciudad de Ibagué, y no lejos del lugar que llaman Valle de San Juan, se registraron variedades de piedras de imán, que son la matriz del hierro y aun una de las señas menos equivocadas de su existencia. En las cercanías del pueblo de Ubaté, en jurisdicción de Zipaquirá y en las tierras frías, se hallan unas piedras negras de gran peso y en la apariencia ferruginosas. Estas las examiné siendo niño, y conservo la especie de que son verdadero mineral de hierro. En otras muchas partes se han encontrado indicios de este metal, pero sólo en la provincia de Antioquia lo han llegado a fundir con tanta perfección, como el mejor de España. De este hierro se remitieron muestras al Excelentísimo señor Virrey Caballero, pero no se adelantó el asunto. El paraje en donde se halló se llama Los Osos por aquellas gentes.
+Supuesto, pues, que en el Reino se halla un mineral tan necesario a los usos de la vida humana, y que por las leyes municipales está permitida su extracción, no alcanzo a comprender por qué no se promueve el cultivo de las minas de hierro. ¿Qué país más a propósito para una ferrería que los de este Reino, en donde la leña y el carbón se hallan tan a la mano y tan baratos? Si ha de entrar hierro en América de las minas de Suecia, y otras que no son de la Nación, ¿por qué no se concede este beneficio a los vasallos contribuyentes del Estado? ¿Cómo se cultivarán los campos, las minas y demás ramos de industria, si el hierro, este metal tan útil a los hombres, nos ha de venir de más de dos mil leguas de distancia, y al precio que quieren los comerciantes? De esta manera, en caso de una guerra de alguna duración será preciso que todos los trabajos cesen, o que volvamos al uso de los pedernales y del fuego como los indios salvajes, antiguos habitantes de estas regiones. Ya tengo apuntado arriba que en varias partes de este Reino las rejas que usan son de madera, ignorando en otras el uso del arado por falta del hierro.
+Es pues muy conforme a las nobles ideas que van reinando en este siglo el que se establezcan ferrerías en la zona tórrida para el consumo y abasto de la América. No es justo que por no perjudicar a la Metrópoli en lo que realmente no es suyo sino de la Nación del Norte[12] se perpetúe la debilidad y decadencia de las colonias en términos de no ser útiles al Rey, ni a la misma España.
+Y para que nada faltase al fomento de nuestras minas, depositó también la Providencia las de azogue, que sirven tanto al beneficio de los minerales de plata. Junto a los más ricos de estos, que son los de Mariquita, y como a dos jornadas de distancia, se encontraron las minas de azogue de Ibagué en 1787. Las experiencias o ensayes que se hicieron en la Corte de las muestras remitidas en aquella época manifiestan ser verdadero azogue, aunque un tanto cargado de cinabrio. Como útilmente se ha deducido que para el beneficio de las minas de plata es más ventajoso el método de azogues que el de fusión, se han aumentado los consumos de este metal, y aumentarán cada día más en toda la Nueva España y el Perú por los fomentos que diariamente reciben las minas de aquellos reinos. Y siendo evidente que las minas de Huancavelica y Almadén van en decadencia, será preciso que cultivemos las minas de azogue de Ibagué en la montaña de Quindío, o que tomemos de los extranjeros más de los 10.000 quintales que recibimos del Imperio. En esta alternativa no debe dudarse del partido que se ha de tomar, y es preciso decidirnos por el beneficio de las minas de Ibagué. La situación de este lugar, a una jornada del río de la Magdalena, hace sumamente fácil la exportación del azogue a Cartagena, desde donde puede seguir en buques mayores hasta el Perú.
+El plomo, petróleo, estaño, etcétera, se hallan también en el Virreinato, pero como no tienen salida, ni hay industria que los sepa aplicar a los usos de la vida, se desprecian casi del todo, y sólo del plomo se aprovechan para barnizar las lozas bastas de que usa el pueblo. Pasemos a las piedras preciosas.
+De estas las más celebradas, y con razón, son las esmeraldas. Se asegura que las hay en varias partes. Los conquistadores las hallaron en Somondoco, de cuyo cerro, que es uno de los más empinados de la Cordillera Oriental, se traían estas preciosas piedras. La memoria de ellas se ha perdido en aquel distrito, y hoy sólo vemos las esmeraldas que produce la provincia de Muzo. Se sabe que sólo en este Reino se hallan las mejores esmeraldas, pues aunque se creyó que la India Oriental las producía, se han visto obligados a reconocer que las esmeraldas orientales habían pasado allí del Nuevo Mundo. Antiguamente se extraían las esmeraldas por los particulares, y pasaban al comercio. Por disposición de la Corte se halla este ramo incorporado en los de la Corona, beneficiándose hoy por cuenta del Rey. Al principio se creyó que este era el mejor medio de conseguir las esmeraldas con mayor abundancia, pero poco a poco se ha reconocido que los gastos habían sido mayores que los productos. La ignorancia de los administradores de este ramo ocasionaba semejante atraso. Por fin, en el año de 1786, se dio orden para que el director de minas de Mariquita redujese las cosas al estado en que deben estar, y este sabio minero dispuso un plan de trabajos que da esperanzas bien fundadas de que en adelante se conseguirán las esmeraldas que hasta ahora sólo se han buscado inútilmente[13].
+Por lo que hace a la provincia de Muzo, como este ramo era el único que la sostenía, decayó enteramente luego que se estancaron las minas de esmeraldas. De manera que habiendo sido en otro tiempo una de las más ricas y pobladas del Reino, sólo se reconoce hoy el aspecto de la desolación. El Gobierno podría darle vida fomentando la siembra de algodón, café y otros varios frutos preciosos de que abunda, como también de minas de oro, amianto, etcétera, que se hallan descuidadas por falta de estímulos. Entre las minas de piedra debemos contar las gallinejas de color violado pardo; las piedras de Susa, que se hallan en el pueblo de este nombre, y son del color de topacio, y principalmente las amatistas, de que hay minas en Timaná, o sus inmediaciones. Estas últimas se han mandado reconocer de orden superior, pero la mala conducta de los comisionados hizo ilusorias todas estas tentativas. Yo he visto un gran pedazo de matriz de amatistas, que me aseguraron ser traído del mismo Timaná. El partido que se sacaría de estas piedras sería grande si se animase su extracción y corriesen en el comercio. Su consumo es seguro, así en este Reino, donde son muy usados los aderezos y composturas de piedras, como en España y demás países, en que no las hay. Sola una cosa habría que hacer, y es en mi concepto dejar a los particulares la libertad de trabajar las minas de esmeraldas, amatistas, etcétera, vendiéndolas por su cuenta. Si la Real Hacienda se echa sobre los artículos más pingües de comercio, el Reino jamás saldrá de su miseria. Este espíritu fiscal que hasta ahora ha dominado a los virreyes causa los mayores estragos, y si toma fuerzas, en lo sucesivo será preciso que los pocos vasallos que hay sean siempre pobres e incapaces de salir de su infeliz estado.
+La causa de esta propensión a los estancos viene del prurito de los jefes para hacer mérito en la Corte, de donde esperan sus adelantamientos. Así jamás miran por el de sus provincias, y si se les presenta una idea gloriosa y útil al público, o la desprecian del todo, o la promueven con tanta frialdad, que nunca se consiguen sus buenos efectos. Contribuye no poco a esta desgracia la ignorancia de los virreyes en asuntos de política y economía. Hasta ahora la mayor parte ha sido escogida de entre la gente de guerra, que, acostumbrados a un espíritu militar, oyen con desdén los proyectos de mejora y adelantamientos de los pueblos, a quienes tratan frecuentemente con la misma dureza que a un cuerpo de tropa.
+Mientras esto no se reforme como causa de donde dimanan todos los daños, no hay que esperar bonanza alguna, principalmente en este Reino, donde el mal ha hecho progresos extraordinarios. Como amo tiernamente a mi país, como veo sus buenas proporciones para hacerse floreciente, y como conozco las causas de su atraso, propondré con buena intención lo que me parece más a propósito para remediar el mal en su origen.
+A este fin, pues, me parece que debían nombrarse para virreyes de América unos sujetos de conocida aplicación y luces en materia de economía política, y teñidos con algunos rasgos de filosofía. ¿Qué costaría a nuestro Ministerio destinar a estos empleos los que hubiesen manifestado sus talentos en las embajadas extranjeras? Cualquiera se daría por bien servido de venir de Virrey a México, Lima o Santafé, en donde además del sueldo vivirían poco menos que como soberanos por las grandes prerrogativas que les dan las leyes. Estos hombres, acostumbrados a tratar asuntos de política y gobierno, tendrían mucha instrucción y perspicacia en todo lo relativo a comercio, tratados, navegación, etcétera; instruidos en la política y economía de las naciones cultas e industriosas, no es dudoso procurasen fomentar las mismas ideas en América. Aquellos que hubiesen servido las embajadas de París, Londres y República de Holanda, serían los más aptos para estos destinos, pues observando el método con que aquellas naciones sacan de sus colonias riquezas inmensas, sabrían promover los mismos ramos de opulencia entre nosotros.
+El hombre más insensible se forma en su imaginación las ideas más lisonjeras de este proyecto, pues considerando colocados a la cabeza de un Reino unos hombres que han visto los caminos bien abiertos, los puentes facilitados, la navegación corriente, y a oír las sagradas voces de humanidad y bien de los pueblos, se imagina que siempre estarían ocupados en iguales gloriosas empresas en sus gobiernos. Entonces el comercio se facilitaría, crecería la población con la riqueza de las familias, y estas, aseguradas de la saca y despacho de sus frutos, se entregarían ansiosas a la agricultura, las minas, el comercio y todo lo demás que ocupa a las gentes con provecho suyo y de la Monarquía.
+En el manuscrito hay cuatro notas marginales que dicen así:
+Algodón, párrafo número 90, página 55: «En esta guerra, por la prohibición de comercio con neutrales, se han pagado 4 millones de importación en doblones. Esta es la causa de la suma pobreza en que se halla la Metrópoli, ahora que necesita auxilios de dinero para la defensa.
+Hoy necesita la población 3 millones de importación, y en esta guerra han pasado de 4 los que se han introducido por comercio clandestino».
+Canela, párrafo número 98, página 60: «Esta planta es la que Linné llama Myrtus ariophilaga».
+Trapo, párrafo número 122, página 71: «En el día se regula el cacao que sale de Cúcuta en 8.000 cargas anuales, que corresponden a 80.000 arrobas».
+Plata, página 86: «Se perdió el Erario en esta especulación, como le sucede en todas las de su clase. Los empleados nunca miran las cosas con el interés y economía de los particulares. Con la muerte del sabio Delhuyar…».
+Magnum quidem est educandi incitamentum tollere liberos in spem alimentorum.
+PLINIO EN PANEGÍRICO DE TRAJANO
+1. Todos los tiempos y todas las naciones tienen su curso y sus vicisitudes; sus principios débiles y sus épocas de engrandecimiento y de gloria. La infancia de las sociedades, semejante a la de los hombres, es torpe, y lucha largo tiempo para adquirir el vigor y las fuerzas de la juventud. Podemos decir que el Reino de Santafé se halla en este triste estado, y que ahora es cuando comienza a querer adelantar sus pasos. Un golpe sólo suele despertar a una nación de su letargo, y yo contemplo que el premio ofrecido al que mejor demostrare los principios sobre que puede adelantarse la población de esta colonia es un rasgo heroico que manifiesta el patriotismo y buenas ideas que empiezan a reinar entre nosotros. Me parece que veo renacer aquí, porque tal es mi amor al país, aquellos felices tiempos de la Grecia en que, excitados sus habitantes con los estímulos del premio y de la gloria, concurrían con sus obras de imaginación y de manos a formar el pueblo original y más sabio que ha habido en el mundo.
+2. Si contemplamos la elevación del globo hacia esta parte de la esfera; la variedad de sus climas bajo un mismo paralelo; la uniforme templanza de sus estaciones a pesar de los rayos directos del sol; la constante verdura de los campos en las inmediaciones a las cordilleras, y su sucesión continua de flores y frutos, no podremos menos de pronosticar el adelantamiento y la prosperidad de esta preciosa porción de la Monarquía. En efecto, sus circunstancias físicas ayudan poderosamente a su comercio, agricultura y población, y consiguiente a ellas debe ser también el adelantamiento de sus luces, y sería vergonzoso que habiendo caminado las ciencias en el otro hemisferio, de Mediodía al Norte, nos viésemos obligados nosotros a recibirlas de la América Septentrional, en donde comienzan ya a florecer con los más bellos establecimientos.
+3. No tengo a mis compaisanos en tan bajo concepto que crea posible este acontecimiento. Me juzgo por el menor de todos, y si me atrevo a concurrir al premio ofrecido, es tan solamente por manifestar mis anhelos por el bien público, no porque crea conseguirlo.
+4. A pesar de las exageraciones con que los escritores coetáneos a las conquistas de este Reino nos pintan el crecido número de sus habitantes, el que camina con un poco de circunspección y de crítica conoce fácilmente que todos sus cálculos fueron exagerados y que en realidad el número de indios quedó muy atrás de lo que ellos imaginaron. Los muchos bosques antiguos que cubren todo el Reino; los lagos y las ciénagas que por todas partes se registran; los vestigios que han dejado las inundaciones de los ríos; la falta de moneda o de signos representativos de las riquezas, son otras tantas pruebas que demuestran incontestablemente la falta de agricultura, de comercio y de industria que había entre los indios antiguos, consecuencias necesarias de la poquísima población de estos países. Dejemos a Piedrahita desahogar su imaginación pedantesca[14] numerando las veinte mil casas de Bogotá, las leyes civiles y morales de sus reinos, y reflexionemos sobre los principios de la sana filosofía y de la crítica acerca del estado miserable de estas regiones antes que los europeos se estableciesen en ellas.
+5. Las reglas de una disertación corta no me permiten entrar en discusiones profundas acerca de las costumbres de los pueblos indígenas. Basta saber que en el estado de barbarie en que se hallaba sumergido este continente, toda su población consistía en naciones separadas y poco numerosas, que vivían de la caza, de la pesca, del cultivo del maíz —único grano de que tuvieron conocimiento— y de algunas raíces, y que se hacían cruelmente la guerra, no por extender su comercio, o sus riquezas, sino por hacer esclavos y aumentar su caza exclusivamente en aquellos bosques que antes habían sido comunes, o neutrales.
+6. Al aspecto de los europeos y al ruido de sus armas doblaron las rodillas estos salvajes, teniéndolos por dioses, y esta preocupación valió a España el dominio de todo este hemisferio. Y si los primeros conquistadores se hubieran aprovechado del ascendiente que tuvieron sobre los indios a su llegada, y hubieran procurado atraerlos a la nueva dominación con suavidad y con los enlaces del matrimonio, ambas naciones hubieran sido felices y no habría motivo para que se hablase tanto de nuestras invasiones de América[15]. Pero este medio tan fácil de practicar, y que dondequiera ha surtido tan buen efecto, se despreció alternativamente, no sé si por la sencillez misma de los americanos, por su color y falta de barba, o por el orgullo y la soberbia de los conquistadores. Lo cierto es que estos sólo atendieron a dividirse los ricos despojos de una nación que no los había agraviado, y que los recibía con las mayores demostraciones de humanidad.
+7. La corta población que había fue destruida por la espada de los conquistadores y por la esclavitud. Tantos males juntos obligaron a muchos indios a expatriarse voluntariamente, retirándose a los bosques inaccesibles del Reino. Otros resolvieron unánimemente no tener comercio con las mujeres…, único monumento de esta especie que nos ha dejado la historia, y que estaba reservado para el descubrimiento del Nuevo Mundo.
+8. De esta manera, a muy poco tiempo de las conquistas se halló este Virreinato sin gente con qué cultivar sus preciosas minas de oro y plata, única riqueza que poseía, dimanando de esta falta la decadencia de su comercio, de sus ciudades y la miseria general que observamos actualmente. Sucedió a esta colonia lo que al que toma una crecida cantidad de opio: que entra en frenesí, para caer después en una absoluta inacción. Las ciudades de Tunja, Tamalameque, Tocaima y Mariquita son monumentos constantes de la revolución que causó en el Reino la falta de brazos con qué animar las minas. El oro embriagó a nuestros antepasados hasta tal punto que no les dejó conocer el verdadero sistema sobre que debían hacer sus poblaciones. La agricultura, que alimenta al hombre, fue descuidada, las artes y las manufacturas también, y este abandono les hizo soltar bien presto el oro de las manos. Sucediéndoles lo que al perro de la fábula, que soltó la presa que tenía en la boca por coger la sombra que vio en el agua.
+9. Sosegado el primer furor de las conquistas, y consolidadas estas con reglamentos y leyes estables, es cierto que la población no ha ido a menos en este Reino[16]; con todo, sea el espíritu de caballería que reinaba todavía en Europa cuando el descubrimiento del Nuevo Mundo, o sea la ignorancia general de aquellos tiempos, la verdad es que muchos estatutos municipales, lejos de mirar por el adelantamiento de la población, se opusieron a ella, aunque indirectamente. De estos podemos señalar los que concedieron en feudo a los indios bajo el nombre de encomiendas; además de esclavizar a estos infelices, prohibían aquellas leyes que los encomenderos asistiesen en los pueblos más de una noche, lo que apartando los amos de los esclavos impedía que aquellos les hiciesen trabajar, les auxiliasen en sus necesidades, y por último que velasen en sus propios intereses[17], de modo que teniendo este reglamento todos los defectos del derecho feudal, no tenía ninguna de sus buenas cualidades[18].
+10. A este yerro fue consiguiente otro mayor en el repartimiento de las tierras. No hay duda que en la plantificación de una colonia deben repartirse estas con respecto a las facultades que tiene cada colono para su rompimiento y cultivo, pero siempre que por parcialidad, por ignorancia u otras cualesquier causas se proceda excediéndose en estos límites, se da lugar demasiado temprano a la desigualdad de fortunas, de que nacen las consecuencias más tristes para las generaciones sucesivas. Los romanos, que desde su nacimiento levantaron los fundamentos de un poder inmenso, formaron a este fin las mejores leyes agrarias que se conocieron, prohibiendo que los patricios poseyesen más de 500 cahizadas de tierra, ni que los plebeyos obtuviesen más de treinta, limitando la opulencia de los unos y la miseria de los otros, y esta igualdad, dice un célebre político, les hizo aumentar extraordinariamente su población y sus fuerzas. En Roma había tantas cabezas de familia cuantas suertes de tierra, lo que hizo que a los 289 años de su fundación se hallaron de ciudadanos romanos solamente, según refiere Tito Livio, 124.214 cabezas de familia. Debemos suponer que en todo aquel tiempo no cesaron en Roma las guerras con los pueblos vecinos, que aquellos republicanos odiaban el comercio y no tenían manufacturas algunas en qué entretener sus ciudadanos, con que toda su población venía necesariamente de su aplicación al cultivo de la tierra, y de sus excelentes leyes agrarias.
+11. De estas reflexiones resulta que habiéndose repartido las tierras desigualmente cuando se conquistó este Reino, presto se hallaron muchos ciudadanos sin fondos y otros con más de lo que podían cultivar, de que se siguió la miseria de los unos e imposibilidad de casarse, y la necesidad de los otros de dejar gran parte de sus tierras sin aprovechamiento.
+12. El horror con que se vio la introducción de extranjeros en estos países y la severidad con que se prohibió ha tenido a nuestra población en el estado de languidez en que la vemos. Los españoles que vinieron a este Reino fueron poquísimos respecto de su extensión. Los indios habían desaparecido casi del todo, y los negros que se introdujeron, o no probaron bien en estos climas, o eran en tan corto número que no podían reemplazar la pérdida de los habitantes naturales. Así, la prohibición del comercio con los extranjeros en América opuso a nuestra población un obstáculo invencible.
+13. No ha muchos años que se franqueó el comercio de cabotaje, que estuvo prohibido tan largo tiempo. Y estos yerros multiplicados no se pueden atribuir a otra cosa que a la ignorancia de los principios más claros de política[19]. Porque, ¿cómo es posible que de otra manera se pueda creer que en un Estado se prohíba a los vasallos la comunicación de unos puertos a otros, y que las provincias se socorran mutuamente sus necesidades? Consiguiente a este yerro fue el de la expedición de las flotas y galeones que hacían sumamente tardío el comercio de estos dominios con su Metrópoli, y a este respecto todas las correspondencias. La Corte, por esta falta de comunicación, rara vez se instruía de lo que pasaba por acá; los vasallos vivían oprimidos de los gobernadores, y estos, seguros de la impunidad de sus crímenes, cometían los mayores excesos. Fue origen de muchos males esta interrupción de noticias, y prueba evidente del carácter fiel de los americanos la resignación con que lo sufrían sin hacer el más leve amago de inobediencia.
+14. A estos yerros políticos debemos agregar otros físicos que fueron muy poco favorables a nuestra población en sus principios. La fundación de muchos lugares no se hizo con los conocimientos necesarios para la salud y bienestar de sus moradores. Cartagena, Mompox, Muzo y otras ciudades no gozan, aun después de casi 300 años de fundación, toda la salubridad precisa para su adelantamiento. En todos estos pueblos se observan periódicamente varias enfermedades que arruinan todos los años gran parte de su población. Y si no fuera por el comercio de los primeros, y quizá porque sus habitantes se mantienen la mayor parte de pescado —alimento que según la conjetura de un sabio político es aparentísimo para la propagación de la especie humana—, ya no habría gente en aquellos pueblos.
+15. Otros climas hay, y siempre son los cálidos que producen enfermedades lentas pero incurables, y que si no destruyen la población, a lo menos la deforman. Hablo del mal de San Lázaro, que va cundiendo en todo el Reino por los leprosos del Socorro. Esta enfermedad, que proviene, según unos, de la carne de puerco y, según otros, de la demasiada transpiración, hace cada día progresos lastimosos entre aquellos moradores. Como los lienzos bastos de que viste el pueblo en todo el Virreinato son fabricados por gran parte de aquellos infelices, son de temer las consecuencias más funestas para nuestra población si no se aplica con tiempo el remedio conveniente.
+16. Las viruelas son de todos los países, pero en ninguno causan tantos estragos como en América. Ellas destruyen lo que la espada de los conquistadores perdonó[20]. La tardanza con que suele venir este azote hace más sensible sus efectos, y acometiendo a viejos y niños indistintamente produce en nuestra población un vacío irreparable. De esta manera destruida la población en este Reino por la espada, por las minas y enfermedades, imposibilitado su restablecimiento por los reglamentos que prohibían la entrada de extranjeros y embarazaban los progresos de la agricultura, comercio y artes, que se contrariaban en muchas partes por el clima, vino a reducirse al estado de una colonia aislada, que no tiene otros recursos que los de una agricultura débil y miserable. De aquí es que en la prodigiosa extensión de todo el Virreinato no contamos arriba de 2.000.000 de habitantes, después de cerca de 300 años que han pasado desde su conquista.
+17. Para conocer cuán cortos son los recursos de esta población y lo poco que debe esperarse de ella, no hay más que calcular el número de nacidos en cada año, suponiendo, como dije, que el número de habitantes del Reino sea de 2.000.000, y correspondiendo siempre el número de los que nacen al de los existentes en razón de 1 a 23 y 24, y aún más en las ciudades según el comercio y extensión, calcularemos por un término medio que será por 24, diciendo: 2.000.000 por este número, el resultado son 83.333, que es el número de nacidos en año común. Por el mismo estilo se ha llegado a conocer que los muertos son a los vivos como 1 a 29, y haciendo la misma operación, resultan 68.965 muertos en año común, que restados de los 83.333, dejan 14.368, que sería el aumento de nuestra población en cada año, y la que tendríamos dentro de 25 sería, según el mismo principio, de 3.059.200, con corta diferencia. Así pues, para que llegase esta colonia a tener la población que necesita y puede alimentar, sería preciso que pasasen millares de siglos, y que no hubiese en tiempo alguno enfermedades epidémicas ni otras causas que contrariasen su aumento. Veamos entretanto cuáles son los medios de acelerar esta población dentro de un corto número de años. El cuerpo político, dice el amigo de los hombres, puede compararse a un árbol, cuyas raíces son la agricultura; el tronco, la población, y las ramas, las hojas y los frutos, la industria y el comercio. Esta hermosa comparación manifiesta de un golpe el arte de engrandecer un Estado y la necesidad que hay de mantener en él una agricultura floreciente, como principio y origen de la robustez del árbol. Aventuraremos nuestras ideas acerca de un objeto tan esencial.
+18. El descubrimiento del Nuevo Mundo y de las Indias Orientales, después de haber causado en todos los Estados de Europa una extraña revolución política, ha dado origen a innumerables necesidades ficticias, sin las cuales no pueden pasar sus habitantes. El café, el té, el chocolate, etcétera, son objetos de lujo necesarios para todos los cuerpos. Las artes y la medicina han entrado también en parte de estas mismas necesidades, y he aquí una multitud de ramos de agricultura y de comercio con que podemos entretenernos ventajosamente. Si se atiende a que los franceses e ingleses, con el solo cultivo de sus colonias, han triplicado su comercio, su población y sus riquezas, y que nosotros con nuestro oro y plata no hemos hecho otra cosa que empobrecer, se conocerá fácilmente la ventaja de la agricultura sobre las minas.
+19. La prodigiosa extensión de terreno que tenemos en el Reino, su maravillosa fecundidad y la baratura de su precio, nos pone en estado de cultivar con mayores ganancias todos los frutos de las islas, y por consiguiente de darlos a mejor mercado que los extranjeros. Ya se quejan estos de que el aumento de cultura va haciendo decaer el terreno de las islas de su primera fertilidad; teniendo nosotros nuestros terrenos vírgenes, es positivo que en igualdad de extensión cogeríamos duplicados frutos, circunstancia que nos pondrá en estado de venderlos más baratos, con ventaja de nuestra balanza. Sólo hay un inconveniente que temer en esta operación, y es que los extranjeros han perfeccionado extremadamente su cultura, y así sería preciso que nosotros elevásemos la nuestra al mismo grado para que nuestras producciones tuviesen en Europa la misma reputación. Pero esto se podría conseguir con el establecimiento de sociedades patrióticas que ayudasen con sus luces y fondos a la perfección de nuestra labranza. Los franceses mantienen en la Martinica un Tribunal cuyas deliberaciones versan únicamente acerca de los objetos propios al adelantamiento y a la extensión de la agricultura. ¿Y no podremos hacer nosotros otro tanto por la prosperidad de la nuestra?[21].
+20. Sin el auxilio de estos cuerpos patrióticos no hay que esperar ningún progreso, pues sólo ellos de sus fondos podrían pensionar algunos jóvenes aplicados que viajando a las posesiones extranjeras se instruyesen ocularmente en las máquinas de que se valen allí para el mejor y más fácil cultivo de sus producciones. Por este medio conseguiríamos una ventaja incomparable, pero aún quedaba un paso que dar en esta carrera.
+21. Este sería permitir la extracción libre de nuestros frutos a las mismas islas, o cualquier otra parte de Europa en derechura en embarcaciones nacionales. Los comerciantes de la Península no han adquirido aquel grado de reputación que sólo es capaz de las grandes especulaciones del comercio, ni este en general tiene todavía en España la actividad que entre las demás naciones. Así es que dando una vuelta inmensa a nuestros frutos por los puertos de la Metrópoli, o salen demasiado caros, o entretanto se surten las demás naciones de sus propias colonias. Los extranjeros son demasiado celosos de sus intereses, y no hay que esperar que vayan a pagar en España el flete y los derechos de aquellos frutos que ellos mismos cultivan. Sería, pues, lo más seguro llevárselos nosotros mismos, o permitirles la venida de sus navíos a nuestros puertos. En esto no podría haber otro inconveniente que el del contrabando, pero esto sería quizá menos de lo que hoy es si se concediese la venta de aquellas cosas que no se fabrican en la Península y que son de un consumo necesario en estos dominios. Pongo por ejemplo: las harinas, la loza, los pintados, efectos que gastamos generalmente de contrabando sin que se pueda impedir, pues aunque después de la reforma de derechos que ha habido con el establecimiento del comercio libre, gana el comerciante clandestino un 64 por 100 más que el comerciante legítimo. Los franceses e ingleses no son menos celosos del contrabando que nosotros; con todo, permiten recíprocamente todo aquello de que no pueden surtir a sus colonias, por cuya razón siempre se han llevado a Norteamérica los azúcares, los cafés, los aguardientes y el melado de las posesiones francesas, trayéndose en retorno las maderas, las harinas, las carnes, el pescado, etcétera.
+22. Aumentado el comercio con esta libertad, era consiguiente el aumento de nuestra agricultura, y a este respecto el de la población del Reino, que crece siempre en razón de las ganancias que hallan los vasallos en el aprovechamiento de sus tierras. «El pueblo», dice el doctor Franklin, «se aumenta dondequiera a proporción del número de matrimonios, y este número crece según la facilidad que halla el hombre para mantener su familia. En un país en donde abundan los medios de subsistencia, muchas personas se apresuran a casarse». La unión del hombre y de la mujer… sólo puede dejar de hacerse en un país miserable, en que como aquí, carece el pueblo del estímulo de la ganancia, o en un estado oprimido por el lujo y los impuestos que hacen costosísimo el sustento de una familia.
+23. Para aumento de nuestra agricultura, sería igualmente necesario españolizar nuestros indios. La indolencia general de ellos, su estupidez y la insensibilidad que manifiestan hacia todo aquello que mueve y alienta a los demás hombres, hace pensar que vienen de una raza degenerada que se empeora en razón de la distancia de su origen[22].
+Sabemos por experiencias repetidas que entre los animales, las razas se mejoran cruzándolas, y aun podemos decir que esta observación se ha hecho igualmente entre las gentes de que hablamos, pues en las castas medias que salen de la mezcla de indios y blancos son pasaderas. En consecuencia, de estas observaciones y de la facilidad que adquiriría nuestra legislación patria, sería muy de desear que se extinguiesen los indios, confundiéndolos con los blancos, declarándolos libres del tributo y demás cargas propias suyas, y dándoles tierras en propiedad. La codicia de sus heredades haría que muchos blancos y mestizos se casasen con las indias, y al contrario, con lo que dentro de poquísimo tiempo no habría terreno que no estuviese cultivado, en lugar que ahora la mayor parte de los que pertenecen a indios se hallan eriales.
+24. Ya dije que la ilimitada extensión de muchas haciendas ocasiona un vacío grande en la población de estos países. Estas grandes heredades, convirtiendo en pastos las tierras de pan, privan al Reino de gran número de gentes que podrían hallar su suerte en donde ahora se alimentan los animales. Un reglamento que pusiese término a estas grandes heredades haría un servicio importante a esta colonia. La Ley de Enrique VII que permitió a los grandes señores ingleses la enajenación de sus feudos produjo muchas ventajas a la Inglaterra, porque bien presto las posesiones inmensas de los barones se disiparon por grados, y las de los comunes se extendieron. Lo cierto es que en los distritos de Vélez, Socorro, San Gil y Girón, en que todavía no se ha dado lugar a las grandes haciendas, se ve mayor número de gentes que en las demás partes del Reino, y es porque repartidos sus habitantes en pequeñas heredades, cuya propiedad les pertenece, las cultivan con el mayor interés, y tienen suficientemente con ellas para mantener sus familias. Viven aquellas gentes como los primeros romanos y, como ellos aumentan progresivamente su población.
+25. El permiso a la entrada de extranjeros, que se extendió en España en el reinado presente a los puertos de mar, derogando las leyes que lo prohibían, podría igualmente concederse respecto a este Reino, y este sería un gran medio de poblarlo. Este ha sido el principio adoptado en las colonias inglesas de la América Septentrional. La Gran Bretaña, que conoció la importancia de mantener colonias ricas en el Nuevo Mundo, y que no quería hacerlo a costa de su población, inventó primero mandar a sus establecimientos ultramarinos los malhechores de la Metrópoli. Estos se vendían a los labradores, y debían servir 7 o 14 años según la calidad del delito. Presto se disgustaron de estos hombres viciados y propensos siempre a cometer nuevos crímenes, y para reemplazarlos se valieron de los holandeses, que reclutaban de los países de Alemania familias indigentes y las vendían luego a los colonos a quienes servían cuando más 8 años si eran mayores de edad, pero sus hijos menores no salían de la potestad de sus amos hasta cumplir 21 años, término de la mayor edad en las colonias inglesas. En saliendo de esta servidumbre gozaban indistintamente de todos los derechos de ciudadanos, y obtenían las mismas prerrogativas. 2.000 alemanes llegaban todos los años a los puertos de la América Septentrional y acrecentaban su población y riqueza.
+26. No contento con estos socorros, Trumbull, en 1767, fue a ofrecer a los griegos del Peloponeso un asilo en América contra la opresión de los turcos. Consiguió 1.000 emigrantes, que llegaron felizmente a la Florida oriental. El clima y la estación, que eran contrarios, destruyeron una cuarta parte. Lo que escapó del primer desastre ha gozado después de una salud inalterable, y esta pequeña población en 1776 tenía ya cultivada una prodigiosa extensión de terreno, mantenía gran número de animales para su consumo y trabajos, y después de alimentar a sus habitadores exportaba para Europa 65.500 libras de añil. «¡Qué diferencia no se observa», dice un célebre autor, «entre un establecimiento concebido y fundado por un hombre sabio y pacífico, y las conquistas hechas por hombres avaros e ignorantes, entre el estado actual de la América Meridional, y lo que fuera si los que la descubrieron hubieran sido animados del mismo espíritu del buen Trumbull! Su ejemplo enseñará a las otras naciones que la fundación de una colonia no necesita de tantos gastos, sino de un poco de prudencia».
+27. Si los ingleses han conseguido una población respetable careciendo sus colonias de los atractivos del oro y de la plata de que abundan las nuestras, ¿qué no podemos prometernos nosotros de estos agentes tan poderosos? Abramos nuestras posesiones, deroguemos las leyes que lo impiden, y se verá florecer la América, sin necesidad de otra operación. Los progresos que van haciendo las ciencias en estos tiempos hacen creer que esta insociabilidad tendrá fin, y el ejemplo de la isla de la Trinidad hace más probable esta esperanza. Alguna vez se conocerá lo que vale un hombre de 24 o 30 años, sano, robusto y vigoroso, la pérdida que causa al país de donde se expatria, y el presente ventajoso que hace a la nación extranjera, a cuyo suelo lleva sus brazos y su industria, la extraña estupidez de hacer pagar el derecho de hospitalidad al que viene a multiplicar con su trabajo las producciones de la tierra, o las obras de las artes, la profunda política de un pueblo que convida a los moradores de las provincias confinantes a que se fijen en sus pueblos, en sus campos, o a que frecuenten sus provincias, llevando de una lo que falta en otra, y cuán indiferente es el valor de los frutos que deban su nacimiento a manos españolas, o a manos holandesas.
+28. Después que se ha abierto el comercio libre a todos los puertos de la Península, no podemos negar que van recibiendo nuestras costas algún fomento. Pero la tierra adentro está lo mismo que en tiempo de los galeones, por la imposibilidad de nuestros caminos. Las compañías proyectadas por don Bernardo Ward son el único medio que hallo yo adoptable a este objeto tan interesante a nuestra agricultura y comercio interior. Si el proyecto del camino de Opón, concebido según aquella idea, se realiza, podemos prometernos una venta fácil de nuestras harinas en la costa. El Soberano que protege tan generosamente este asunto hará un servicio grande al Reino poniéndonos en estado de dar pan a nuestros puertos. Nil desperandum Teucro duce, et auspice Teucro.
+29. De la agricultura y el comercio: acerquémonos a la industria y veamos cuál es la que conviene al Reino. Sabemos que las artes y manufacturas, dando ocupación a los ciudadanos que no tienen fundos de tierra, y elevando tal vez su industria a un valor inmenso, equilibran las clases del Estado, conteniendo la prepotencia de los propietarios o dueños de las subsistencias. El Reino no puede aspirar por ahora sino a ciertas manufacturas bastas que sirvan para vestir al pueblo, y que no fabricándose en la Madre Patria no pueden entrar en la prohibición de las leyes. «Es un gran beneficio para una provincia pobre», dice el Marqués de Mirabeau, «poner en manos de sus habitadores aquellas cosas que no pueden menos de consumir». La distancia de la Metrópoli, los derechos que pagan las mercadurías europeas y la pésima disposición de nuestros caminos, encarecerían tanto las ropas bastas que últimamente la necesidad hizo inventar a los habitadores de las villas del Socorro y San Gil unos tejidos de algodón que se han hecho generales después para vestuario de las gentes pobres. Además de estas ideas generalmente conocidas acerca del fomento que da la industria, observamos la abundancia de gentes que hay en aquellas villas y el mutuo auxilio que reciben allí la agricultura y el comercio de esta tan corta ocupación. En efecto, la fabricación de los lienzos bastos entretiene con la preparación del algodón, hilado, etcétera, gran número de individuos, entre los cuales podemos enumerar las mujeres y los niños, que en aquellas partes no sirven de peso a los padres ni a los maridos. De esta manera ocupadas todas las familias, y bastando el trabajo de cada persona para su sustento y vestido, no temen unirse con el vínculo del matrimonio porque no temen los inconvenientes que le acompañan en estos países. La provincia de Quito se halla bien poblada sin tener minas, y es porque, como dice muy bien un historiador de América, las manufacturas ejercitan allí los brazos, que las minas enervan en otras partes. Esto nos debiera servir de modelo para que propendiésemos siempre, por medio de las sociedades económicas, al establecimiento de algunas fábricas, en la varia extensión del Reino. Todo hombre de algunos conocimientos sabe la imposibilidad en que se halla nuestra Península de surtir a sus colonias de los géneros que necesitan y que, a pesar de los esfuerzos que se hacen actualmente, no lo conseguiremos jamás. ¿Por qué, pues, lo que recibimos del extranjero no permite que se fabrique en sus posesiones de América? Si hay alguna nación sobre el globo que no necesite de las demás para cosa alguna es seguramente la nuestra, pero un vano recelo la ha fascinado, de tal suerte que prefiere el dolor de derramar sus riquezas entre los extraños a la satisfacción de repartirlas entre sus colonias, cuyos habitantes concurren a su engrandecimiento, y la elevarían a un grado de poder a que no podrá aspirar ninguna otra nación. La independencia de estos dominios es un fantasma con que los demás pueblos nos asustan continuamente, porque ignoran el carácter de fidelidad común a todos los españoles de ambos mundos, a más de que bajo un gobierno dulce y humano no son de temer semejantes revoluciones.
+30. Supuesto, pues, que España, aunque todos sus moradores se convirtieran en fabricantes, no puede por sí sola surtir a sus colonias de los efectos que necesitan, se podrían establecer aquí con gran reputación por la abundancia de primeras materias, fábricas de cotonías, de sargas, vidrio, loza, papel, etcétera, y entonces vendrían de allá los géneros finos que tienen salida entre las gentes ricas, y que por su corto volumen y peso pueden llegar aquí a precios soportables. De este modo permanecerían las riquezas encontradas en la misma nación, y el oro y la plata vivificarían asombrosamente estos dominios a quienes el peso de la pobreza mantendrá largo tiempo en su infeliz estado si no se adoptan estas saludables ideas.
+31. Hasta aquí hemos hablado solamente de las reformas que deben hacerse en punto de agricultura, comercio e industria. Reflexionemos ahora acerca de las causas físicas que atrasan nuestra población.
+32. La ignorancia de los conquistadores en materias físicas, y su espíritu quijotesco, no les dejó prever a los principios las consecuencias de la mala fundación de muchos lugares. Se ataron puramente a las circunstancias que les hacían obrar en aquel tiempo de turbación, y no atendieron a la salud de sus descendientes. Cartagena, Mompox, Honda, etcétera, fueron en aquellos tiempos sepulcro más bien que habitación de sus ciudadanos. Los bosques inmensos de que están rodeadas aquellas villas que embarazan la libre circulación del aire, las lagunas y ciénagas que las circundan, y las inundaciones de los ríos que pasan por sus inmediaciones, son origen de las enfermedades que reinan en aquellos pueblos. Un poco de actividad bastaría para que limpiando los campos y oponiendo diques a los ríos cesase de una vez para siempre el motivo de tantos males. ¿Qué objeto más digno de la atención del Gobierno?
+33. Aun es más sencillo el remedio que podría ponerse a la lepra del Socorro. Este mal, sea cual fuere la denominación que le den, es contagioso, inutiliza a los que acomete, y sobre todo es incurable, circunstancias que lo hacen mirar en aquellos parajes como un azote terrible. Se me ha asegurado por personas inteligentes y verídicas que pasan de 300 los leprosos que existen en las jurisdicciones del Socorro, San Gil y Girón. Para remitir al hospital de San Lázaro de Cartagena tan crecido número de infelices no hay fondos suficientes, a más de que cuando se trata de hacerlo se ocultan los más por la casi certidumbre de morir en el camino, o por el odio con que se mira a aquella plaza en todo el Reino. De aquí es que siempre quedan más, que van inficionando a los demás, y aunque se conozcan, se toleran por la imposibilidad de separarlos. Estoy seguro, por los conocimientos que tengo en el asunto, de que siguiendo el plan que hasta ahora se ha adoptado, jamás se extinguirá la lepra en aquellas poblaciones, y sólo construyendo un hospital general en las mismas jurisdicciones, adonde se lleven indistintamente todos los atacados de este mal, se podrá conseguir su total exterminio. El cuartillo de aguardiente sería suficiente para esta obra, extendiendo su concesión a las dos provincias de Tunja y Llanos de Casanare, pues el hospital no se reduce a otra cosa que a un cercado grande distante de toda comunicación, dentro del cual los mismos leprosos podrían fabricar casas a muy poca costa. Establecido el hospital en un paraje proporcionado, aunque se ocultasen por algún tiempo algunos lazarinos, luego que fuesen descubiertos, serían conducidos a él irremediablemente, y recibirían allí los socorros de la caridad de sus hijos, deudos y amigos, gozarían del producto de sus caudales, si eran ricos, y tendrían el consuelo de vivir y morir en sus aires nativos. Por este medio y prohibiendo estrechamente la unión de hombres y mujeres, aunque fuese legítima, es positivo que se extinguiría la lepra dentro de cincuenta años, y no se desacreditarían los tejidos de aquellos pueblos.
+34. Las viruelas tienen dos remedios que igualmente pueden aplicarse en este Reino. El más seguro sería evitar su introducción, por medio de cuarentenas bien arregladas, luego que se conociese el contagio, o estableciendo en los puertos, y siempre lejos de poblado, hospitales destinados a curar indistintamente a todos aquellos que fuesen acometidos del mal. El otro es la inoculación bien dirigida. Este remedio, cuando no se puede evitar el mal, es el único que ha prevalecido entre las naciones sabias de Europa; se adoptó generalmente en Inglaterra y sus colonias de América Septentrional, y ha producido en la última epidemia de 1783 los más bellos efectos, a pesar del fanatismo que intentó desacreditarlo. Si nos hacemos cargo de que en Europa, donde por ser endémico este mal, sólo acomete a los niños, que son los que mejor lo pasan, se lleva con todo más de la décima parte, ¿cuánto será el número de los que arrebatan las viruelas en las demás poblaciones, acometiendo a niños, jóvenes y muchas veces aun a los viejos, por el dilatado tiempo que suele mediar de una epidemia a otra? Esta consideración y los ejemplares que tenemos a la vista, principalmente el del año 1783, en que murieron en la sola capital cerca de 4.000 personas, harán que en lo sucesivo se tomen todas las precauciones imaginables a fin de evitar o suavizar este terrible azote de la humanidad.
+35. El remedio que necesitan las demás enfermedades propias de estos climas pende del estudio de la medicina y de la fundación de hospitales. Ambos objetos se hallan lastimosamente descuidados, y es un dolor que habiendo en Santafé tantas cátedras de Teología —facultad que a excepción de la Moral es muy poco necesaria en estos países— no se haya puesto cuidado en una de Medicina, tan útil al hombre en el estado de enfermedad en que le faltan todos los recursos y le cercan todas las necesidades. No tengo qué decir acerca de esto, sino que los padres de la Patria lo pueden remediar si los votos y necesidades del Reino merecen algún aprecio en su corazón.
+36. No son menos embarazosos a la población —porque lo son al cultivo y a la industria— los demasiados días de fiesta. Como la mayor parte de nuestros labradores viven desparramados en los campos, y distantes de los lugares, el día de fiesta, aunque no sea más que de oír misa, lo pierden del todo, si han de cumplir con el precepto. En la ida y vuelta al lugar gastan lo mejor, que es la mañana. Este inconveniente es mucho más grande en aquellos pueblos de mucha extensión en que tiene el párroco que esperar más largo tiempo para decir la misa. El remedio que esto tiene bien se deja entender, que es reducir los citados días a menor número, o arreglar la población al modo de Europa, pero esto último en las circunstancias de hoy es de mayor inconveniente para la agricultura, porque ahora el labrador vive en medio de sus sembrados y cuida de ellos día y noche en vez de que retirado al lugar dejaba expuesta su heredad a los tiros de los ladrones.
+37. Aunque el número de nuestras tropas no es muy crecido, con todo, los soldados se hallan sin destino al tiempo de cumplir sus empeños. Podrían repartírseles tierras realengas en propiedad al modo que hicieron los ingleses en la Florida. Esa sería una gran recompensa, y el soldado viviría y serviría más gustosamente con la esperanza de hallar después de su tiempo una suerte de tierra capaz de alimentarlo el resto de su vida.
+38. Últimamente me parece que para fomentar nuestra población por todos los medios posibles se debían proporcionar los establecimientos según las circunstancias del Reino. Por ejemplo: los estudios radicados en la capital, en donde los víveres son forzosamente más caros, y en donde el ejemplo de la corrupción gana más prontamente a los jóvenes, debían fijarse en otros lugares que por su temperamento, la baratura de sus víveres y hermosura de sus campos fuese más a propósito para el estudio y recreo de los que turnan esta carrera.
+La tropa podría igualmente repartirse en los lugares pobres, y de este modo se vivificaría mucha parte del Reino. Todo el secreto de la vivificación interior consiste, según el Amigo de los Hombres, en que el príncipe lleve sus auxilios y soldados a aquel país en donde los súbditos son muy cortos, o que si mayor urgencia se lo impide, haga bajar aquellos a proporción del desembolso que allí se haga.
+39. Concluyo esta memoria diciendo que la población sólo puede aumentarse en razón de la cultura de las tierras, de la industria y del comercio, y que estos ramos se hallan tan íntimamente enlazados que no pueden desunirse sin que decaiga la población de un Estado. Que mientras no se abran al comercio y naturalización de extranjeros, y se franqueen los caminos por tierra, no tendrán salida nuestros frutos ni aumento nuestra agricultura. Que si no se estimulan las manufacturas bastas, será siempre lo interior del Reino un desierto vasto porque su distancia a las costas opone un obstáculo invencible a su comercio.
+Y si a estas providencias generales se agregan otras particulares que apunto, y de las cuales ninguna es gravosa al Soberano, ni a sus vasallos, conseguiremos dentro de muy poco tiempo una población respetable, y en lugar de los 2.000.000 de almas que contamos podremos lisonjearnos de tocar aquel número de gentes que como increíble leemos en las historias que hubo en España y en otras regiones en tiempo de los romanos[23]. Yo lo deseo por el bien de mi patria, a cuyo fomento, ya que no puedo concurrir con mi caudal, como el noble patriota que excita este discurso, concurrí gustoso en el débil eco de mi voz, hasta exhalar el último aliento.
+En el manuscrito hay cinco notas marginales que dicen así:
+Párrafo número 7, folio 4 (a la vuelta) del original: «El autor no habla de la nación; sólo trata del furor de los conquistadores que se sabe eran hombres por la mayor parte sin educación, aventureros, etcétera. La nación es un cuerpo muy respetable y el que puso estas notas pudo excusar al autor una acusación tan [¿injusta?]».
+Párrafo número 19, folio 15 (a la vuelta) del original: «Colocada esta junta a suma distancia de las tierras de labor y compuesta de negociantes sin luces ni amor al país, nada ha hecho ni hará, ni puede hacer desde allí en beneficio de la agricultura, los caminos, etcétera. Sólo ha servido para aumentar las cargas y formar los pleitos aquel tribunal y las disputaciones por lo interior».
+Párrafo número 34, folio 29 (a la vuelta) del original: «El descubrimiento de la vacuna ha evitado ya los estragos de la viruela, pero se conserva en muy pocos lugares del Reino, y no tarda en perderse este precioso antídoto».
+Párrafo número 34, folio 30 (a la vuelta) del original: «Ya se estableció en el Colegio Mayor del Rosario, y actualmente practican 8 jóvenes que hicieron grandes progresos bajo los auspicios de D. D. Vicente Tejada, natural de este Reino, hombre tan eminente en la medicina que por antonomasia le llaman el Divino, el Sabio, etcétera».
+Párrafo número 39, folio 33 (a la vuelta) del original: «En este año de 1809 se regulan ya cerca de 4.000.000, aunque por el descuido, etcétera, no se ha hecho un catastro exacto. La regulación del autor también se cree muy inferior al verdadero [estado] de la vida que había entonces».
+Excelentísimo señor:
+Uno de los puntos de gobierno que más interesa la felicidad pública es la conveniencia y facilidad con que deben ser auxiliados los traficantes porque, siendo ellos los que nos traen lo necesario y nos compran lo superfluo, son acreedores de preferencia a la atención de los que gobiernan, si queremos tener despacho de nuestros frutos y utilidad en los precios de aquellos que compramos.
+Entre los muchos estorbos que hay que remover para aspirar al grado de felicidad que necesita el comercio interior del Reino es sin contradicción uno de los principales la falta de albergue, o posadas, que se experimenta en todas partes. La escasez de población, la falta de cultura y de comercio que sufrimos con el mayor dolor han sido causa de que los traficantes se hayan acomodado en los caminos de tierra a marchar prevenidos de tiendas en que se abrigan por la noche, soltando sus recuas al campo a que pasten la yerba que encuentran. De esta manera, careciendo de pesebres y de aquellas provisiones de paja y cebada con que en Europa se sustentan los animales de carga, necesitan forzosamente de hacer noche en aquellos lugares más aparentes por sus pastos para el regalo de sus bestias. La experiencia les ha ido enseñando estos parajes, que ellos llaman rancherías, y en ellos han fundado un derecho que nadie sabría quitarles sin incurrir en la indignación pública.
+Vuestra Excelencia bien conoce que sin esta circunstancia, y faltando absolutamente el arreglo de posadas, sería imposible mantener tal cual el tráfico interior, aun en el estado de languidez que hoy tiene. Pues con todo, a pesar de estas razones, a pesar también del bien público que debía ser el ídolo del hombre colocado en sociedad, hay gentes tan avaras de un pie de tierra, que han cercado los pastos destinados a las recuas de los pasajeros, cuya libertad no es ya de un derecho privado, sino del público de todo un Reino.
+Las quejas que he tenido sobre este asunto, el reconocimiento ocular que yo mismo he verificado, los inconvenientes que resultan al tráfico general y el interés que tomo en prevenir los abusos contrarios al bien universal de mis paisanos, me mueven a suplicar a Vuestra Excelencia se sirva concederme facultad para hacer abrir las citadas rancherías de modo que los caminantes tengan donde soltar sus recuas. Muéveme a esta solicitud —sin embargo de tener yo autoridad bastante por mi empleo— el que algunas personas de las que han cercado los caminos son de aquellas que por su caudal o su conexión en esa capital desdeñan la autoridad subalterna y amenazan a todo el mundo con implicarle en pleitos odiosos a la buena administración de justicia y a unos procederes legales, cuales yo intento, lo cual cesará sin duda procediendo autorizado de Vuestra Excelencia.
+Nuestro Señor guarde a Vuestra Excelencia muchos años.
+Zipaquirá, 10 de noviembre de 1789.
+Excelentísimo señor,
+PEDRO FERMÍN DE VARGAS
+En el texto hay dos notas marginales que dicen así:
+«Excelentísimo señor Virrey don José de Ezpeleta.
+«N.° 4.° El Corregidor de Zipaquirá expone a Vuestra Excelencia el modo con que se hace hoy el comercio del Reino: los inconvenientes que sufre por haber cercado muchos hacendados poderosos los pastos comunes, y lo útil que será hacerlos abrir para que pasten las recuas de los traficantes.…Santafé, 20 de noviembre de 1789.—Vista al señor Fiscal. (Hay una rúbrica). Alonso.—».
+«Excelentísimo señor: el Fiscal dice que se sirva Vuestra Excelencia prevenir al Corregidor de Zipaquirá que puede proceder a examinar las causas que habían intervenido para cerrar los pastos comunes, y que conforme a lo que resultase proceda a tomar las providencias convenientes en beneficio del público,—Santafé, y noviembre 23 de 1789.—Andino.—».
+Nullum est enim magno principe immortalitatemque merituro impendii genus dignius, quam quod erogatur in posteros.
+PLINIO, PANEGÍRICO DE TRAJANO
+El carácter más distintivo de la moral cristiana es el precio eminente que ofrece a la caridad. Los antiguos honraron sin duda las virtudes benéficas, pero el modo de confiar continuamente el pobre y el miserable a la protección y el socorro del rico y poderoso pertenece esencialmente a la moral de nuestra religión. Yo admiro sobre todo la sagrada lección que nos da el Legislador de los cristianos manifestándonos la estrecha unión establecida entre nuestros sentimientos para con el Supremo Ser y nuestras obligaciones para con los hombres. Así, después de haber dicho que el amor de Dios es el primer mandamiento de la Ley, añade el Evangelio «y el segundo, que le es semejante, es amar a su prójimo como a sí mismo». ¿Puede haber cosa más tierna ni más sublime que ofrecer continuamente a nuestro espíritu la idea de un Dios que toma como propio el reconocimiento de los desgraciados?
+La justicia, el respeto a las leyes y los oficios para con uno mismo pueden depender en cierto modo de la prudencia humana. La bondad sola entre todas las virtudes presenta un carácter muy diferente y parece tener relación con aquella intención primera que debemos suponer en el Creador cuando queremos hallar el motivo de todo lo que existe. Así, las exhortaciones vehementes a la beneficencia y a la caridad que se hallan a cada paso en el Evangelio deben elevar nuestros pensamientos y penetrarnos de un profundo respeto. Ellas nos acuerdan un sentimiento más antiguo que el mundo al que debemos la existencia, la felicidad presente y las esperanzas de la futura.
+Y si del alto punto donde hemos elevado nuestras ideas por un instante descendemos a los principios políticos que tienen más extensión, hallaremos también la influencia de una verdad sobre la cual se han explicado otros muchos, pero que yo aplicaré de un modo diferente en esta ocasión. La desigual división de riquezas ha introducido entre los hombres una autoridad semejante a la de los amos para con sus esclavos, y aun se puede decir con exactitud que a ciertas consideraciones el imperio de los ricos es más independiente porque no están obligados a ninguna protección constante hacia los pobres, cuyos servicios exigen. Los gustos y las fantasías de estos dichosos favoritos de la fortuna fijan el término de sus convenciones con aquellos, y al instante que esta convención se interrumpe, el pobre absolutamente separado del rico queda abandonado a la contingencia de su destino, obligado a ofrecer con precipitación su trabajo a otros, expuesto a las negativas de estos, y experimenta muchas veces al año las inquietudes que trae consigo la incertidumbre de sus recursos.
+Apoyando las leyes esta constitución, se supone que en medio de las relaciones multiplicadas de la vida social había una especie de balanza y de igualdad entre las necesidades que obligan a los unos a solicitar el salario y los deseos que empeñan a los otros a aceptar el trabajo que les ofrecen. Pero este equilibrio tan necesario no puede jamás establecerse de un modo cierto y constante, porque debe ser el resultado de un concurso ciego de combinaciones y un efecto incierto de una multitud infinita de movimientos que no están sujetos a una dirección positiva. Sin embargo, desde que para mantener la distinción de propiedades se han visto en la necesidad de dejar al acaso o confiar cuando más a simples verosimilitudes el destino del más grande número de los hombres, era indispensable hallar alguna idea saludable propia para templar los abusos inseparables del libre ejercicio de los derechos de propiedad, y esta idea dichosa y consolatriz no se podía descubrir sino en una obligación de beneficencia impuesta a la voluntad soberana y en un espíritu general de caridad recomendado a todos los hombres; estos sentimientos, estas obligaciones, último recurso ofrecido al infortunio, podían solas endulzar un sistema en el cual la suerte de la más numerosa porción de una nación reposa sobre la armonía dudosa y fortuita de las conveniencias del rico con las necesidades del pobre. Así es que la caridad, respetable bajo tantos aspectos, se hace la idea inteligente y política que amalgama al mismo tiempo la libertad personal con las leyes imperiosas de la propiedad.
+No sé si se ha considerado hasta ahora la religión cristiana bajo este aspecto, pero entregándose uno a estas reflexiones se percibe más que nunca de cuánta importancia es para los hombres la saludable instrucción que pone en el primer grado de nuestras obligaciones el espíritu de beneficencia y caridad y que da a la virtud más esencial toda la fuerza y constancia que nacen de un sentimiento religioso.
+No es a los sacrificios pecuniarios que el Evangelio aplica únicamente sus preceptos de caridad. Los extiende también hasta aquellos votos generosos que la religión sola puede hacer soportables. Ella es la que hace bajar con pasos firmes a aquellas mansiones obscuras en donde el hombre culpable se halla encerrado por los delirios de su propio corazón. Los mismos sentimientos, los mismos motivos son los que hacen renunciar al mundo y sus esperanzas por consagrarse enteramente al servicio de los pobres enfermos y para ejercitar aquellas tristes y repugnantes funciones con una continuación y constancia que no podrían excitar las recompensas más brillantes.
+Y si nos acercamos a las ideas políticas conocidas de todo el mundo, se verá con cuánta razón los príncipes y señores de la tierra deben fomentar aquellas casas de asilo en donde el pobre y el necesitado hallan un recurso cierto en sus enfermedades. En efecto, no pudiendo ahorrar la mayor parte de los ciudadanos nada de aquel preciso contingente que diariamente ganan con su trabajo, morirían de necesidad y de miseria en el más ligero accidente si el Gobierno no hubiese pensado en hacerse cargo de alimentar y curar estos hijos desvalidos, cuya subsistencia asegura el vigor y poder del Estado. Habiendo adoptado todos los reinos este sistema de beneficencia y caridad, han fundado sus hospitales bajo diversas reglas e instituciones. Entre nosotros a los principios se creyó que ninguna nación podría excedernos, pues, además del espíritu caritativo, vieron nacer nuestros mayores en el seno mismo de España la institución más humana y más digna de nuestra religión. Esta congregación de caridad, el celo de los monarcas que la protegieron, el fervor del santo fundador y el que persevera aún en sus dichosos sucesores, ha llenado la nación de gloria y puesto a nuestros pobres en un estado de seguridad el más constante.
+Aún en este Reino vemos desde el principio de su conquista el espíritu de caridad derramado con la mayor abundancia, y apenas hay lugar de mediana población en donde no haya un hospital. Es verdad que habiéndose fundado todos sin conocimiento de los principios más esenciales de medicina y política, han causado algunos más daños que provecho, habiéndose arruinado otros por descuido o negligencia. Caminando sobre esta idea y habiendo consultado las personas más inteligentes en el asunto, propondremos el plan de nuestro hospital bajo las reglas siguientes:
+1.ª Nada interesa más en estas fundaciones como la claridad y sencillez en el manejo de las rentas y su distribución económica. Y teniendo a la vista los muchos ejemplares que hay en el Reino de hospitales fundados con crecidísimos caudales que en el día se hallan absolutamente exhaustos y sin nervio, ha parecido mejor no encargar el cuidado del de Zipaquirá a ninguna comunidad religiosa sino a otro sistema que ha probado muy bien en otras partes. En consecuencia de esto, el hospital de Zipaquirá será real, estará sujeto inmediatamente al Excelentísimo señor Virrey del Reino, quien podrá disponer a su arbitrio de todo lo concerniente a sus constituciones y se llamará el Hospital Real de San Pedro.
+2.ª Es muy difícil establecer la administración de un hospital de un modo que evite todas las negligencias o los abusos. Cuando se consideran las ventajas de la unidad de ideas y pensamientos, nada parece más útil que la administración de una sola persona, pero cuando se contempla la dificultad de conseguirla de la confianza y actividad que se necesitan, se ve uno obligado a preferir una administración colectiva. Todas las dificultades se evitarán si confiamos la dirección de nuestro hospital a un Administrador con 300 pesos anuales de sueldo, que velando inmediatamente sobre la conducta de todos los dependientes de él, corriendo con el manejo de sus rentas y afianzándolas, esté sujeto a una junta compuesta del Corregidor de Zipaquirá, los dos alcaldes y dos vecinos de los más honrados y celosos, nativos de allí y escogidos cada dos años de entre los ocho representantes del pueblo.
+3.ª En casa del Corregidor, los primeros domingos de cada mes se juntarán a las once del día los sobredichos, el Administrador del Hospital, el Médico y el Capellán. Traerá el Administrador el estado mensual de gastos y el Capellán el de los muertos y curados en el mes, y se tratará allí de todo lo concerniente a la mayor economía, el arreglo y la buena disposición del Hospital, sin perder de vista la buena asistencia y el tratamiento de los enfermos, exponiendo cada uno su dictamen sin empeño de sostenerlo si es injusto, sino por pura caridad y amor a sus prójimos, lo que les hará evitar disputas y animosidades tan ajenas de la buena crianza como de la moderación cristiana.
+4.ª A fin de que el Administrador ni los demás subalternos del Hospital no se descuiden en el cumplimiento de sus obligaciones, tendrá cuidado el Corregidor y los dos alcaldes de visitar, cada uno en días separados de la semana, el Hospital, a las horas en que se da de comer a los enfermos o a cualquier otra que les parezca mejor. De esta manera no sabiendo el día fijo en que pueden concurrir los jueces, tendrá cuidado el Administrador de que las cosas vayan con la formalidad debida, a cuyo efecto el Corregidor y los alcaldes conferenciarán primero y citarán el día de la semana en que cada uno haga su visita, para que siempre sean diferentes y no concurran todos en uno mismo.
+5.ª Si encontrasen en estas visitas semanales algunas cosas dignas de reparo, las advertirán al Administrador para que las enmiende, y no ejecutándolo, lo avisarán a la Junta mensual, y esta procurará su arreglo por todos los medios posibles a pluralidad de votos, consultando, en caso de ser muy grave el asunto, al Superior Gobierno.
+6.ª El Administrador hará de todos los estados mensuales uno general, al fin de cada año, que presentará a la Junta del mes de enero siguiente, la que, con el estado de muertos y curados en el Hospital, que habrá de dar el Capellán, los pasará ambos al Superior Gobierno para que, enterada la superioridad del estado del Hospital, haga las prevenciones que tenga por convenientes en el asunto.
+7.ª Por repetidas funestas experiencias sabemos los grandes inconvenientes que producen los hospitales, la inmediación de los enfermos, haciéndose las enfermedades muchas veces incurables por este malísimo método. A este fin se dispondrán en el Hospital de Zipaquirá las salas de enfermerías con el ancho y largo correspondientes, no sólo a evitar la cercanía de los enfermos sino también a proporcionar el debido desahogo para su servicio y que los dependientes puedan entrar sin embarazo.
+8.ª Cada sala tendrá el número de ventanas correspondientes a su magnitud, con el objeto de que el aire no se corrompa, pero no tendrán comunicación unas salas con otras, sino que se mandarán por los corredores.
+9.ª Es indispensable hacer dos salas para la convalecencia de hombres y mujeres separadamente.
+10.ª Nada es más triste para un enfermo como el oír las voces y suspiros de un moribundo, y mucho más verle expirar a su lado. Para evitar este inconveniente, que a muchos podría acarrear la muerte o acelerarla cuando menos, se dispondrá una pieza separada de las enfermerías en donde quepan 6 u 8 camas, y allí se trasladarán los enfermos de las salas grandes que se hallaren desahuciados por el médico. Advirtiendo lo mismo por lo tocante a las mujeres moribundas.
+11.ª Como pueden entrar en el Hospital algunos enfermos de males contagiosos, sería grande embarazo que estos se alojasen en las mismas salas de los de enfermedades agudas no contagiosas. Para aquellos, pues, y los que necesitaren tomar unciones, se harán dos apartamentos separados, en donde puedan mantenerse con el abrigo y cuidado convenientes.
+12.ª Supuesto que el Hospital se ha de construir unido a la capilla de La Luz, que hay en Zipaquirá, no se conceptúa necesario hacer otra en donde oigan misa los enfermos desde su cama. Ellos no están obligados a esta acción religiosa, y es indecente, por otra parte, exponer a la fetidez y pestilencia de un hospital al Santo de los Santos, que no debe adorarse sino entre perfumes los más preciosos. Los convalecientes podrán oír misa en la capilla, para lo que se le abrirá comunicación al lado del Hospital.
+13.ª Finalmente, para cocina, despensa, ropería, habitación del Capellán y Administrador, cuarto de botica, etcétera, se edificará lo conveniente según el plano adjunto en donde va especificado todo más pormenor.
+14.ª Supuesto que los indios de Zipaquirá y Nemocón —pues los de Tausa viven en este último pueblo— concurren con el caudal necesario para la construcción del Hospital y a más de eso con 3.000 pesos anuales para sus rentas, serán admitidos en sus enfermedades con preferencia a cualesquier otros, a cuyo fin traerán certificaciones de sus curas u otra persona conocida.
+15.ª En defecto de estos se admitirán los indios de los otros pueblos comarcanos, y últimamente los blancos, con preferencia los de Zipaquirá a los de otros lugares, haciendo constar a la entrada, con certificación del cura u otro eclesiástico, la indigencia en que se hallan.
+16.ª A fin de que los remedios de botica salgan con toda la comodidad posible, se destinarán 2.000 pesos por una sola vez para traerlos de España. De estos se venderán al público los que apetezca, con cuyo producto es indudable habrá para mantener la botica siempre surtida, dando de balde los medicamentos que se necesiten en el Hospital.
+17.ª Se destinarán anualmente 50 pesos para comprar lienzo, frazadas, esteras, etcétera, para las camas de los enfermos, pero de primera vez se dará el dinero necesario para comprar todos estos artículos.
+18.ª También se destinará una suma módica para comprar tazas, vasos, ollas, etcétera, cuya cantidad y su respectiva cuenta se deja a la conciencia del Administrador del Hospital, a quien se le pasará no excediendo de aquello que parezca regular.
+19.ª Empleados y sus sueldos. Hemos hablado del Administrador del Hospital y el sueldo que debe tener; falta el Médico. El modo de conseguirlo con las circunstancias necesarias es la asignación de un buen sueldo. Para esto, pues, ha parecido conveniente destinarle 500 pesos anuales, prometiéndonos que, de este modo, cualquier hombre de talento, atendido el poco trabajo que ofrecen 32 enfermos —que son los que por ahora se admitirán—, el ningún lujo del lugar y la escasez de facultativos de aquellos contornos, no dejará de preferir la plaza del Médico del Hospital de Zipaquirá a la subsistencia precaria de la capital o cualquier otro lugar pudiendo allí estudiar con más desahogo y aplicarse al conocimiento de las plantas indígenas y sus virtudes. La plaza de Médico de Zipaquirá será también un poderoso estímulo a la aplicación de nuestra juventud a la medicina, si conseguimos que se establezca en la capital una cátedra de esta facultad, que hace tanta falta.
+20.ª Serán, pues, los empleados en el Hospital, con sus respectivos sueldos, los siguientes:
+Pesos
+Un Médico
+500
+Un Administrador
+300
+Un Boticario
+200
+Un Capellán
+200
+Un Enfermero
+96
+Una Enfermera
+60
+Una Cocinera
+60
+Una segunda para barrer, etcétera
+30
+Una Lavandera
+30
+Un Barbero, Ropero y Despensero
+120
+Dos mozos ayudantes de los enfermeros
+48
+Número de raciones diarias para treintaidós enfermos y dependientes del hospital, computadas a real diario
+1.961,7
+Para camas, frazadas, etcétera.
+50
+ ————
+3.655,7
+21.ª Obligaciones de los empleados. Administrador. El empleo de mayor consideración es el de Administrador del Hospital. Es preciso que sea una persona de mucha confianza y actividad. Tendrá obligación de cobrar las rentas del Hospital y las afianzará a satisfacción de la Junta. Correrá con la cuenta y razón de los gastos de Hospital, llevando libros de entrada y salida por cargo y data diariamente, para formar, según ellos, el estado mensual de gastos que presentará a la misma Junta. Hará repuestos de mantas, lienzos, frazadas, vasos, tazas, etcétera, pertenecientes a la cama y el servicio de los enfermos. Contratará los víveres por junto para que salgan más baratos, y los que sean de mayor permanencia como azúcar, cacao, etcétera, los conseguirá de primera mano si pudiere. En las visitas diarias que hará el Médico a los enfermos, le acompañará con un cuaderno en que asentará las raciones de los enfermos según lo preceptuare el Médico, quien firmará al fin de todas las partidas para evitar fraudes.
+Velará sobre la conducta de todos los dependientes del Hospital, quienes le obedecerán en todo dándole razón de sus peculiares obligaciones, como que el Administrador es responsable de su conducta en los ramos que cada uno manejare. Podrá despedir, de acuerdo con el Corregidor, los sirvientes que no cumplieren con su obligación, poniendo otros en su lugar de acuerdo con el mismo. Finalmente, satisfará el salario mensual a todos los dependientes, exigiendo recibo y, de todos los estados mensuales que presentare a la Junta, formará en fin de año uno general, que servirá de cuenta para que la Junta lo examine, apruebe o glose, según le pareciere, y los remita últimamente al Superior Gobierno.
+22.ª Obligaciones del Médico. Considerándose suficientemente dotado el Médico con los 500 pesos que se le han señalado, deberá cumplir exactamente con todo lo que corresponde a este oficio, y así, será de su obligación visitar dos veces cada día los enfermos, una por la mañana, de siete a ocho, y otra por la tarde, de tres a cuatro, cuidando se guarde mucho silencio y quietud para que cada uno de los que le acompañen note sin equivocación lo que ordenare, indagando si los medicamentos se dieron a las horas que dispuso, si están hechos según arte, si ha habido alguna equivocación en suministrarlos, para que, enterado de todo, se remedie el desorden y no lo padezcan los enfermos. A más de las horas dichas, deberá concurrir siempre y cuando sea llamado por necesidad, aumentando también las visitas si algún enfermo lo necesitare. Averiguará con discreción si el pan, la carne y demás alimentos tienen algunos defectos que puedan ser nocivos a los pacientes, y de todo cuanto notare opuesto al buen método que debe observarse dará cuenta a la Junta. Tendrá gran cuidado de hacer separar sin pérdida de tiempo los que se hallaren con enfermedades contagiosas, para que no se contaminen los demás. Firmará el cuaderno en donde se apuntan las raciones de los enfermos, abajo de todas las partidas diarias que mandare.
+23.ª Obligaciones del Boticario. El Boticario irá con el Médico a visitar a los enfermos con un cuaderno donde llevará apuntado el día en que entró el enfermo, con todas las recetas que se le han dado. Entregará al Enfermero los medicamentos con un rótulo del número de la cama y con las horas a que se le han de dar. Será también de su obligación ejecutar lo que el Médico le prevenga acerca de visitar algún enfermo grave en horas extraordinarias, con el fin de ver si se le dan los medicamentos, y de avisar al médico de lo que observe.
+24.ª Obligaciones del Barbero. El Barbero-cirujano asistirá a las horas señaladas con el Médico, observando lo que este le mande tocante su facultad, lo que apuntará en un cuaderno que llevará para el asunto. Estará sujeto enteramente a las órdenes del Médico para hacer aquellas operaciones que este le ordene. Como en el número de camas que se establecen habrá muy pocas operaciones que ejecutar, pertenecientes a la cirugía, se encomendarán al Barbero las obligaciones de ropero, con vivienda dentro del Hospital. Según este nuevo empleo, será de su obligación, luego que entre algún enfermo, suministrarle su cama, compuesta de estera, colchones, dos sábanas, una almohada y una frazada, que entregará al Enfermero o Enfermera, tomando el nombre del enfermo, el de la sala en que fuere colocado y el número de la cama, llevando cuenta exacta de todo lo que entregare al Enfermero para hacerle cargo cuando se necesite. Hará recoger las camas y los trapos del Hospital y los entregará a la lavandera para que los lave con la mejor lejía, a fin de que suelten toda la grasa, lo que hará con cuenta y razón de las piezas que se entregan para recogerlas limpias y hacerle cargo de lo que faltare. Tendrá especialísimo cuidado de que no se mezclen las sábanas de los enfermos contagiosos y de unciones con las de los otros, disponiendo se laven aparte, y sacudirá cada semana la ropa que estuviere a su cargo para que no la dañen la humedad, las polillas o los ratones; comprobará todos los meses su cargo y data con el Enfermero, para hacerles el correspondiente cargo de las faltas que hubiere y relevarse de responsabilidad mediante a que mensualmente se ha de dar la cuenta al Administrador. Correrá también con la despensa o repuesto de víveres, entregando diariamente a la cocinera el número de raciones que sean necesarias según el apunte que le dará el Administrador.
+25.ª Obligaciones del Capellán. Luego que entre un enfermo, tendrá obligación el Capellán de exhortarlo a que haga una buena confesión y lo confesará, administrándole el Santísimo siempre que el Médico lo mande. Asistirá al enfermo moribundo y contribuirá caritativamente con su autoridad o con sus avisos secretos a todo lo que conduzca a la buena asistencia de los enfermos, su limpieza, etcétera. Aplicará la misa de todos los domingos y días de fiesta por la salud de los enfermos y bienhechores del Hospital, y los lunes por las almas de los difuntos del Hospital y sus bienhechores. Se le dará un libro rubricado del Corregidor y Alcalde de primer voto, en el cual apuntará el día en que cada uno de los enfermos haya entrado en el Hospital, averiguando su patria, estado y condición y el día en que falleció o salió de él, firmando cada partida. Para la mayor facilidad de estas apuntaciones, será obligación de los Enfermeros suministrarle todas estas noticias. Cada año celebrará un aniversario con asistencia de todos los de la Junta y demás que quieran del lugar, y hará un sermón en que elogie el establecimiento, haga memoria de los bienhechores de aquella obra y estimule con razones patéticas a hacer bien por una fundación tan cristiana.
+26.ª Obligaciones del Enfermero. Los enfermeros vivirán en un retrete pegado a las enfermerías. Será de su cuidado mandar hacer mañana y tarde las camas de los enfermos; que muy temprano se limpien los vasos, y que si fuere necesario se quiten lo más pronto que se pueda los de los enfermos de evacuaciones, etcétera. Que se barran las salas dos veces al día; abrir y cerrar las ventanas a las horas que el Médico determinare; dar el almuerzo, la comida, la cena y las sustancias a la hora que el Médico mande, y habiendo algún enfermo moribundo, lo trasladarán con el mayor cuidado y sin sacarle de su cama a la sala de moribundos, asistiéndolo y velándolo conforme dicta la caridad. Ahumarán tres veces al día las salas con incienso, benjuí o humo de cualquier planta aromática. Darán razón al Capellán, luego que entre algún enfermo, de su patria, estado, condición, etcétera, y cuando muriere o se curare, tendrán cuidado de hacer lo mismo a fin de que el Capellán lo apunte en el libro que se lleva dicho. Por ayudantes de los enfermeros se pondrán dos mozos con 24 pesos cada uno al año, que estarán en un todo a sus órdenes.
+27.ª Ciñéndonos por ahora a las rentas fijas con que puede contarse para el Hospital, se proyectan solamente 32 camas, cuyas raciones computadas a real diario conjuntamente con las de los demás dependientes, hacen anualmente la cantidad de 1.961 pesos 7 reales. En adelante se podrán establecer muchas más, siendo probable que muchas gentes acomodadas harán sus mandas y legados a favor del Hospital, y entonces, a proporción de sus rentas, se podrán aumentar los dependientes, acrecentando las camas, a cuyo efecto se procurará hacer el edificio capaz y desahogado desde ahora.
+28.ª Los indios contribuirán anualmente con 3.300 pesos de la caja de comunidad, que, agregados a los 360 que produce anualmente el honor que han gozado hasta ahora los tenientes de Corregidor y el Excelentísimo señor Virrey don José de Ezpeleta, se ha servido aplicar a la grande obra del Hospital; agregados también los medios novenos de los diezmos de todos los pueblos del partido que destinan las leyes para hospitales, no pueden menos que componer la suma de los 3.655 pesos, que son los que anualmente deben gastarse en el servicio del Hospital, sobrando algo para los gastos extraordinarios y que no son fáciles de precaver. ¿Y sería mucho que la Real Hacienda destinase alguna cantidad para el bien de un pueblo que contribuye todos los años con cerca de 50.000 pesos?
+29.ª Habiendo enseñado la experiencia lo mucho que decaen las rentas de las comunidades cuando se administran por su cuenta con la dispendiosa creación de síndicos, se tendrá presente para las limosnas que los devotos puedan hacer en lo sucesivo, que estas sean de cualquier especie de bienes, se convertirán en dinero que se impondrá en cajas reales a censo, aunque sea menor del corriente por la facilidad y seguridad en su cobro y existencia. Esto evitará las pérdidas del fondo del Hospital, pleitos costosos, y proporcionará una administración sencilla y clara.
+30.ª Sin embargo de que al facultativo pertenece asignar las dietas de los enfermos según el estado de las enfermedades, su carácter y sus circunstancias, con todo, para no dejar cosa alguna a la variación y teniendo presente que las enfermedades de Zipaquirá son de la misma especie generalmente que las de esta capital, a las que se han prescripto muy sabias reglas últimamente por orden del Excelentísimo señor Virrey, nos ha parecido conveniente adoptar estas para nuestro Hospital en el modo siguiente:
+31.ª Dieta rigurosísima para las enfermedades agudas y continuas número 1. Se puede componer esta dieta de dos o tres onzas de arroz bien cocido y desleído en ocho o diez vasos de agua más o menos, según el Médico ordenare, alterándolo con las hierbas suculentas medicinales que el genio de la enfermedad pida y se prescriban conforme a ella, añadiendo en veinticuatro horas una o dos tacitas de panetela o gelatina de arroz o de maíz blanco que comúnmente llaman colada, si fuere necesario según las fuerzas del enfermo y el estado de la enfermedad. Siendo cosa sabida que en la declinación de las enfermedades se debe alargar un poco más la mano a esta dieta que en su principio, aumento y estado.
+32.ª Dieta rigurosísima número 2. Como los humores de los habitantes de estos países propenden muchísimo menos a la alcalescencia que los de los países cálidos, y tanto por los alimentos como por la bebida usual de la gente popular se inclinan más a la acescencia, parece más acertado que esta dieta se componga del caldo de un pollo tierno alterado con las hierbas medicinales de que la providencia socorre al país, frescas y jugosas todo el año. Por ejemplo en las inflamatorias del pecho con las especies pectorales; en las anginas o garrotillos, con las moderadamente aparentes; en los reumatismos inflamatorios con las antiflogísticas, y así respectivamente en otras agudas y continuas, lográndose con este método satisfacer a dos intenciones de mantener las fuerzas e introducir un líquido medical, cuya materia elegirá el Médico prudente con respecto a la índole de la acrimonia dominante en el individuo que asiste. Esta dieta se podrá variar interpolando el uso de la explicada en el número antecedente, según la enfermedad lo pida.
+33.ª Dieta rigurosa. En la declinación de las enfermedades agudas y fiebres continuas, quedando el estómago incapaz de inmutar alimentos sólidos, y siendo preciso mantener las fuerzas del enfermo y nutrirlo gradualmente, es indispensablemente necesario entrar en la dieta que se llamará rigurosa, y se compondrá de dos o tres tazas de sopa, cada una de una onza u onza y media de pan, de un cuarto de pollo, o medio guisado a mediodía; de una taza de panetela o colada, de una u otra taza de caldo compartida en las veinticuatro horas, cuya dieta cercenará el Médico según juzgare conveniente, con el fin de conceder al enfermo todo cuanto pueda contribuir al gusto sin detrimento de su salud. El caldo para esta dieta se sacará de las raciones de media convalecencia o convalecencia entera, que probablemente serán las más usuales en el Hospital. En caso que suceda haber muchos enfermos, de esta dieta rigurosa no podrá sacarse el caldo necesario de la media dieta de convalecencia o convalecencia entera sin detrimento de los enfermos de ella, por lo que a estas raciones se añadirá por cada dos enfermos de la dieta rigurosa un cuarto de gallina y media libra de carnero, con lo que quedará un caldo regular para los enfermos de una y otra ración.
+34.ª Dieta ordinaria o de media convalecencia. Libres ya los enfermos de las calenturas que piden las antecedentes dietas, es necesario nutrirlos con alimentos sólidos, pero en menor cantidad y de fácil digestión, porque el estómago del enfermo en este estado, privado de su elasticidad y fuerza como de todos los demás sólidos, no podría digerir otra comida o en mayor cantidad que la que se asigna con el nombre de dieta ordinaria o de media convalecencia sin exponerse a indigestiones o recidivas, la que se compondría en esta forma: un cuarto de gallina, dos onzas de carnero, una onza de tocino, una onza de arroz, otra de garbanzos, una arracacha, dos turmas, todo en el puchero; una taza de sopa de dos onzas de pan harán la comida del mediodía. El desayuno, una taza de sopas de dos onzas de pan del caldo de la misma olla. La cena se compondrá de un cuarto de pollo en ajiaco de arracachas, una taza de mazamorra de maíz blanco con dos cucharadas de miel y dos onzas de pan.
+35.ª Dieta de convalecencia entera. A los principios de la convalecencia, cuando el estómago empieza a adquirir su debido y natural tono, sienten los convalecientes mucha hambre, lo que indica la necesidad que hay de nutrir la naturaleza exhausta por la enfermedad con mayor porción de alimento que la regular en el estado de salud para recuperar las fuerzas perdidas. Esta ración de convalecencia entera se compondrá de un cuarto de gallina, seis onzas de vaca, dos de carnero, una de tocino, una arracacha, dos o tres turmas, una onza de arroz, otra de garbanzos, todo en la olla; tres onzas de arroz seco bien compuesto, una taza de caldo, seis onzas de pan y dos cucharadas de miel. El desayuno será: una taza de sopas de dos onzas de pan y un pocillo de chocolate con tres onzas de pan. La cena: seis onzas de cordero en ajiaco de arracachas, una taza de mazamorra, dos cucharadas de miel y tres onzas de pan.
+36.ª Ración ordinaria. Lo más común en los hospitales son los enfermos de simples llagas, contusiones, heridas ligeras, leves obstrucciones y otras indisposiciones de poco cuidado, cuyos enfermos, tanto por razón de sus achaques como por la fuerza de sus estómagos, convendrá alimentarlos con la ración siguiente, que se llamará ordinaria y se compondrá de diez onzas de vaca, una de tocino, una onza de arroz en la olla, una de garbanzos, una arracacha, dos o tres turmas, tres onzas de arroz guisado, una taza de caldo, seis onzas de pan y dos cucharadas de miel. El desayuno será una taza de sopa del mismo puchero y dos onzas de pan. La cena será de seis onzas de vaca en ajiaco de arracachas o turmas, una taza de mazamorra, tres onzas de pan y dos cucharadas de miel.
+37.ª Sin embargo de estas prevenciones, pueden ocurrir enfermos que necesiten otra dieta tal como los héticos, gálicos, etcétera, en cuyo caso la voluntad del Médico decidirá abiertamente.
+38.ª La baratura del país proporciona desde luego un tratamiento bueno a los enfermos del Hospital con sola la ración diaria de un real por cada individuo, pues aunque es cierto que a muchos no alcanzaría con él, pero habiendo otros que no gastan ni la mitad, se compensa lo uno con lo otro. A más de que acopiándose los víveres por mayor y por contrata con los labradores, se consiguen mucho más baratos de lo que comúnmente valen.
+39.ª No pocas veces sucede que el cariño indiscreto de algunas personas, deudos y conocidos de los enfermos que duran en los hospitales, mueve a llevarles algunos socorros alimentarios como aguardiente, chicha, etcétera, con dispendio de su salud y recta convalecencia, es pues necesario interceptar y cortar este abuso con la mayor vigilancia y cuidado, supuesto a que mientras no haya decadencia en mantener como va dicho a los enfermos, no les puede restar queja ni necesidad de auxilios extraños. A este fin, se encargará seriamente a los enfermeros no dejen entrar a ningún individuo que no sea la mujer o deudo muy inmediato del enfermo, cuyas visitas serán solas las necesarias para su consuelo, y estas precediendo licencia del Administrador del Hospital, quien nunca las concederá sin hacer que se reconozca previamente la persona que haya de entrar, de modo que remueva toda sospecha en un asunto más importante de lo que parece a primera vista, originándose de lo contrario muchas recaídas mortales en unos y un general trastorno en otros, según el estado en que se cometan semejantes excesos. Conducirá a rectificar este método proporcionar las horas de suministración de alimentos en términos que los enfermos principalmente convalecientes no les haga falta a los tiempos útiles y se eviten las quejas que de su omisión puedan redundar a los débiles y hambrientos. En este concepto, dejando aparte como atención propia del Médico el ordenar las horas de las dietas rigurosísima y rigurosa, en las cuales los tiempos medicinales de alimentos dependen del estado de la enfermedad, de las fuerzas del enfermo y de los remedios aplicados, juzgo muy oportuno que a los de media convalecencia, convalecencia entera y ración ordinaria se les suministre el desayuno entre seis y siete de la mañana, sin exceder este plazo. La comida, de las once y media en adelante, y la cena, a las siete de la noche, sin anticipación alguna. No hallo obstáculo que impida la observancia de este método, y de lo contrario se originan muchas indigestiones y otros inconvenientes perniciosos a la salud.
+40.ª La Junta de Zipaquirá encargada del arreglo y gobierno del Hospital cuidará eficazmente de que se guarden y cumplan estas constituciones, las que sólo se podrán variar con consentimiento del Superior Gobierno y por motivos muy graves. Dios, a cuyo honor se consagra esta obra, mirará por su permanencia premiando las intenciones de los que la protegen.
+Santafé, 29 de septiembre de 1790.
+PEDRO FERMÍN DE VARGAS
+Excelentísimo señor:
+El espíritu aventurero que reinó por mucho tiempo en Europa —y que también cundió en América al tiempo de su descubrimiento—, así como no cuidó de la buena disposición política de los lugares que se fundaron en aquella época, tampoco puso la menor atención en la forma y construcción para la comodidad de sus habitadores. Nuestras leyes patrias dictaron muy sabias reglas en el asunto, pero los primeros conquistadores no estaban tan reposados que pudieren meditar la conveniencia que resultaba de su cumplimiento. Así, vemos la mayor parte de nuestras poblaciones fundadas sin inteligencia, y sus edificios faltos, la mayor parte, de elegancia y comodidad. Poco a poco se ha ido entibiando aquel fuego militar, y estamos ya en el justo medio que se necesita para el adelantamiento y progreso de estos países.
+El Cielo, concediéndonos a Vuestra Excelencia por jefe, parece favorecer los conatos de aquellos patriotas que desean el fomento de su país y de los que puestos a la frente de los demás anhelan por el bien público. Ambos respectos me obligan hoy a representar a Vuestra Excelencia que este lugar ha sido uno de los que más han sufrido la falta de ideas en quienes lo fundaron. Sus edificios —si pueden merecer tal nombre unas chozas mal fabricadas— son humanamente bajos, sin apartamientos separados para dormitorios de amos y domésticos, de paja los más, escuetos y sin abrigo por todas partes. De manera que viviendo y durmiendo estas gentes entre la humedad, y todos juntos de ambos sexos, se peca esencialmente contra la salud y decencia si se dejan subsistir las cosas como están hoy.
+La causa originaria de esto consiste, a mi ver, en haber adoptado en nuestros pueblos la antigua construcción bárbara de los indios, los que, sea por su natural indolencia o por las pocas ideas morales que tenían en su gentilidad, se hicieron una especie de habitaciones enterizas que aumentaban o disminuían según la diversidad de temperamentos que habitaban. Los primeros españoles o mezclas que vinieron a este lugar, atraídos de la ganancia que les ofrecía el trato y la elaboración de sal, cuidaron poco de su modo de vivir dentro de casa, porque jamás pensaron en radicarse. El cuidado de los corregidores se extendía únicamente al aprovechamiento de sus empleos; las tierras poseídas por los indios eran un poderoso obstáculo a la buena construcción de las casas, porque nadie quería exponer su caudal en suelo ajeno.
+Estos inconvenientes han cesado, y se hallan hoy muchos vecinos ricos deseosos de edificar cómodamente; las circunstancias del lugar lo exigen y el único estorbo que se encuentra es el estar ocupados los solares del centro por chozas antiguas, cuyos dueños no quieren vender a ningún precio. Mi representación se dirige a suplicar a Vuestra Excelencia se sirva darme facultad para que ponga a los dueños de estos solares en la forzosa alternativa de que los edifiquen bien, esto es, con proporción y decencia, o que los vendan, por sus justos precios, a quienes lo puedan ejecutar debidamente.
+Vuestra Excelencia sabe cuánto influye en la salud pública la comodidad de los edificios, y cuántas pestes han debido su origen al descuido en esto. Cada país pide su orden local de arquitectura, pero en todos se pueden enlazar muy bien la decencia, la comodidad y elegancia de los edificios. Yo cuidaré de esto último, sin aspirar a que se hagan palacios, siempre que Vuestra Excelencia se sirva concederme la facultad que solicito.
+Nuestro Señor guarde a Vuestra Excelencia muchos años.
+Zipaquirá, 10 de noviembre de 1789.
+Excelentísimo señor,
+PEDRO FERMÍN DE VARGAS
+En el manuscrito hay dos notas marginales que dicen así:
+«Excelentísimo señor don José de Ezpeleta:
+«Número 2.° El Corregidor de Zipaquirá informa la mala construcción de las casas de aquel lugar, lo mucho que conviene remediar los males políticos y morales que de ello resultan, y pide facultad para mandar que los dueños los edifiquen bien o los vendan a quienes lo hagan debidamente».
+«Santafé, 20 de noviembre de 1789. Vista al señor Fiscal. —(Hay una rúbrica) Alonso—. Excelentísimo señor: El Fiscal considera que en Zipaquirá no hay todavía motivo de que se establezca en los edificios la regla de policía que se propone cuando no es fácil verificarla en la capital; en esta inteligencia no es de acudirse a la solicitud del Corregidor, encargándole que procure aplicar el esmero que en esta parte manifiesta para los edificios que se hagan de nuevo, o resolver lo que parezca mejor a Vuestra Excelencia.
+«Santafé, y 22 de noviembre de 1789.
+Andino».
+Ingenio nostrum est usuque parare magistro. Quod docuit natura feras ratione carentes.
+VANIERE, LIBRO 3.
+Es reflexión de Plinio[28] que la Naturaleza ha sido más liberal con los brutos que con los hombres, pues habiendo criado aquellos naturalmente vestidos, y con bastante sagacidad para defenderse de sus enemigos, sólo al hombre destinó a la necesidad de adquirir todo a fuerza de combinación y trabajo. Esta verdad comprobada con la experiencia de todos los siglos se hace más sensible cuando contemplamos que los brutos han sido los inventores de la mayor y más segura parte de los remedios con que conservamos nuestra existencia.
+No es mi ánimo investigar aquí las causas que influyen en el conocimiento de los animales acerca de aquellas cosas que les son útiles, o nocivas, ni si pertenece este discernimiento al olfato sutilísimo de que les dotó la Providencia, y que parece ser la esencia de todas sus sensaciones, y el muelle que les hace obrar de un modo constante en el discurso de su vida. Sea lo que fuere de esto, lo cierto es que los brutos nos han enseñado el uso de las sangrías, purgas y ayudas, y que el hombre, observando cuidadosamente sus usos, ha descubierto mil secretos preciosos que la medicina no se ha desdeñado de colocar después en sus fastos.
+Del número de estas invenciones es sin duda una de las más útiles el famoso preservativo de culebras, que con nombre de bejuco del guaco se va extendiendo por todo el Reino. Los negros de la provincia del Chocó fueron los primeros, según se cree, que observaron el modo con que el guaco[29] caza y persigue las culebras en los países cálidos para hacer de ellas su pasto principal, y habiendo descubierto que cuando buenamente no las puede matar se vale de las hojas de un bejuco con que las adormece, hicieron luego sus tentativas, y por este medio descubrieron que el zumo de aquella planta no sólo cura la mordedura de estos insectos, sino que preserva también de su veneno a todos aquellos que lo toman con frecuencia. Ya había oído hablar yo de semejante preservativo, pero habiendo estado en Mariquita en 1788 quise certificarme de propia vista de lo que el sabio Director de Botánica doctor don José Mutis me había referido acerca de la facilidad con que los negros de aquellas cercanías y riberas del río de la Magdalena cogían vivas las culebras llevándolas en las manos sin peligro alguno.
+Destinamos para esta operación el 30 de mayo, habiendo hecho venir desde la tarde antes un negro de un hacendado de la misma ciudad de don José Armero, que pasaba por el más diestro en aquellas peligrosas experiencias. El negro trajo consigo una culebra ponzoñosa, conocida allí por el nombre de talla equis, a causa de las manchas blancas que tiene sobre el lomo, y son algo semejantes a la letra X.
+En el día destinado cogió el negro la culebra entre sus manos, y habiéndole dado varios movimientos, sin que se inquietase, ni le mordiese, juzgué que el negro la había quitado antes los colmillos, o que la culebra era de la especie de las que no son venenosas. Hícele abrir la boca, pero notando en ella los dientes caninos, y asegurando todos ser de las más venenosas de aquella tierra, no me quedó duda de la eficacia del preservativo, y consiguientemente determiné hacer por mí mismo la prueba, sujetándome a la práctica con que los negros hacen sus curaciones, para lograr la temible satisfacción de manosear las culebras.
+La operación, pues, que se hizo conmigo fue la siguiente. Exprimió el negro en un vaso el zumo de algunas hojas de la yerba del guaco, me hizo tomar dos cucharadas de él y pasó a inoculármelo por la piel, haciéndome seis incisiones: en cada pie una, otra entre el índice y el dedo pulgar de cada mano, y las dos últimas en los dos lados del pecho. En saliendo la sangre por estas pequeñas heridas, se derrama encima un poco del zumo dicho, y se frotan con la misma hoja. Después de lo cual se reputa el sujeto como verdaderamente curado, y en estado de coger cualquier culebra sin peligro alguno, como lo ejecuté yo inmediatamente.
+Aquel día no sólo me inicié yo en estos misterios, sino también otros varios sujetos que se hallaron en casa del señor Mutis. De este número fueron don Francisco Zabaraín, don Francisco Xavier Matís[30], don Ignacio Calviño, un pajecillo mío, y otro arbolario del insinuado señor Mutis, quien aprobó nuestra resolución.
+Para satisfacerme de un modo indubitable de la eficacia de la yerba del guaco, cogí yo con mis propias manos la culebra que se manifestó un poco inquieta, pero sin apariencia de morder, y perdido una vez el miedo la volví a coger por dos veces en presencia del citado don José Mutis, de don Diego Ugalde, que hoy es Prebendado de la Catedral de Córdoba, de don Anselmo Álvarez, que fue Bibliotecario de Santafé[31], y de muchísimas otras gentes que se hallaron presentes a la novedad.
+En consecuencia de lo que me vieron hacer, otros inoculados se determinaron también a coger la culebra, pero la dieron tales movimientos que se irritó, y mordió por último a don Francisco Matís en la mano derecha sacándole alguna sangre. Algo nos consternó este accidente, y no dejábamos de recelar algún suceso funesto, pero el negro manifestó mucha serenidad, y aun el mismo mordido luego que aquel le frotó la herida con las hojas de la yerba, y le aseguró no tener riesgo.
+En efecto nada se siguió de aquella picadura. Matís se desayunó inmediatamente con apetito, trabajó todo el día en su arte de pintor, y durmió la noche sin sentir la más ligera novedad, quedando todos enteramente convencidos de la bondad del remedio, y deseosos de su propagación en beneficio del género humano[32]. Confirmado, pues, con esta experiencia en la verdad de lo que decía el negro curandero, le hice varias preguntas relativas al conocimiento de plantas contra culebras, y otros secretos: aseguróme siempre que la preferente era la citada del guaco, llamada así por ser tradición constante, según se ha dicho, que la come este pájaro cuando se siente picado de alguna culebra en los debates y asaltos que les da para cogerlas. Pío —así se llamaba el negro— nos aseguró haber visto semejantes combates, y el uso que hacía el guaco de la yerba, que es muy común en los alrededores de Mariquita, y en todos los países cálidos y templados de este Virreinato, en cuyos temperamentos prevalece admirablemente a las orillas de los arroyos y las zanjas.
+Ha debido a su inventor esta planta el nombre de yerba, planta o bejuco del guaco. Su género no está determinado en botánica, pero su raíz es fibrosa y se extiende en todos sentidos. El tallo trepador o bejucoso es redondo cuando joven, y de cinco ángulos cuando viejo, poblado de hojas opuestas acorazonadas, verdes entremezcladas de morado, lisas por debajo, ásperas por encima y con cabillos. Sus flores colocadas en cimero son amarillas flosculosas con cuatro flósculos en cada cáliz común o capullo. Dentro de la roseta o corola enteriza embudada y de cinco hendeduras se hallan cinco estambres unidos por las anteras o borlillas en forma de cilindro que abrazan el puntero o estilo del gormen, que tiene el estigma escotado profundamente, y encierra varias semillas larguchas y dotadas de un vilano cerdoso.
+Aunque jamás creí en la necesidad de la inoculación del bejuco, y antes esté bien persuadido a que la única cosa que obra en las culebras es el olor repugnante que exhala de sí, cuyo zumo tomado interiormente con alguna continuación forma por medio de la transpiración una especie de atmósfera que rodea la periferia de nuestro cuerpo atormentado, o sea enajenando la culebra para que no muerda o embotando el veneno en caso que lo haga; con todo para asegurarme mejor en cosa de tanta seriedad, quise sujetarme a la práctica establecida, por considerarla fácil, y que tal vez insinuará alguna virtud dentro del cuerpo, así como se comunica el virus o veneno de la viruela por toda la masa de la sangre, con sola la ligera incisión que se hace comúnmente.
+Hecha una vez la curación en el modo explicado arriba, dicen los curanderos que debe continuarse el uso de la yerba por cinco o seis días de cada mes. Esta preparación sirve para mantener constantemente en los humores del cuerpo la sustancia anguicida del bejuco, por cuyo medio se libertan del riesgo de las culebras, aun cuando no lo llevan consigo, ni se halla en los lugares por donde transitan. Añaden también que la virtud curativa se pasa —por explicarme en sus propios términos— si no se tiene esta precaución en todas las menguantes de la luna, de que resulta que es necesario volver a sufrir la misma inoculación de mano del curandero. Pero esta creencia es muy vulgar para que merezca nuestro asenso mayormente cuando yo he cogido culebras sin que me ofendiesen, después de haber interrumpido las tomas mensuales por largo tiempo. Juzgo por más acertado el método de prepararse media hora antes de coger la culebra con el zumo fresco de la planta, frotándose las manos con sus hojas para mayor seguridad, como lo he hecho yo diversas veces.
+Las pocas experiencias que se han hecho en esta materia nos dejan todavía en la incertidumbre de si el vapor de esta yerba obra en fuerza del fastidio que causa a las culebras, como verdaderamente anguicida, o en virtud de una sensación agradable que las enajena y hace olvidar su natural ferocidad. Lo único que yo he podido observar es que en arrojando sobre la cabeza de la culebra la saliva impregnada del jugo de la planta, se medio adormece por inquieta y colérica que esté, pero cogiéndola el que está curado manifiesta desazón y deseos de huir. Y habiendo derramado bastante cantidad de dicho zumo encima de dos culebras, no observé señales de mayor fastidio, pues a poco rato estaban ligeras, como si nada se les hubiera echado.
+Sirve el bejuco del guaco para todo género de culebras[33]. Yo examiné a más de la talla de que se ha hablado otra de la misma especie: una coral, llamada así por su color encarnado, y otra verde en la ciudad de Girón, y siempre observé los mismos buenos efectos. Persuádeme sea lo mismo de la cascabel, cuya especie jamás pude observar, bien que así el negro curandero como otros muchos me aseguraron constantemente la generalidad con que obra dicha planta[34].
+Para proceder a la curación de los mordidos de culebras es indispensable la hoja fresca del bejuco, cuyo zumo solo o mezclado con un poco de agua tibia se le suministra al enfermo en cualquier periodo de la enfermedad, y sin que preceda otra preparación. Las hojas mascadas se aplican sobre la herida y si la hinchazón no ha ganado todo el cuerpo, se ata el bejuco a aquella parte que no ha ocupado, para que cese allí al instante, con lo que el paciente se mejora sensiblemente. No obstante, esto siempre es menester continuar la bebida a lo menos otras dos veces, en cuyo tiempo, ya puede el enfermo salir al campo, y comportarse como sano y libre del todo.
+Es tan segura esta práctica que en los lugares donde hay curanderos nunca, o sólo por casualidad, se muere algún mordido de culebra. Persuádome que siendo este remedio tan eficaz contra las culebras de América, será tal vez un poderoso específico contra la mordedura de la víbora que causa en Europa tantos estragos. Podría hacerse alguna experiencia, y acreditada con un buen suceso sería entonces la planta del guaco un objeto de comercio para sufrimiento de las boticas europeas. Y verdaderamente no fuera cosa vana llevar un socorro tan precioso a la humanidad, cuando se cargan tantos artículos de puro lujo. Los ingleses de la América Septentrional hacen grandes exportaciones de la Polygala senega de Linné, que ellos llaman rattlesnake root[35] por haber notado que a más de su virtud contra la culebra cascabel, era de grande socorro en las pleuresías y otras inflamaciones del pecho. También tenemos nosotros esta misma planta. ¿Y sería mucho que saliendo de nuestra indolencia hiciésemos así de una como de otra la debida exportación a España vulgarizando en todo el mundo tan prodigiosa medicina? Nisi utile est quos facimus stulta est gloria.
+El modo más acertado de conducir esta yerba a España, u otros reinos de América, sería embotellado en extracto, o bajo la forma de píldoras. De cualesquier modo será muy fácil conseguirlo por la grande abundancia que hay de ella en Mariquita, Guaduas y cercanías de Honda y Girón, en cuyos dos últimos lugares la he manifestado a varios curiosos.
+Podría suceder que con el auxilio de un buen análisis químico se hallasen en el bejuco guaco otras virtudes igualmente recomendables que las que conocemos. Por descontado se puede conjeturar que es un vigoroso remedio contra las lombrices del cuerpo humano, pues participando estas en cierto modo de la naturaleza de las culebras, no puede menos de destruirlas y hacerlas arrojar. El amargo tan intenso del bejuco hace más poderosa esta conjetura, y manifiesta también su virtud estomacal y tónica. Lo cierto es que cuantos han tomado su jugo se han sentido buenos, y yo puedo asegurar de propia experiencia que teniendo un estómago debilísimo, jamás he sentido impresión alguna nociva cuando lo he usado.
+Como no he podido indagar cosa cierta acerca del bejuco de Guayaquil de que habla el padre Gumilla, no puedo asegurar tampoco si es uno mismo con el de que tratamos. Los efectos son idénticos, pero esto no basta para establecer la identidad de las mismas plantas, pues vemos que el bejuco de que hace mención míster Jacquin en su Historia de las plantas americanas produce los mismos efectos que el guaco, siendo diferentísimos en su género y clase. Dice este autor, que conoció en Cartagena a un negro, el cual se le presentó con una culebra viva en las manos sin que le hiciera daño alguno. Describe el bejuco de que usaba para adormecerla con el nombre de Aristolochia anguicida, Stipules cordatus, cuya descripción enteramente conviene al bejuco, que en la provincia de los Llanos llaman de carare, y a cuya flor dan el nombre en la de Cartagena de flor del alcatraz, por parecerse mucho al cuello y pico de este pájaro. Este bejuco produce, como llevo dicho, los mismos efectos que nuestro guaco, y es bien conocido en los curanderos quienes lo aplican en defecto de aquel[36].
+Otras varias plantas hay que son antídotos, más o menos poderosos, y de que igualmente se valen los curanderos en los casos en que falta el guaco. Pero una de las medicinas más celebradas es la contra de culebra. Aunque este remedio es bien conocido de los facultativos, daremos no obstante su composición para que llegue a noticias de todos, y se puedan prevenir de él, para los casos que ocurren. Lo principal de la composición consiste en conseguir cuatro cabezas de culebra diferentes. Las mejores son de talla, cascabel, coral y culebra verde. Muélense juntas perfectamente, y en estando se mezcla con otra preparación compuesta con zumo de limón y dieciséis o veinte granos de pimienta en polvo. Para mezclar bien esta composición se previenen de una pluma, con la que vuelven y revuelven el todo, echándole siempre limón, hasta que se conceptúa que están bien penetradas las sustancias. Dejan secar este compuesto para guardarlo en hojas de tabaco a fin de que no se exhale.
+Este remedio jamás se aplica sino como tópico, y nunca se valen de él si no es cuando el guaco no se halla a mano. El modo de hacer la curación en estos casos es el siguiente: luego que el paciente comienza a sentir dolor, se le suministran los polvos de la Aristolochia anguicida o carare en aguardiente vivo o agua tibia. Procédese a hacer una incisión en cruz sobre la herida encima de la cual se aplica la contra de cabezas, molida antes en alguna piedra limpia y humedecida en zumo de limón.
+Para quitar la hinchazón, que suele sobrevenir como efecto de la mordedura, hacen aquellas gentes dar baño en las partes hinchadas con el cocimiento de una planta sarmientosa, llamada vulgarmente chocacito, que no es otra cosa que una especie de calabaza amarga.
+Debe advertirse que igualmente se curan contra las culebras aquellos animales domésticos que más se estiman y que más sirven. Valiéndose aquellas pobres gentes de estas precauciones, por la abundancia que hay en las tierras calientes de aquellos insectos ponzoñosos, contra los cuales la naturaleza siempre próvida y fecunda en recursos benéficos, aunque algunas veces desconocidos, ha experimentado con prodigalidad las plantas que sirven de antídoto. El guaco es una de las que a cada paso se encuentran, y apenas hay arroyo o zanja en tierra caliente donde no se halle con maravillosa abundancia.
+ Si nota foret vis insita plantis
+Quos meluat vitae casus mortalis agestas!
+No dejó España a merced de factores desconocidos o imprevistos el crecimiento de la semilla que plantaron sus hombres en el suelo de América. Así dejamos cifrado nuestro pensamiento con relación a lo que ordinariamente se denomina el monopolio de España en el Nuevo Continente.
+La Madre Patria no sólo presidió el acto del Descubrimiento y de la Conquista, sino que dedicó parte muy considerable de sus energías a mantener vigoroso imperio sobre los hombres y las cosas de ultramar. Concepto es este de tan poderosa raigambre en los dirigentes españoles de los siglos XVI, XVII y XVIII, que no hay momento histórico en que decaiga o disminuya su ejercicio. Al contrario de otras naciones, como Francia, que miraban con fría indiferencia lo que no fuesen los problemas continentales, España mantuvo con persistencia su atención hacia las Indias.
+Sabio fue el pensamiento español cuando quiso influir cada día en la formación de lo atañedero a sus colonias, pues de él se derivó la predicación de sus misioneros, la disquisición de sus filósofos, la labor de sus políticos, la enseñanza de sus maestros, la paciente fama de sus emigrantes y la orientación cotidiana de sus más remotos súbditos. No quiso España que América siguiera a merced de sí misma, como en los siglos precolombinos, sino que viviera una existencia nueva, nutrida por los conceptos metropolitanos.
+Es preciso enaltecer la acción española en el punto fundamental de este estudio. Si ella hubiese dejado en el renglón último de sus preocupaciones aquellas que se desprendían del hecho histórico del Descubrimiento y la Conquista, no habría trasplantado a Indias el acervo considerable de sus patricios ni el tesoro vastísimo de sus ideas. Si la América hubiese figurado solamente ante los ojos de España como una comarca apta apenas para las labores rurales y la explotación minera, no hubiera presenciado el mundo en las centurias inmediatamente anteriores a nosotros la fundación de sus universidades, la erección de sus catedrales y el diario crecimiento de sus opulentas bibliotecas. Pero la Madre Patria quiso influir en la mente de los americanos y formarla a su imagen y semejanza.
+Resultó evidente para ella el hecho de que si permitía a las gentes de toda Europa trasladarse a Indias con el bagaje de sus peculiares ideas, se trabaría en aquel lejano escenario una lucha permanente que en el futuro podría perjudicar su propia obra; fue claro, igualmente, para ella que la concurrencia de las diversas razas que poblaban entonces las grandes regiones europeas produciría perturbaciones de importancia, ya que la unidad política requería para su más fácil desarrollo el fundamento de la unidad racial. Entonces, al persuadirse por la acción mental de sus más altos varones de que las restricciones inmigratorias serían complemento adecuado de su plan primitivo, las puso en vigencia en términos rigurosos.
+Tan excluyentes fueron que originariamente no hubo siquiera para los nacidos en España licencia de pasar a las Indias. Durante el reinado de Isabel la Católica apenas fue permitido el viaje a los castellanos y leoneses; después de su fallecimiento se otorgó igual merced a los aragoneses, y poco más tarde a todos los peninsulares. Pero ello fue resultado de las variaciones que naturalmente ocurrieron en la política de la monarquía por la desaparición de Isabel y de Fernando.
+La primera, que nunca dejó pasar inadvertida cosa alguna que engrandeciera a su patria y distinguiera a sus vasallos más inmediatos, halló en las disposiciones aludidas una circunstancia oportuna y feliz. Castilla, y León ante todo, fue uno de sus móviles preferidos. Ejemplo sagacísimo fue este para Don Fernando cuando dispuso que la gracia se entendiera también para los hijos de Aragón.
+Unidad étnica significaba unidad intelectual y moral. Así lo comprendieron los fundadores de aquel imperio cuyas huellas engrandecieron al mundo. No lo apreció en la misma proporción el Emperador Carlos V, cuyas disposiciones en el particular abrieron a todos sus súbditos —de cualquier comarca que fuesen— la puerta del Nuevo Continente.
+Grave presión debió padecer, sin duda alguna, Carlos V para determinarlo a dictar una medida de tan vastas proyecciones. La conveniencia política de mantener contentos bajo su cetro a los muchos pueblos que en nada concordaban con las gentes peninsulares le ordenó, antes que aconsejarle, romper las antiguas barreras. Empero, la senda trazada por los Reyes Católicos debió mantenerse con vigorosa persistencia muchos años ante sus ojos. Y no pensamos nosotros que el Emperador dispuso de toda su libertad política al proceder en las condiciones dichas, pues bien sabido es que sus acreedores fueron muchos y extremadamente grandes las deudas que contrajo.
+Los pasajeros a Indias debían, ante todo, obtener la correspondiente licencia, so pena de incurrir en las graves penas señaladas a los contraventores. En el registro habrían de figurar su nombre y los de sus padres, su procedencia y su destino final, como también su profesión y estado civil. Las mujeres solteras no podían pasar al Nuevo Mundo, a no ser cuando iban en compañía de sus padres; las casadas debían acompañar a sus maridos, y solamente en casos señalados podían quedarse en la Península. Además, si el marido tenía precisión de trasladarse solo, estaba obligado por las leyes a garantizar con 1.000 ducados su retorno a la patria en el plazo máximo de tres años, o a llevarla consigo si permaneciese aún en las Indias.
+Los funcionarios, de cualquier categoría que fuesen, tenían obligación de llenar las mismas formalidades previstas para los simples pasajeros. Hay en todas estas disposiciones un rigor y severidad notables, pero no afirmamos que ellas se cumplieron siempre, pues las informaciones que tenemos delante al escribir este estudio nos permiten deducir que no pocas veces fueron violadas. Estaba ordenado que si un pasajero lograba introducirse al barco destinado a América sin tener en orden sus papeles, el capitán debería arrestarlo provisionalmente y devolverlo al lugar de su origen. En España recaía sobre él la multa de cien maravedíes y la pena de diez años de destierro. Más graves eran las que se imponían a quienes habían logrado entrar a la América y vivir en ella, pues accesoriamente sufrirían la confiscación de los bienes adquiridos en el Nuevo Mundo.
+Algo más de cien años después del Descubrimiento, el fraude había tomado caracteres tan extremados, que el código español señaló como castigos la degradación y la pena de muerte para aquellos almirantes o capitanes de barcos que permitiesen el traslado de personas no autorizadas. Esto fue ordenado en 1607.
+Sin que pretendamos concederles importancia básica en este particular, consideramos que ciertas afirmaciones escritas por el famoso don Miguel de Cervantes Saavedra deben ser tenidas en cuenta al hablar de la inmigración a este continente; ellas constan en el texto de las Novelas ejemplares, al referirse al celoso extremeño:
+«No ha muchos años que de un lugar de Extremadura salió un hidalgo, nacido de nobles padres, el cual, como un otro pródigo, por diversas partes de España, Italia y Flandes anduvo gastando así los años como la hacienda, y al fin de muchas peregrinaciones —muertos ya sus padres y gastado su patrimonio—, vino a parar a la gran ciudad de Sevilla, donde halló ocasión bastante para acabar de consumir lo poco que le quedaba. Viéndose, pues, tan falto de dineros, y aun no con muchos amigos, se acogió al remedio a que otros muchos perdidos se acogen, que es el pasarse a las Indias, refugio y amparo de los desesperados de España, iglesia de los alzados, salvoconducto de los homicidas, pala y cubierta de los jugadores a quienes llaman ciertos los peritos en el arte, añagaza general de mujeres libres, engaño común de muchos y remedio particular de pocos».
+* * *
+Dos tipos de inmigrante conoció la América. Uno fue el aventurero, a quien las dificultades económicas empujaron más allá del estrecho de Gibraltar, y cuyos antecedentes genealógicos son oscuros por sí mismos; otro fue el hombre hidalgo que se radicó en Nueva España o en Nueva Granada, en Lima o en Panamá, por razón del ejercicio de un cargo público o por conveniencias simplemente comerciales. Cuando los Reyes Católicos hicieron a Cristóbal Colón, en 1497, entrega virtual de todos los condenados a muerte o a destierro para que le acompañasen en su tercer viaje, concedieron libre entrada a Indias a gentes de la peor laya o de circunstancias criminosas.
+Posteriormente la inmigración ofreció características mejores: jueces, escribanos, oficiales reales de buena condición social vinieron a establecer aquí sus hogares; oidores y presidentes hubo que trajeron a sus esposas y a sus hijos para mantener en torno suyo la tranquila fisonomía de la vida española, y cuidar sosegadamente de los asuntos públicos. Cristianos viejos, patricios de grandes virtudes, hombres y mujeres de cepa acreditada y de linaje conocido escogieron en América un sitio para vivir y morir. Sería tan equivocado pretender que los inmigrantes fueron siempre nobles y blasonados, como pensar que sólo fue América asilo de gentes inferiores y ruines.
+Por otra parte, no debe olvidarse en los pueblos hispanoamericanos actuales, en donde a veces se levantan voces de agravio para la vieja España y sus antiguos hijos, que de esos españoles descendemos todos nosotros, los que amamos por igual su historia y la historia de América, y la estudiamos con ferviente interés. De la Metrópoli vinieron nuestros mayores, y en ella aprendieron aquellas lecciones de virtud y de sabiduría que ojalá constituyan el escudo bruñido de nuestros espíritus.
+* * *
+Si de las comarcas fabulosas de Catay aguardaba Castilla oro y piedras preciosas en abundancia, no menos esperó de las islas y Tierra Firme con tanta brevedad exploradas por sus vasallos. Antes de que los políticos de la Corte conocieran con exactitud las circunstancias geográficas de dichas regiones y de que se tuviesen noticias precisas acerca de la índole de sus habitadores, ya habían proyectado en sus líneas generales aquellas normas de conducta que diesen como resultado el monopolio comercial.
+No tardaron, en efecto, las leyes dirigidas a favorecer a Castilla con el producto de las tierras halladas; súpose que en ellas había una naturaleza maravillosa, opulenta en vegetales y minerales de grande aprovechamiento; recibióse con alborozo la noticia de que los naturales se adornaban con joyas de oro y de que fácilmente las ponían en manos de los descubridores, como propiciación o como dádiva, y de tales informaciones salió la determinación firme de adquirir para la Corona cuanto rico metal fuese posible. No insistiremos aquí en recordar lo que en otro capítulo dejamos dicho acerca del criterio fundamental de Castilla y de la Reina Isabel en cuanto a las tierras descubiertas por su capacidad y su esfuerzo.
+Tentó el oro en proporción tan formidable a los peninsulares que no tardaron en formarse agrupaciones de ellos dispuestas a embarcarse hacia Occidente; para la primera de las expediciones de Colón fue difícil reunir la tripulación indispensable, en tanto que para la segunda se congregaron cerca de dos mil hombres y diecisiete bajeles. Delante de la fisonomía económica del mundo americano cayeron el temor de los europeos primitivamente apegados al comercio continental y sus prejuicios de simple orden geográfico.
+Tales islas y Tierra Firme necesariamente iban a requerir artículos elaborados en Europa, puesto que sus colonizadores estaban habituados a ellos; así, tanto crecería la exportación cuanto creciera la emigración. Ahora bien, España habría de monopolizar en su provecho esa faceta peculiar de la vida económica, disponiendo desde el primer instante que no hubiese exportación hecha por manos extrañas a las suyas, y tomando aquellas medidas que, sin privar a los colonizadores de manufacturas no españolas, dejasen en su comercio propio el beneficio de la intervención.
+Más todavía. Para la industria peninsular, América ofrecía posibilidades infinitas en materias primas, y cuando excediesen ellas a la necesidad, ahí estaba toda Europa ansiosa de adquirirlas. En este aspecto podría también España lograr nuevos beneficios, sirviendo de intermediario obligado entre los dos continentes.
+Con el objeto de mantener desde un principio la rigidez del monopolio de que venimos hablando, los Reyes dispusieron que solamente una de las ciudades de Castilla entendiese en las cosas de la navegación transatlántica. Correspondió ese privilegio a Sevilla, por ser la más importante de las ciudades castellanas, lo cual demuestra —en opinión de Haring— hasta dónde consideraban suyo los Reyes Católicos el descubrimiento del Nuevo Mundo. Como es natural, otras ciudades se resintieron por esa medida, sin que sus reclamos fueran eficaces, pues lo que ordenó la voluntad del Monarca subsistió sin mudanza alguna durante largos años.
+La Casa de Contratación nació del monopolio y sirvió largamente sus intereses; Sevilla estaba colocada geográficamente en una posición tal que sin tener las ventajas de un puerto de la Península, como Cádiz, estaba lo bastante cerca de la fuente del Gobierno y de la sede de la legislación para recibir su influjo y señorío. Agrega Haring: «En cuanto a la Corona, para ella era más fácil mantener en un puerto único aquella rígida supervigilancia sobre cada pormenor del comercio y de la navegación que constituía el ideal de los españoles». Dentro de lo natural estaba la ambición gaditana de adquirir para sí el privilegio que descansaba en Sevilla, por sus excelentes condiciones, y muchas circunstancias lo aconsejaban así; empero, como resultado de sus muchos reclamos, apenas logró se le concediese un juzgado cuyas funciones en un todo estaban condicionadas por la voluntad de la Casa de Contratación de Sevilla.
+En lo tocante al territorio peninsular, quedó en esta forma asegurado el monopolio, y para que en el Continente Nuevo correspondiera la realidad a los deseos castellanos, fueron dictadas con prontitud minuciosas disposiciones dirigidas a impedir el contrabando en todas sus formas.
+* * *
+Que los extranjeros no intervengan en el comercio de América era la fórmula política y la consigna de los mejores vasallos de Don Fernando y Doña Isabel, seguida luego vigilantemente por quienes los sucedieron. El fundamento general de ella está suscrito por el famoso jurista José de Veytia en los términos siguientes:
+«La prohibición de extranjeros se ve acreditada por casi todas las repúblicas del mundo, procurando precaver los inconvenientes graves que ha enseñado la experiencia resultan de dar entrada a gente forastera de disímil naturaleza, costumbres y ministerios; cuando, además de las otras razones políticas, la vulgar de correrse con más felicidad en suelo ajeno que en el propio, suele favorecerlos tanto, que el torrente de las aguas buscadas y adquiridas para el refrigerio y desahogo de nuestros sedientos campos se propaga y convierte en aprovechamiento de los extraños».
+Al referirse, no ya a las bases generales de la cuestión, sino a los extranjeros en sí mismos, agrega:
+«Ningún extranjero puede tratar ni contratar en las Indias, ni pasando a ellas, ni comerciando desde estos reinos, sin habilitación y licencia de Su Majestad.
+«Los que la tuvieren, han de poder solamente con sus bienes y caudales, pena de perdimiento de ellos y de la habilitación».
+Ahora bien, no ha de entenderse que a fines del siglo XVII eran extranjeros todos los nacidos fuera de España, simplemente. Dicho carácter cobijaba a muchos españoles, por el hecho de haber nacido más allá de los límites de Castilla, León y Aragón. Recordemos que el testamento de Isabel la Católica fue muy claro en orden a restringir a sus vasallos el beneficio del hallazgo de América.
+Tan extranjeros eran los hombres nacidos fuera de Castilla, León y Aragón como los portugueses de su tiempo, según se ve en la ley siguiente, del año 1564, dada para lograr la expulsión de estos últimos de la tierra americana:
+«Echarlos heis de ella, y de aquí adelante no consentiréis estar en ella los que de nuevo fueren, y lo mismo haréis en otros cualesquier extranjeros que han ido de fuera de estos reinos de Castilla y Aragón».
+En el año de 1591, es decir, a fines del siglo XVI, refiere Veytia, se mandó que saliesen de las Indias los que no fueren naturales de Castilla, Aragón, Valencia y Cataluña, y que no pudiesen tratar en ellas, ni tener compañías, ni comprar oro, ni plata en barras ni en pasta, pena de perdimiento de bienes y destierro de Castilla.
+La primera de las condiciones requeridas para practicar el comercio en Indias fue, por tanto, la de pertenecer a los reinos de Castilla, León y Aragón, ya fuese por nacimiento, ya por naturalización o habitual domicilio, y después de ella, la de incorporar sólo a las especulaciones correspondientes la hacienda propia. De lo cual se desprende que en los lustros iniciales de la dominación española fueron muy pocos los que realmente vinieron a lograr provecho del monopolio, sin que tuviesen acceso a la explotación comercial innumerables mercaderes que desde entonces hubiesen dado un tanto de amplitud a la fisonomía económica del Nuevo Mundo.
+Rígidas fueron, pues, las normas básicas de la actividad mercantil americana; como resultado simplemente natural del curso de los años, numerosas disposiciones legales fueron dictadas hasta fines del siglo XVIII, que redujeron las dificultades primitivas y abrieron perspectivas mejores y horizontes más generosos. Era de tal naturaleza la lucha de las naciones enemigas de España contra ella en sus relaciones con América, que la actividad de bucaneros y piratas no le dejó punto de reposo y llenó de zozobra siempre el viaje de sus grandes navíos. De este modo llegó a formarse en el ambiente propio de los comienzos del siglo de la Independencia un mismo acento, opuesto al monopolio, en el que confundieron su aspiración los más opulentos países europeos y los más francos partidarios de la reforma administrativa y política, precursores de esa misma emancipación.
+De todas las provincias americanas surgió un clamor unánime que pretendió despertar la adormecida sensibilidad de la Metrópoli, con el objeto de que se remediaran los múltiples inconvenientes derivados del monopolio comercial; del mismo modo que en los años iniciales fueron los vecinos de las grandes ciudades españolas los que levantaron la voz para protestar respetuosamente pero con firmeza contra el predominio vinculado a Sevilla y a su Casa de Contratación, en los últimos años del régimen hispano en las Indias fueron los vecinos de las ciudades americanas los que demandaron con claras palabras la reforma de los abusos establecidos y de la legislación incompetente. Más aún, España misma, por boca de sus mayores economistas, ensayaba una restauración, o al menos, una promesa de ella.
+El Nuevo Reino de Granada habló entonces (1790) por los labios de don Pedro Fermín de Vargas:
+«El horror con que se vio la introducción de extranjeros en estos países, y la severidad con que se prohibió, ha tenido a nuestra población en el estado de languidez en que la vemos. Los españoles que vinieron a este Reino fueron poquísimos respecto de su extensión. Los indios habían desaparecido casi del todo, y los negros que se introdujeron, o no probaron bien en estos climas, o eran en tan corto número que no podían reemplazar la pérdida de los habitantes naturales. Así, la prohibición del comercio con los extranjeros en América opuso a nuestra población un obstáculo invencible.
+«No ha muchos años que se franqueó el comercio de cabotaje que anduvo prohibido tan largo tiempo. Y estos yerros multiplicados no se pueden atribuir a otra cosa que a la ignorancia de los principios más claros de política. Porque, ¿cómo es posible que de otra manera se pueda creer que en un Estado se prohíba a los vasallos la comunicación de unos puertos a otros, y que las provincias se socorran mutuamente sus necesidades?
+«Consiguiente a este yerro fue el de la expedición de las flotas y galeones que hacían sumamente tardío el comercio de estos dominios con su Metrópoli, y a este respecto todas las correspondencias. La Corte, por esta falta de comunicación, rara vez se instruía de lo que pasaba por acá; los vasallos vivían oprimidos de los gobernantes, y estos seguros de la impunidad de sus crímenes cometían los mayores excesos. Fue origen de muchos males esta interrupción de noticias, y prueba evidente del carácter fiel de los americanos la resignación con que lo sufrían sin hacer el más leve amago de inobediencia.
+«… El descubrimiento del Nuevo Mundo y de las Indias Orientales, después de haber causado en todos los Estados de Europa una extraña revolución política, ha dado origen a innumerables necesidades ficticias sin las cuales no pueden pasar sus habitantes. El café, el té, el chocolate, etcétera, son objetos de lujo necesarios para todos los cuerpos. Las artes y la medicina han entrado también en parte de estas mismas necesidades, y he aquí una multitud de ramos de agricultura y de comercio con que podemos entretenernos ventajosamente. Si se atiende a que los franceses e ingleses con el solo cultivo de sus colonias han triplicado su comercio, su población y sus riquezas, y que nosotros con nuestro oro y plata no hemos hecho otra cosa que empobrecer, se conocerá fácilmente la ventaja de la agricultura sobre las minas.
+«La prodigiosa extensión de terreno que tenemos en el Reino, su maravillosa fecundidad y la baratura de su precio nos pone en estado de cultivar con mayores ganancias todos los frutos de las islas y, por consiguiente, de darlos a mejor mercado que los extranjeros. Ya se quejan estos de que el aumento de cultura va haciendo decaer el terreno de las islas de su primera fertilidad, con que teniendo nosotros nuestros terrenos vírgenes, es positivo que en igualdad de extensión cogeríamos duplicados frutos, circunstancia que nos pondrá en estado de venderlos más baratos con ventaja de nuestra balanza.
+«Sólo hay un inconveniente qué temer en esta operación, y es que los extranjeros han perfeccionado extremadamente su cultura, y así sería preciso que nosotros elevásemos la nuestra al mismo grado, para que nuestras producciones tuviesen en Europa la misma reputación. Pero esto se podría conseguir con el establecimiento de sociedades patrióticas que ayudasen con sus luces y fondos a la perfección de nuestra labranza.
+«… Pero aún quedaba un paso que dar en esta carrera: este sería permitir la extracción libre de nuestros frutos a las mismas islas, o cualquier otra parte de Europa en derechura, en embarcaciones nacionales. Los comerciantes de la Península no han adquirido aquel grado de reputación que sólo es capaz de las grandes especulaciones del comercio, ni este en general tiene todavía en España la actividad que entre las demás naciones. Así es que dando una vuelta inmensa a nuestros frutos por los puertos de la Metrópoli, o salen demasiado caros, o entretanto se surten las demás naciones de sus propias colonias. Los extranjeros son demasiado celosos de sus intereses, y no hay que esperar que vayan a pagar en España el flete y los derechos de aquellos frutos que ellos mismos cultivan.
+«Sería, pues, lo más seguro llevárselos nosotros mismos, o permitirles la venida de sus navíos a nuestros puertos. En esto no podría haber otro inconveniente que el del contrabando, pero este sería quizás menos de lo que es hoy, si se concediese la venta de aquellas cosas que no se fabrican en la Península, y que son de un consumo necesario en estos dominios. Pongo por ejemplo las harinas, la loza, los pintados, efectos que gastamos generalmente de contrabando, sin que se pueda impedir, pues aun después de la reforma de derechos que ha habido con el establecimiento del comercio libre, gana el comerciante clandestino un 64 por 100 más que el comerciante legítimo. Los franceses e ingleses no son menos celosos del contrabando que nosotros; con todo, permiten recíprocamente todo aquello de que no pueden surtir a sus colonias, por cuya razón siempre se han llevado a Norteamérica los azúcares, los cafés, los aguardientes y los melado de las posesiones francesas, trayéndose en retorno las maderas, las harinas, las carnes, el pescado, etcétera.
+«Aumentado el comercio con esta libertad, sería consiguiente el aumento de nuestra agricultura, y a este respecto el de la población», concluye don Pedro Fermín de Vargas. Y agrega que la población sólo puede aumentarse en proporción directa al cultivo de las tierras y al fomento y desarrollo de las industrias y del intercambio. Pero mientras subsistan las trabas de tiempos antiguos y no se abran las costas granadinas al comercio y a la naturalización de los extranjeros —afirma— continuará este país soportando una carga de pesadumbre y miseria bien lejanas de la opulencia a que lo convidó la naturaleza por medio de sus incontables riquezas y posibilidades.
+Adelante oiremos la voz de otro americano más ilustre aún, sobre este mismo aspecto de la vida social.
+* * *
+No habían faltado en España varones de sabio consejo que amonestaran a sus príncipes acerca de los buenos principios de la economía nacional e internacional; así lo atestiguan los nombres de Martín González de Cellorigo y Diego José Dormer, en escritos publicados en 1600 y 1684, respectivamente. El primero dice a las gentes de su tiempo: «La decadencia de España procede de menospreciar las leyes naturales que nos enseñan a trabajar, y que de poner las riquezas en el oro y en la plata y dejar de seguir la verdadera y cierta que proviene y se adquiere por la natural y artificial industria, ha venido nuestra república a decaer de su florido estado… La verdadera riqueza no consiste en tener labrado, acuñado o en pasta mucho oro o mucha plata, que con la primera consunción se acaba, sino en aquellas cosas que, aunque con el uso se consumen en su género, se conservan por medio de la subrogación, con que se puede sacar de las manos de los amigos y enemigos el oro y la plata… Y es no entender lo que es el dinero quien de este fundamento se aprovecha, porque si, como lo dice la ley, sólo fue inventada para el uso de los contratos, no es sino causa de la permutación, pero no el efecto de ella, pues sólo es para facilitarla y no para otra cosa… Es error también no entender que, en buena política, la cantidad más o menos de dinero no alza ni baja la riqueza de un reino, porque no sirviendo de más que de ser instrumento de las compras y ventas, tanto efecto hace el poco dinero como el mucho, y aun mejor, pues quita el pesado uso de los tratos y comercios y le hace más fácil y ligero. Lo mismo se hace con el poco dinero que con el mucho, de que dan suficiente fe los contratos de ahora cien años, porque lo que entonces se hacía con un real, ahora no se hace con cincuenta».
+Si tal dijo don Martín González en 1600, en términos igualmente sabios se expresó don Diego José Dormer en 1684 al hablar a las Cortes de Zaragoza sobre libertad de comercio: «Asentado por constante que todas las naciones comercian por permutas, por la razón que de otra suerte se consumirán luego el dinero de cada provincia, y porque por mar y tierra los que llevan los géneros han menester volver cargados de otros, por el mayor daño que se les seguirá en perder las conducciones o la suma costa que tendrían si no trajesen cosas de donde han llevado otras… estando prohibidas las mercaderías extranjeras, se quita necesariamente la ocasión y el medio para el despacho de los frutos y cosas propias, pues el que trae lo uno lleva lo otro, por ganar en ello también… Últimamente, se ha de considerar que la prohibición no sirve, como se tiene experiencia, sino para que se vendan más caras las mercaderías y de menos provecho, porque la misma dificultad de ellas hace que no haya elección y se deseen y se soliciten más, y a su interés se añade el de los metedores y de los que las cubren, que todo lo recobra el mercader, y la generalidad no saca fruto, sino muchísimo daño, por cargar en otras cosas lo que excusa en esto, por ocasión de haberlo prohibido».
+Pasan los años, nuevos reyes ocupan el trono, y políticos nuevos suceden a los antiguos, pero las leyes permanecen estacionarias, o padecen mudanzas tan insignificantes que apenas percibe su mejoría el conjunto social, de donde resulta que mientras los problemas se multiplican y crecen las necesidades públicas, ya por el aumento de población, ya por las diversas influencias de que se encuentra circuida, las normas fundamentales continúan estacionarias y apenas se vislumbra en un porvenir remoto la lumbre de una restauración benéfica. No de otra manera podríamos explicarnos el respeto con que España escuchó la palabra de Jovellanos en sus intervenciones de 1788 acerca de las cuestiones agrarias y del comercio metropolitano, que tan desvelada mantuvieron a la monarquía en dicho año. Su pluma trazó entonces un bosquejo magistral del panorama.
+En la Península española había decaído la agricultura en tales términos que serían precisos muy vigorosos esfuerzos para levantarla de su postración; como si el país hubiese olvidado su propia estructura y su fisonomía peculiar, los agricultores padecían toda suerte de dificultades, y gravámenes tan duros, que apenas alcanzaban una recompensa precaria sus innumerables fatigas. La legislación antes favorecía al sedentario mercader que al campesino laborioso, y las exenciones iban en provecho de quien mayores posibilidades económicas gozaban, sin mirar al pro común y a la conveniencia general. España había descendido uno a uno los peldaños de su vieja prosperidad, y nada permitía esperar que los subiese de nuevo.
+Jovellanos clamó entonces por un saludable despertar y por una mirada del país sobre sí mismo, haciendo a un lado las ataduras tradicionales que la ahogaban y le impedían cuidar de sus intereses; la pluma de este insigne clásico imploró entonces con el objeto de que se corrigiesen las pasadas equivocaciones y se reformasen los defectos públicos, puesto que no sólo las leyes sino las costumbres fatuas empujaban hacia la ruina todo el andamiaje social. Todo el texto de la Ley agraria está impregnado de amargura patriótica y asombra por la claridad de los conceptos y la franqueza de las proposiciones. La palabra del insigne escritor alude al problema de las colonias americanas cuando dice:
+«Cuando una metrópoli no tiene en la industria nacional o en algún ramo de ella sobrantes con qué abastecer las colonias, la buena economía quiere que las abastezca con productos extranjeros para asegurarse de su comercio exclusivo. En este caso la metrópoli debe contentarse con un comercio de economía, que aunque no tan precioso, es siempre para ella de considerable utilidad, porque sobre los derechos que adeuda el género extranjero a la entrada, sobre las comisiones, almacenajes y conducciones que paga hasta los puertos de salida, contribuye a Su Majestad los derechos de esta y los de entradas en los puertos de las colonias, y estas son propiamente ganancias nacionales, que fomentan el comercio y la marina mercantil, y mantienen una muchedumbre de manos intermedias, indispensables en esta especie de comercio».
+A pesar de que Jovellanos se declaraba entonces defensor del monopolio en cuanto nada debería escapar a la vigilancia española, no por eso dejaba de reconocer que era indebido privar a la América de aquellos elementos que la Metrópoli estaba lejos de producir: «Es preciso que suplamos con los productos de la extraña aquello a que no alcancen los de la propia industria, y entonces los que hubiéramos adoptado para este objeto deben ser tratados como nuestros. Y, a la verdad, ya que en ellos no lo ganemos todo, ¿por qué a lo menos no ganaremos alguna parte?… La industria, que sólo puede prosperar en medio de la libertad, debe desfallecer a vista de tantas sujeciones y estorbos como se le oponen».
+Y al presentar el resultado de sus reflexiones y trabajos acerca del vastísimo problema de la agricultura española, decía:
+«Salgan nuestros labradores de los poblados a los campos; contraigan la sencillez e inocencia de costumbres que se respira en ellos; no conozcan otro placer, otra diversión, que sus fiestas y romerías, sus danzas y meriendas… ¿Por ventura no es la falta de comunicaciones y la carestía absoluta de todo la causa de la despoblación de los campos?… Sin duda que vuestra alteza necesitará de toda su constancia para derogar tantas leyes, para desterrar tantas opiniones, para acometer tantas empresas y para combatir a un mismo tiempo tantos vicios y tantos errores, pero tal es la suerte de los grandes males, que sólo pueden ceder a grandes y poderosos remedios.
+«Dígnese pues, vuestra alteza, de derogar de un golpe las bárbaras leyes que condenan a perpetua esterilidad tantas tierras comunes; las que exponen la propiedad particular al cebo de la codicia y de la ociosidad; las que prefiriendo las ovejas a los hombres, han cuidado más de las lanas que los visten que de los granos que los alimentan; las que estancando la propiedad privada en las eternas manos de pocos cuerpos y familias poderosas, encarecen la propiedad libre y sus productos, y alejan de ella los capitales y la industria de la nación; las que obran el mismo efecto encadenando la libre producción de los frutos, y las que gravándolos directamente en su consumo, reúnen todos los grados de funesta influencia de todas las demás. Instruya vuestra alteza la clase propietaria en aquellos útiles conocimientos sobre que se apoya la prosperidad de los Estados, y perfeccione en la clase laboriosa el instrumento de su instrucción, para que pueda derivar alguna luz de las investigaciones de los sabios. Por último, luche vuestra alteza con la naturaleza y, si puede decirse así, oblíguela a ayudar los esfuerzos del interés individual, o por lo menos a no frustrarlos».
+* * *
+Tales clamores, esparcidos bajo el cielo de España por uno de sus varones más virtuosos y sabios, dan a entender con exactitud la situación general del país y, por consiguiente, de todas y cada una de las partes del organismo político. Ese urgido patriotismo de que están llenas las palabras de Jovellanos también infirma el espíritu de un prócer argentino, don Mariano Moreno, cuando dice al referirse a la precaria situación de la economía en las provincias del Río de la Plata:
+«Hay verdades tan evidentes que se injuria a la razón con pretender demostrarlas. Tal es la proposición de que conviene al país la importación franca de efectos que no produce ni tiene, y la exportación de los frutos que abundan hasta perderse por falta de salida.
+«En vano el interés individual, opuesto muchas veces al bien común, clamará contra un sistema del que teme perjuicios; en vano disfrazará los motivos de su oposición, prestándose nombres contrarios a las intenciones que lo animan; la fuerza del convencimiento brillará contra todos los sofismas. Los que creen la abundancia de efectos extranjeros como un mal para el país ignoran seguramente los primeros principios de la economía de los Estados.
+«Nada es más ventajoso para una provincia que la suma abundancia de los efectos que ella no produce, pues envilecidos entonces, bajan de precio resultando una baratura útil al consumidor. A la conveniencia de introducir efectos extranjeros acompaña en igual grado la que recibirá el país por la explotación de sus frutos. Con qué rapidez no se fomentaría nuestra agricultura, si abiertas las puertas a todos los frutos exportables contase el labrador con la seguridad de una venta lucrativa. Los que ahora emprenden tímidamente una labranza, por la incertidumbre de las ventas, trabajarán entonces con el tesón que inspira la certeza de la ganancia.
+«No puede tolerarse la osadía con que el síndico del consulado dice que es la plebe la que se interesa con vivos deseos de que se ejecute el plan indicado; es esta una injuria: la parte más útil de la sociedad, la más noble, la más distinguida, eleva sus clamores y aboga por una causa de que penden la firmeza del gobierno y el bien de la tierra; este noble objeto está íntimamente ligado a la prosperidad nacional».
+Si don Mariano Moreno escribía tales cosas con tan sencilla elocuencia, veamos cómo trazaba Camilo Torres su opinión en el admirable Memorial de agravios, y alabemos la concordancia de los grandes cerebros en presencia de los mayores problemas de América:
+«… En fin, ¿quién hay que no conozca la importancia de las Américas por sus riquezas? ¿De dónde han manado esos ríos de oro y de plata, que por la pésima administración del gobierno han pasado por las manos de sus poseedores sin dejarles otra cosa que el triste recuerdo de lo que han podido ser con los medios poderosos que puso la Providencia a su disposición, pero de que no han sabido aprovechar? Inglaterra, Holanda, Francia, Europa toda ha sido dueña de nuestras riquezas, mientras España, contribuyendo al engrandecimiento de los ajenos Estados, se consumía en su propia abundancia. Semejante al Tántalo de la fábula, la han rodeado por todas partes los bienes y las comodidades, pero ella, siempre sedienta, ha visto huir de sus labios torrentes inagotables que iban a fecundizar pueblos más industriosos, mejor gobernados, más instruidos, menos opresores y más liberales. Potosí, Chocó, y tú, suelo argentífero de México: vuestros preciosos metales, sin hacer rico al español ni dejar nada en las manos del americano, han ido a ensoberbecer al orgulloso europeo, y a sepultarse en la China, en el Japón y en el Indostán. ¡Oh! ¡Si este gobierno comenzase por establecerse sobre las bases de la justicia y de la igualdad!
+«… ¿De dónde han venido los males de España sino de la absoluta arbitrariedad de los que mandan? ¿Hasta cuándo se nos querrá tener como manadas de ovejas al arbitrio de mercenarios, que en la lejanía del pastor pueden volverse lobos? ¿No se oirán jamás las quejas del pueblo?», tales fueron las preguntas de Torres, a quienes pudieron salvar en un momento dado los supremos intereses de España y, por tanto, los intereses americanos.
+* * *
+Es verdad que las opiniones de Jovellanos y de los economistas González y Dormer constituyen un vigoroso respaldo para los conceptos de ese Precursor desconocido de la Independencia colombiana que se llamó Pedro Fermín de Vargas. Con todo, algo de poderosa consistencia hemos de leer en seguida, y de mayor autoridad aún.
+Hojeando antiguos volúmenes de la Biblioteca Nacional de Bogotá, tuvimos en nuestras manos en recientes días uno de pequeño formato, sencilla presencia, buena composición tipográfica y caracteres amables y bien legibles.
+Su título anunciaba inmediatamente la importancia del contenido: Nuevo sistema de gobierno económico para la América, con los males y daños que le causa el que hoy tiene, de los que participa copiosamente España, y remedios universales para que la primera tenga considerables ventajas, y la segunda, mayores intereses.
+Su autor fue don José del Campillo y Cosío, y la obra fue impresa en Madrid, con licencia de los Reyes, en 1789.
+Los comuneros del Socorro habían padecido la muerte de sus mayores capitanes siete años antes.
+Y don Pedro Fermín de Vargas aún vivía libremente en la Nueva Granada, sin que su pluma se hubiese movido aún a escribir los Pensamientos políticos ni la Memoria sobre la población del Nuevo Reino.
+Más aún, la obra publicada por el economista Campillo en 1789 fue escrita varios lustros antes. Por qué razón las prensas españolas no dieron a la estampa con la justa anterioridad deseable su tratado es cosa que permanece ignorada.
+Ya se ve que los censores de Madrid, cercanos al Rey, eran harto comprensivos y amplios en ideas. No de otro modo hubiesen permitido la propaganda de las sorprendentes apreciaciones que tuvieron bajo sus ojos.
+Hubiesen ellos vivido en la Nueva Granada, en las provincias del río de La Plata, o en México, y jamás hubiesen dado curso libre a las audaces afirmaciones que vamos a conocer enseguida.
+Y hubiese sido autor de ellas un americano, como Vargas o como Nariño, y los tribunales civiles hubieran hallado motivos más que suficientes para remitirlos al cadalso.
+Conocemos bien la suerte del segundo de tales precursores, acusado de haber traducido e impreso el documento denominado los Derechos del Hombre.
+Y sabemos del primero que por causa de sus apreciaciones manuscritas sobre la vida económica del Nuevo Reino, hubo de refugiarse en la sombra impenetrable que lo cobijó desde 1794 hasta el desconocido día de su aliento postrero.
+¿Qué suerte hubiera corrido el granadino que propusiera a la Corte española permitirle la publicación de sus proyectos para un nuevo sistema de gobierno económico para la América?
+¿No proclaman las compendiadas notas que están a la vista en el texto de los Pensamientos políticos la enemiga implacable del censor designado por el Virrey de Santafé contra las aspiraciones moderadas de Vargas?
+Allá, en la ciudad cortesana, podían promulgarse doctrinas propiciadoras de trascendentales reformas civiles. Acá, en la ciudad leal de Jiménez de Quesada, resultaba imperdonable delito la enunciación de humildísimos conceptos inspirados en el amor a la Patria.
+Dicho lo anterior, oigamos sin demora la palabra del ilustre economista peninsular, en sus apreciaciones sobre el presente y el porvenir de América.
+* * *
+«Todo cuanto se ve en aquella gran porción de la monarquía española está demostrando a gritos de la razón la necesidad de introducir en su gobierno un nuevo método, para que tan rica posesión nos dé ventajas, que tengan alguna proporción con lo vasto de tan dilatados dominios, y con lo precioso de sus productos.
+«Este es el único empeño de este asunto. Y para que se manifieste más claramente la necesidad de este importante remedio, cotejaremos nuestras Indias con las colonias extranjeras, y hallaremos que las dos islas, Martinica y la Barbada, dan más beneficio a sus dueños que todas las islas, provincias, reinos e imperios de la América a España.
+«Si el que las Indias produzcan tan escasamente consistiera en la benignidad del trato que se diera a los naturales, no queriendo cargarlos demasiado de tributos, sería cosa tolerable, pero bien al contrario es la suerte de aquellos infelices, la miseria y la opresión, sin que ceda en beneficio del soberano, y bajo el dominio de los reyes más piadosos del mundo y de las leyes más humanas de la tierra.
+«En las descripciones modernas de la Asia nos dicen —y es evidente— que el Gran Mongol tiene doscientos millones de pesos de renta, siendo así que sus estados no equivalen a las Indias de España, ni están sus vasallos tan oprimidos, ni tienen sus ministros las luces que pueden tener los nuestros.
+«Sin salir de la América sabemos que México y el Perú eran dos grandes imperios, en manos de sus naturales y en medio de su barbarie, y bajo de una nación discreta y política están incultas, despobladas, y cuasi totalmente aniquiladas unas provincias que podrían ser las más ricas del universo. Pues, ¿en qué consiste esta enorme contradicción? Consiste, sin duda, en que nuestro sistema de gobierno está totalmente viciado, y en tal grado, que ni la habilidad, celo y aplicación de algunos ministros, ni el desvelo, ni toda la autoridad de los reyes, han podido en todo este siglo remediar el daño y desorden del antecedente, ni se remediará jamás hasta que se funde el gobierno de aquellos dominios en máximas diferentes de las que se han seguido hasta aquí.
+«En Indias, como en otras partes, se deben considerar en punto de gobierno, el político y el económico. Por gobierno económico se entiende la buena policía, el arreglo del comercio, el modo de emplear civilmente los hombres, el de cultivar las tierras, mejorar sus frutos y, en fin, todo aquello que conduce a sacar el mayor beneficio y utilidad de un país.
+«Para el acierto de este gobierno tenemos el ejemplo de las naciones más sabias, que se han dedicado a esta importante materia, particularmente de siglo y medio a esta parte, y podemos apropiarnos cuanto han adelantado en aquellos asuntos.
+«Este gobierno económico es el asunto principal de esta obra, y si en adelante tocásemos el político, será solamente de paso, y en cuanto a su arreglo, que es uno de los principales fundamentos de la buena economía del estado. Por ahora basta decir que no se necesita más que reducir las cosas a su primitivo instituto en los más de los puntos, quitando los abusos, que ha introducido el tiempo, y proporcionando nuestro sistema al estado presente de las cosas, según el tiempo en que vivimos.
+«Y en esto debemos hacer justicia a los ilustres varones que fundaron el imperio americano, tanto a los reyes como a sus ministros y generales, pues en lo antiguo hicieron lo que correspondía a su tiempo, con mucho conocimiento, y si no dejaron establecido el gobierno económico, que vamos a tratar, en la misma perfección que el político, esto se debe atribuir a su siglo, en que estaban poco adelantadas las luces de una ciencia que sólo de siglo y medio a esta parte ha llegado al alto punto en que hoy la vemos.
+«Pero en todo lo demás, cuanto se ejecutó en América bajo las órdenes de los señores, el Emperador Carlos V y su hijo Felipe II, fueron conocidos aciertos, y los españoles de aquellos tiempos hicieron prodigios en todas líneas; prodigios de intrepidez y constancia en sus navegaciones, de valor en sus conquistas, de sabiduría en sus leyes y constituciones para el gobierno de las Indias, y prodigios, en fin, de prudencia y de política en los demás establecimientos.
+«Descubrieron y fortificaron los puertos, reconocieron los ríos, abrieron las minas y, previendo que estas habrían de atraer otros europeos, se hicieron dueños de aquel vasto continente; de suerte que en cinco mil leguas de costa nadie pudo entrar ni salir sin su licencia, particularmente mientras el Brasil fue de España.
+«En el ínterin fundaron poblaciones y nobles ciudades, cancillerías, gobierno eclesiástico y civil y, lo que más importa, agregaron a nuestra santa fe muchos millones de infieles. En una palabra, todo lo más arduo dejaron hecho, y lo que dejaron de hacer —aunque para la utilidad de España era lo principal— en la dificultad era poco, si se hubiera hecho después a tiempo, pero el siglo pasado, que para otras naciones fue siglo de oro de las luces de gobierno, de buenos establecimientos y de prosperidades, fue para España siglo de desgracias y pérdidas…
+«Debemos mirar la América bajo de dos aspectos: el primero, en cuanto puede dar consumo a nuestros frutos y mercancías; y el segundo, en cuanto es una porción considerable de la monarquía, en que cabe hacer las mismas mejoras que en España.
+«Tenemos el consumo más abundante del mundo, sin salir de los dominios del rey, pero nos sirve poco, pues apenas la veintena parte de lo que consumen nuestras Indias es de los productos de España. Lo mismo sucede en lo que toca a la población, cultivo, comercio y demás intereses en que puede haber mejoras.
+«Cuando entraron los españoles en la América estaba el país muy poblado; sin embargo de que aquellos bárbaros estaban siempre en guerras continuas. Ahora van trascursados más de doscientos años que no hay entre ellos guerra de sustancia, y el país está hecho poco menos que un desierto.
+«En cuanto al cultivo de tierras, ¿cómo se puede medrar donde el que trabaja no coge, y el que coge no goza el fruto?
+«El comercio es el que mantiene el cuerpo político, como la circulación de la sangre el natural, pero en la América, donde es el comercio un estanque general, no puede producir sino enfermedades y muertes políticas.
+«Las fábricas, único asunto que de ningún modo se pudiera permitir en América, es el único que ha tomado cuerpo, en gran perjuicio de España, habiendo ya gran cantidad de telares en ambos reinos, que surten no sólo a los indios pobres, sino a los españoles de medianas conveniencias.
+«Lo mismo sucede en los demás asuntos que constituyen los verdaderos intereses de España y, entre otros, los tesoros que tiene de la América son más en su perjuicio que en su utilidad, pues nueve partes de diez van a las naciones extranjeras, y como las potencias no son ricas ni poderosas sino en comparación unas de otras, cada millón que va a otra nación, no viniendo de ella otro a España, es lo mismo que dar a aquella un grado de superioridad sobre la nuestra y bajar otro grado a esta.
+«Las principales causas de este daño son dos: la inobservancia de las leyes y el descuido de no haberse después proporcionado estas y las providencias del gobierno a la variedad de tiempos y circunstancias.
+«En cuanto a la primera, por ser un asunto tan conocido de todos que no necesita de explicación, sólo diré aquí que la gran distancia, la facilidad de engañar con informes artificiosos y de hallar amigos el que tiene dinero, el abatimiento de los indios, sin alimentos ni medios para llevar su queja al pie del trono; el ningún castigo de los delitos, aunque públicos, y el premio raro y escaso del que obró bien, y vino pobre, ha causado en aquel Nuevo Mundo un estrago tan monstruoso que es menester la mano poderosa de un monarca para el nuestro, para repararlo.
+«Son muchas las ocasiones y asuntos en que no se han proporcionado las providencias y las circunstancias del tiempo; en el de Felipe II florecían en España y en los Países Bajos de nuestra dominación todo género de fábricas, y no las tenían Francia ni Inglaterra, y no había República de Holanda en el mundo. La potencia marítima de España era entonces la mayor de Europa; las naciones europeas no tenían colonias en América, o eran tan débiles que se podían contar como despojos que España había desechado.
+«Entonces la exclusión de géneros extranjeros tenía todo su efecto. España surtía sus Indias de sus productos y los retornos eran todos suyos. Entonces se pudo cargar aquel comercio de derechos algo subidos y poner restricciones sin que por eso cesase su giro regular, pero cuando en lo sucesivo se mudaron todas estas circunstancias favorables a España, entonces esta volvió a tomar nuevas medidas, proporcionadas al tiempo, y habiéndose abierto libre y desembarazado camino los extranjeros a nuestras Indias, el medio de conservar aquel comercio era facilitar de todos modos la extracción de nuestros frutos y géneros, cargándolos de pocos o ningunos derechos. Con esto, los frutos que irían de Cantabria, Galicia y Cataluña y otras provincias baratas, sin mucha carga de fletes, se venderían a los mismos precios con poca diferencia que las mercancías extranjeras, y no teniendo ganancia el contrabandista, no hubiera tomado cuerpo el comercio ilícito. La conservación de aquel consumo habría mantenido nuestras fábricas y agricultura en su antiguo floreciente estado, y los retornos de Indias que habrían quedado en el Reino compensarían abundantemente al Real Erario la libertad de derechos de la salida de España.
+«Lo contrario de todo esto es lo que se hizo, y sin atención a la mudanza de circunstancias se ha continuado y prosigue el sistema antiguo, y sin contar con la distancia y extensión de aquellos dominios, ni con la proximidad de las colonias extranjeras, ni con la necesidad de aquellos vasallos, y la imposibilidad de surtirlos hoy España, ni de impedir que los hagan otros en derechura, hemos establecido, sin quererlo ni pensarlo, un sistema que ha aniquilado los intereses de España, y que hoy no es tan fácil de desbaratar, pues hallando nuestros americanos tanta ventaja en tratar con los extranjeros, han tomado unos y otros de acuerdo tan buenas medidas, que aunque gastase el Rey en el resguardo todo cuanto les producen las Indias, jamás se lograría excluir los géneros extranjeros si no se dispone que los de España se den, poco más o menos, al mismo precio
+«El espíritu guerrero era el que predominaba en tiempos de Carlos V, pero entonces era necesario y conveniente seguir su impulso, pues siendo pocos los españoles en América, y teniendo que sujetar millones de indios con sus caciques, que defendían su libertad con su natural fiereza, era indispensable usar de todo el rigor de la guerra, a fin de atemorizar a aquellos bárbaros y contenerles con la impresión del valor español.
+«Pero después no se guardó en esto el prudente medio que correspondía, y se llevó adelante el rigor hasta aniquilar a los infelices indios, sin considerar que reducidos ya al estado de no poder dar recelo al gobierno, y hallándose España en posesión de la costa, de modo que podía excluir a los demás europeos; entonces debía seguir máximas totalmente distintas, como eran volver toda su atención al comercio y al cultivo de aquellos preciosos frutos, establecer una buena política, y por medio de un buen gobierno económico reducir a los indios a vida civil, tratarlos con benignidad y con dulzura, animarlos a la industria, y por este camino hacer de ellos vasallos útiles y españoles, y no mirar con desprecio la calidad de indios, ni oprimirlos, como se ha hecho y hace hoy. En adelante se extenderá más este pensamiento y el siguiente.
+«Con los indios bravos se ha seguido un sistema igualmente errado, y si hubiéramos imitado la conducta de los franceses en el Canadá, que no pretenden sujetar a los naturales sino tener su amistad y comercio, experimentaríamos los efectos correspondientes, pero nosotros estamos siempre con las armas en las manos, y el Rey gastando millones para entretener un odio irreconciliable con unas naciones que tratadas con maña y amistad nos darían infinitas utilidades.
+«No se hacían cargo nuestros españoles guerreros que el comercio de un país, teniéndole privativo, vale mucho más que su posesión y dominio, porque se saca el fruto y no se gasta en su defensa y gobierno».
+* * *
+El editor de la obra del economista Campillo no esquiva manifestar en las palabras preliminares que en ella se encuentran mencionados los errores más notorios de la administración española en América, y se detallan los remedios adecuados; de estos dice que no son quiméricos ni impracticables, como lo demostraría el hecho de que los defectos corregidos según sus máximas acreditan la sana orientación de ellas.
+Mas no vacila en aludir en otra parte el editor a la dureza y vehemencia con que el economista Campillo aboca el conocimiento de los abusos y errores de la política española. Para explicarlo con acierto dice: «Pero es menester hacerse cargo que hablaba como Ministro que conocía el daño en su raíz, y que escribía en tiempo muy diverso del actual, en que se han corregido ya algunos de aquellos abusos, y es de esperar que se continúen desarraigando los demás, al paso que el estudio de la economía política vaya ilustrando a la nación acerca de sus verdaderos intereses».
+Resulta evidente que en la esfera más alta del pensamiento español de fines del siglo XVIII había cabida para preocupaciones de tan fuerte envergadura como las económicas, no ya desde el punto de vista exclusivamente nacional sino en cuanto ellas tocaban con el poderío colonial de la Madre Patria. Era posible desde mediados del siglo XVIII escribir a propósito de los errores y de las inadvertencias del gobierno, y esto es lo que claramente se percibe en la obra del señor Campillo, cuyos originales datan de 1743. Por otra parte, había lectores para esa clase de obras, y una capacidad más o menos profunda para entenderlas, aunque no hubiese posibilidad de aplicarlas.
+Animó al autor el más tierno afecto por su país, y le mantuvo firme en la expresión de sus ideas a través de varios años de actividad política y literaria. En efecto, con anterioridad a la obra dedicada a bosquejar un Nuevo sistema de gobierno económico para la América, había trazado los tomos titulados así: Lo que hay de más y de menos en España, para que sea lo que debe ser y no lo que es, y España despierta.
+* * *
+Detengámonos en algunas apreciaciones aisladas del autor, a propósito del tema que le ocupaba:
+«Restituir todas las leyes y todas las cosas de América a su primer estado, nos hacemos cargo que es grave y difícil empeño, y que puede traer los inconvenientes de espantar a los americanos con esta novedad…
+«No se pretende que las leyes primitivas se observen todas según su tenor, ni que se reforme toda práctica que les sea contraria. El mismo curso del tiempo hace que una ley oportuna en su creación sea después contraria y destructiva del bien mismo que tomó por objeto, y —aunque no es tan frecuente— sucede también al contrario.
+«En unas leyes hechas para unos objetos distantes dos y tres mil leguas sobre informes, las unas veces interesados, por serlo las personas de quienes proceden, y tal vez ignorantes, preocupadas o faltas de luces, no es mucho que haya bastante que mudar.
+«Hasta los virreyes y gobernadores se han visto muchas veces en la necesidad, para mejor servicio del Rey, de dejar a un lado sus órdenes y seguir lo que les dictaba su propia experiencia y justificación, pero al mismo tiempo que en ciertos casos puede ser útil el tolerar esta práctica, es, en lo general, abrir la puerta a todo género de abusos.
+«Además de esto, en dos siglos y medio ha sido tanta la variedad de circunstancias y casos ocurridos, que se ha hecho preciso ir proporcionando las órdenes a los sucesos particulares, y no es mucho que en el cúmulo de tantas reales cédulas y providencias, algunas sean, o a lo menos parezcan, opuestas a otras, lo que a los buenos ministros del Rey los pone en confusión, y a los malos les deja libertad de echar por donde quieran».
+* * *
+Y en otra parte el interesantísimo libro expone:
+«Según cálculos bien fundados, tiene el Rey en todos sus dominios de América a lo menos de doce a quince millones de todas clases, sin contar los legítimos españoles. Bajo de este prudente concepto, ¿quién duda que quince millones de hombres ocupen veinte mil leguas cuadradas, y que siempre podrán cultivar la porción de tierras proporcionada a su número, como tengan el fomento y el auxilio correspondiente?
+«En cuanto a la incapacidad de los indios, no puedo creer que sea tanta como muchos quieren aparentar, negándoles aun hasta la calidad de racionales. Yo en esta parte consiento en que esto es ajeno de la verdad, y propio, o de la misma ignorancia o de la malicia. A los que sienten y a los que creen aquello de los indios, se convence de este modo.
+«Si miramos como debemos lo que eran los indios antes de conocer a los europeos, es preciso confesar tenían notorias luces de talento y discurso. Manifiesta esto claramente las grandes poblaciones y ciudades que formaron; los prodigiosos y excelentes edificios que construyeron; los imperios tan poderosos que fundaron; su modo arreglado de vivir bajo de ciertas leyes civiles y militares, teniendo su género de culto de divinidad, y aun ahora vemos que todas las artes y los oficios los ejercitan a imitación de los más hábiles europeos, con gran destreza, hasta la pintura, la música, etcétera.
+«Todos estos requisitos y circunstancias parece inclinan a que se crea verdaderamente que los indios no carecen de las discursivas y razonables luces con que algunos nos los pintan. Parece que aseguran tienen una razón bien puesta, unas potencias claras y una comprensión, agilidad y aptitud ni tan bárbara, ni aun tan vulgar como se afirma. Y últimamente parece dejan todas las referidas circunstancias pasadas y presentes de los indios las puertas del juicio y de la reflexión abiertas para no dar asenso a que son enteramente como irracionales.
+«Pero doy caso que hoy sean como se representan, ya sea porque los haya reducido a la barbarie una larga opresión, como sucede a los griegos modernos, descendientes de aquellos grandes capitanes, filósofos y estadistas de la antigüedad, que fueron maestros del mundo, o sea porque realmente tengan menos alcances que otras naciones por su natural condición: nada de esto se opone a lo que aquí tratamos, que es hacer de ellos vasallos útiles, pues vemos que aquí en Europa, entre las naciones más cultas, los más útiles hombres son los que tienen menos luces, es a saber, la gente de campo, labradores, pastores, etcétera».
+* * *
+Acerca de una nueva distribución de la tierra americana dice el célebre reformador:
+«Toda tierra que los Reyes no tengan ya dada conviene darla desde luego a los indios, que la podrán cultivar, con reales despachos que les aseguren la posesión para ellos y sus descendientes, quedando libres de toda renta por 15 o 20 años, con la condición de pagar al Rey anualmente, pasado este término, aquello que se crea justo, pero con la cláusula de que la tierra que no se ponga en cultivo dentro de los expresados 15 o 20 años, se le volverá a la Corona para que la pueda distribuir en otros vasallos más útiles.
+«Toda tierra inmediata a alguna población, que esté por toda su extensión o por alguna parte montuosa, se repartirá con atención a los gastos, y mayor trabajo que costará a los que hayan de poseerla para dejarla apta para la labor. Esta atención deberá reducirse a cederlas para ellos y sus sucesores, libres siempre de pagar cosa alguna, pues este beneficio será capaz de estimularlos a que las dejen útiles y productibles, lo que sin él, ellos, ni aun los de acá, quizás no emprenderían jamás.
+«Lo que causa notable perjuicio es que están concedidas a españoles grandísimas porciones de tierras que no las cultivan sino por manos de negros y de indios, y no es natural —como está ya advertido y aun probado en esta primera parte— que estos se esmeren en su cultivo, no siendo suyo el fruto ni el fondo…
+«La Cantabria o montañas de Burgos, país pobre por la montuosidad del terreno, nos da incontrastables pruebas de lo mucho que adelantaría una provincia o monarquía haciendo todas las tierras incultas por este defecto, útiles y productivas por el desmonte y el cultivo. Al gobierno superior toca buscar un medio término equitativo igualmente al español que al indio, para el repartimiento de las tierras de esta naturaleza y, sobre todo, conducente a promover el bien público, procurando que ninguna tierra quede sin fructificar, ni el indio sin el debido fomento hacia el trabajo ni sin beneficio razonable y seguro».
+* * *
+Ha quedado hecho en el estudio precedente un bosquejo breve, desde luego, del grave problema de la economía de América en sí misma y en sus relaciones con la Madre Patria. No es preciso que nos extendamos ahora en manifestar cómo el nivel inferior de la economía americana pasó in integrum de la etapa colonial a la organización republicana, atrayendo sobre esta consecuencias gravísimas que impidieron y retrasaron su progreso.
+Más todavía, la estructura de estos países, resentida por los errores de la legislación, padeció un golpe nuevo por los destrozos de la guerra de Independencia: cuanto ellos tenían lo consumieron en ese lapso heroico y duro.
+El comercio libre, decretado para España e Indias por mandato real del 12 de octubre de 1778, fue incapaz de establecer lo que trescientos años de monopolio habían destruido. La lógica de los hechos no podía ser quebrantada por un golpe de política, ni estaba siquiera en manos de los Reyes españoles del siglo XVIII restaurar lo que sus antecesores habían visto desmoronarse.
+Finalmente, meditemos con reflexión profunda acerca de las dificultades que la Independencia misma produjo en lo económico a las repúblicas latinas, a quienes particularmente se refiere esta monografía. Los viejos lazos con España se habían roto, las múltiples vinculaciones existentes antaño tuvieron que desaparecer, y aun la silueta de los barcos hispanos se borró del paisaje de las playas ya libres. América iba a vivir de sí misma, pero a costa de innumerables dolores.
+[1] La numeración, que se repite en este apartado, aparece así en el original compilado y editado por Manuel José Forero. Se conserva así para la presente edición de la Biblioteca Básica de Cultura Colombiana.
+[2] Haber diario que se da a los soldados, del antiguo francés prest (Nota del editor).
+[3] Cuando se escribió esto, subsistía la introducción directa de harinas extranjeras en Cartagena y demás puertos. El permiso que había concedido el Excelentísimo señor Arzobispo Virrey expiró con la venida del Excelentísimo señor Gil en el año de 1789; sin embargo de esta providencia tan útil al Reino, ha recibido muy poca utilidad por haber permitido la Corte los envíos de harinas desde Cádiz. De manera que trayéndose desde este puerto las harinas inglesas de Norteamérica, nos hallamos hoy en peor estado que antes, pues cuando se permitía el comercio directo a Filadelfia era en embarcaciones españolas, ganando estas los fletes en vez que hoy los ganan los americanos desde sus puertos hasta Cádiz, con aumento de su navegación.
+[5] Últimamente se dejó este ramo de comercio libre a los vasallos, y con este motivo ha bajado la libra de quina puesta en Cartagena desde 6 hasta 8 reales, con utilidad general. El Gobierno hace mal comercio, por eso se arruinaron las minas de esmeraldas de Muzo y las de plata de Santana.
+[8] El año de 1787 había en Antioquia 4.296 negros, en el Chocó 3.054 y en Popayán 9.313, inclusos los del servicio doméstico. Por todos componen 16.663. Por este solo rasgo se conoce claramente la gran decadencia de nuestras minas. Los franceses mantienen en las tres colonias de Martinica, Santo Domingo de Guadalupe, más de 250.000 esclavos.
+[9] Posteriormente se ha concedido para los puertos menores, en donde ha mandado el Rey se dé a los introductores un doblón de a 4 pesos cada cabeza, por vía de premio. Dedicándose a la agricultura, después se derogó este premio y se ha renovado la libre introducción.
+[11] Cuando se escribió este tratado, se había mandado cultivar la platina por cuenta del Rey. Posteriormente se dejó en manos de los particulares con la condición de entregarla en Cajas Reales, en donde se paga a razón de 2 pesos por cada libra. Al Oficial Real de Nóvita se le asignaron 40 pesos anuales para esta ocupación. Las minas que más producen la platina son las de Opogodó, en el Citará. Hasta fines del año de 1788 se habían extraído del Chocó 152 arrobas y 20 libras de platina, que siguieron inmediatamente a manos de Su Majestad. El bajo precio de 2 pesos ha sido causa de que salga mucha a los extranjeros, que han pagado en nuestras costas libra a 12 pesos.
+[12] Campomanes se queja de que no se cultiven vastamente las minas de Vizcaya para abastecer la América, dejando entrar hierro extranjero.
+[13] Las esmeraldas son el único artículo de cuantos tiene el Rey en América que va en derechura a sus reales manos, por lo cual es de admirar que los señores virreyes no pongan todo el cuidado posible en su adelantamiento.
+[14] El autor debía tratar con más respeto a este prelado venerable, y si no le parecen verdaderos los hechos que refiere, impúgnelo, no lo ultraje (Nota del editor).
+[15] Sobre todo lo que el autor dice de la dureza de los conquistadores deben verse primero las reflexiones imparciales del abate Nuix. Es verdad que se cometieron crueldades por algunos particulares, pero esto no da derecho a que se culpe a toda la nación española. Se conoce que el autor había adoptado en este punto las ideas de los extranjeros, nuestros enemigos. Parece bien extraño que unas naciones que tanto se lisonjean de humanidad y que tienen valor para echar en cara los defectos de la otra cometan crueldades increíbles, no en un siglo de ignorancia como en el que se hizo la conquista, sino en este ilustrado. Buena prueba de lo que digo es lo que refiere don Antonio Ponz del Guarico en su viaje, fuer. España, tom. pág. , y otras muchas cosas de que abunda la historia de otras naciones. ¡Qué espectáculo tan triste no ofrece a los ojos de la razón el infame comercio de negros que ejerce la Inglaterra! ¡Qué crueldades no se cometen con estos infelices! Léase con cuidado la Concordancia de la Geografía de diferentes edades, de monsieur Planche, página 23 (Nota del editor).
+[16] El precio de los víveres del año de 1739, comparado con este de 1791, nos puede dar alguna idea del aumento de la población que ha habido en Santafé de aquel tiempo a este. Los víveres aumentan el valor por el número de consumidores, o por las riquezas de un lugar; estas no se han aumentado en Santafé, con que si aquel ha subido forzosamente, ha de ser por el aumento de población. El estado siguiente manifiesta el precio a que corrían los comestibles en 1739, comparado con el que hoy tienen:
+Precios de víveres en 1739
+Una arroba de vaca fresca
+0,2 rs. 0
+Un carnero entero
+0,5 rs. 0
+Un cerdo bien grande
+4,0 rs. 0
+Una gallina
+0,1 rs. 0
+Un pollo
+0,0 rs. ½
+Cuatro conejos
+0,1 rs. 0
+Una piel de ganado vacuno silvestre
+0,1 rs. ½
+Un cordobán muy grande
+0,5 rs. 0
+Una carga de harina con 10 arrobas
+3,4 rs. 0
+————
+Suma
+9,4 rs. 0
+Precios de víveres en 1791
+Una arroba de vaca fresca
+0,6 rs. 0
+Un carnero entero
+1,0 rs. 0
+Un cerdo grande
+12,6 rs. 0
+Una gallina
+0,2 rs. 0
+Un pollo
+0,1 rs. 0
+Cuatro conejos
+0,6 rs. 0
+Una piel de ganado silvestre
+0,4 rs. 0
+Un cordobán muy grande
+1,0 rs. 0
+Una carga de harina con 10 arrobas
+5,0 rs. 0
+————
+Suma
+21,3 rs. 0
+[17] Un célebre político nota que los feudos fueron antiguamente en Francia de no gran recurso para la población, y que viviendo los señores territoriales en sus propios feudos, cada lugar principal venía a ser una especie de corte, y teniendo los señores más aprovechamientos a proporción del mayor número de vasallos, cuidaban mucho de que estos se aumentasen, y el producto de sus ventas lo derramaban entre ellos mismos con grande utilidad.
+[18] Ya se han abolido las leyes que concedían encomiendas en América. La Corte ha conocido los defectos de muchos reglamentos antiguos que seguían en América, y todo va arreglándose con una sabia mano y conforme a los principios de una verdadera política.
+[19] Este periodo parece adulterado, y juzgo que se dirá que no se puede atribuir a otra cosa que a la ignorancia de los principios más claros de política.
+[20] Véase la nota número 15.
+[21] Acaba de erigirse un Consulado de Comercio en la ciudad y puerto de Cartagena, en virtud de la Real Cédula de 14 de junio de 1795, que tiene mucha semejanza con el que dice el autor mantienen los franceses en Martinica. En el artículo 22 se le encarga especialmente el fomento de la agricultura. «La protección», dice, «y fomento del comercio será el cargo principal de esta junta, y cumplirá con él procurando por todos los medios posibles el adelantamiento de la agricultura, la mejora en el cultivo y en el beneficio de los frutos, etcétera, etcétera» (Nota del editor).
+[22] Los indios, como todos los hombres, no tienen otro origen que el común y general. Si el autor entiende una familia que con el transcurso de los años se empeoró, es decir, perdió su cultura y, dejádose a sí misma y a sus pasiones, se embruteció, no tenemos qué notar en sus expresiones de una raza degenerada, pero sí nos quiere dar a entender otra cosa: no suscribimos a su modo de pensar. Monsieur de La Condamine, considerando la insensibilidad, la estupidez y los cortos alcances de los indios en su viaje del río de las Amazonas, páginas 50, 51 y 52, saca una consecuencia que hará honor a su juicioso modo de pensar: «On ne peut voir sans humiliation combien l’homme abandonne à la simple nature privé d’éducation et de diffère pue de la bête» (Nota del editor).
+[23] Según los juiciosos cálculos de Arriquibar, conteniendo España sólo 29.000.333 leguas cuadradas, puede admitir la población hasta 36.600.000 almas. ¿Cuántas no cabrían en este Reino, que cuenta dos tantos más de leguas cuadradas? (Véase Arriquibar, Recreación política).
+[24] Tomado de Archivo Histórico Nacional, Poblaciones, tomo 10, folio 39 r a 392 v.
+[25] Tomado de Archivo Histórico Nacional, Hospitales y Cementerios, tomo 3.°, folios 295 r a 309 v.
+[26] Tomado de Archivo Histórico Nacional. Poblaciones, tomo 10, folio 386 r. a 387 v.
+[27] Estas páginas han sido copiadas del Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá, números 34 y 35, correspondientes a los días 30 de septiembre y octubre 7 de 1791 (Nota del editor).
+[28] Historia natural, libro 7.
+[29] No debe confundirse nuestro guaco con otro pájaro pescador del género de las garzas de que habla míster Bufton en el último tomo de su Historia natural de las aves, y que señala con el mismo nombre de guaco, o sguaco, como lo llaman en los valles de Bolonia. Nuestro guaco podría acaso reducirse a la clase de pájaros carniceros, y entrar en el número de los que designa el naturalista como relativos al género de gavilanes, buses y subuses. Los caracteres con que Caresby señala el epervien á serpens, a gavilán come culebras, son muy adaptables al pájaro de que hablamos.
+[30] Ambos sujetos viven hoy en casa del director de la Real Expedición Botánica don José Mutis.
+[31] Se citan estos sujetos como testigos acreditados, pues en un asunto de esta gravedad se necesita todo peso de estos testimonios para acreditar su certidumbre.
+[32] Como no sabemos qué relación tiene el veneno de nuestras culebras con el de la víbora europea, no podemos tampoco graduar respectivamente la eficacia de nuestro bejuco con la de los álcalis volátiles, que son los remedios más eficaces que se conocen contra el veneno de la víbora. No obstante, parece que la virtud del bejuco guaco, impidiendo la operación del veneno de las culebras, debe ser superior a la de aquellos. En confirmación de esto, no será fuera de intento poner aquí lo que refieren las memorias de la Academia Real de las Ciencias del año de 1747 en caso semejante al que sucedió en Mariquita. «El día 23 de julio de 1747, estando el ilustre monsieur Bernard de Jussieu herborizando con sus discípulos en los cerros de Montmorency, uno de estos cogió con las manos una serpiente que juzgó ser culebra ordinaria, y que realmente era víbora. Este animal, irritado, le mordió las manos en tres partes, y casi al momento sintió un adormecimiento en los dedos y se le hincharon. En hinchazón ganó prontamente la mano, y se aumentó tanto que no pudo mover los dedos. En este estado ocurrió monsieur de Jussieu, que distaba de allí algunos centenares de pasos. La inspección del animal le hizo conocer que era una víbora muy fuerte y muy viva, el enfermo que se había asustado se tranquilizó con las esperanzas de una curación pronta. En efecto monsieur de Jussieu se hallaba seguro así por sus reflexiones como por un gran número de experiencias hechas sobre varios animales, de que el álcali volátil era un gran remedio en semejantes casos con tal que se administrase prontamente. Por fortuna llevaba consigo un frasquito de agua de luz, que como se sabe es una preparación de álcali volátil, y aceite de succino. Hizo tomar de esta agua seis gotas al enfermo en un vaso de agua, y derramó encima de cada herida suficiente cantidad con que se lavasen y refregasen. A las dos horas el enfermo se quejó de dolor en el corazón, y se desmayó. Quisieron hacerle una ligadura en el brazo que se había hinchado mucho, pero monsieur de Jussieu lo estorbó y una segunda dosis del remedio tomada en vino hizo volver al enfermo, que sintiéndose muy débil pidió lo llevasen a su cama. En el camino se les desmayó dos veces, se sintió muy malo en la cama, dio señales de delirio, y vomitó la comida. Pero todos estos accidentes cedieron a nuevas tomas de álcali volátil. Después del vómito permaneció tranquilo, y pasó buena noche. Monsieur de Jussieu, que lo visitó después, lo halló muy mejorado, y sólo sentía alguna fatiga originada de la abundante transpiración que le había causado el remedio. Para la hinchazón de las manos se le hizo una untura de aceite común, y un poco de álcali volátil. El efecto de este remedio fue pronto: a la media hora podía el enfermo mover libremente los dedos y al cabo de ocho días se halló perfectamente bueno».
+Por esta relación se ve que, sin embargo de la prontitud con que se administró el remedio, tuvo el enfermo violentos accidentes, que no se disiparon del todo hasta después de ocho días. No sabemos qué operación haría el guaco en semejante caso, pero podremos inferir de la presteza con que obra en los mordidos de nuestra culebra, que en menos tiempo se habría disipado el mal, y quizá sin experimentar el enfermo desmayo alguno.
+[33] Refiere Valmont en su Diccionario razonado universal de historia natural, artículo serpens, que en la Martinica se halla una especie de culebra llamada Conle Sang, o corre sangre, a causa de que la sangre corre por todos los conductos de aquel que ha sido mordido. Esta es una culebra pequeña del porte de la víbora. Tiene los ojos muy ardientes, la piel lucida y pintada de blanco y negro. Su cuerpo es delgado y la cola menuda. Siendo contrario el efecto de este veneno al de las demás culebras, que por lo demás tira a coagular la sangre, parece que contra la mordedura de la Conle Sang deben ser los remedios de la naturaleza contraria a los que conocemos. El guaco sería tan insuficiente como los álcalis en este caso en el cual los [faltante en el manuscrito] tal vez producirían grandes efectos.
+[34] Aunque el veneno de la cascabel es tan violento, podemos asegurar no obstante que el zumo de guaco es un antídoto eficaz. Los síntomas que acompañan a los mordidos de estas culebras son, aunque más graves, de la misma naturaleza que los que producen las demás culebras. Los remedios indicados por míster Kalm, entre los cuales se halla la sal común y el aceite de comer, son muy análogos a nuestro guaco; confírmase lo dicho con la especie de ictericia que sobreviene como efecto de los menos coagulantes.
+ La abundancia de culebras cascabeles que hay en este Virreinato me hace poner aquí la noticia de la admirable virtud de las raíces y hojas de la llantén y marrubio, administradas a los picados de estos insectos. Dos cucharadas del zumo de ambas yerbas son suficientes, según Buchan, para sacar al enfermo de las puertas de la muerte.
+[35] Esta planta es la misma que en las cercanías de Santafé conocen las gentes del campo con el nombre de tinto de flor morada, y en Vélez, Socorro y Girón con el de fague o faguito. Míster Tennent, médico inglés, que vivió muchos años en Virginia, viendo que aquellos que habían sido mordidos de culebra cascabel eran atormentados con síntomas semejantes a los de pleuresía y perineumonía, esto es, dificultad en respirar: tos, esputos de sangre coagulada, pulso duro y frecuente, etcétera, y que se curaba con el uso de la senega, o seneka, concluido que el mismo remedio podía ser útil en la pleuresía y fluxiones de pecho, y con efecto ha sacado felizmente de los brazos de la muerte a muchas personas atacadas de estas enfermedades con el uso de esta planta.
+ Véase Buchan, Medicina doméstica, de la segunda traducción en donde se halla una receta de la seneka.
+[36] Son muchos los antídotos que se han descubierto en todos los tres reinos de la naturaleza. Apuntaremos algunos, para consuelo de aquellos a cuyas manos llegare este discurso, notando de paso que habiendo descubierto el doctor Mead en su tratado De vipera que el remedio de la víbora no es otra cosa que una sal ácida que, en cristalizándose, se convierte en puntas extremadamente sutiles y penetrantes de donde viene el efecto que produce en la sangre, cuajándola inmediatamente, a lo que es consiguiente la muerte si no se recurre a remedios prontos y eficaces; debemos andar muy circunspectos en el uso de los ácidos, en que regularmente conviene nuestros regnícolas, el mismo doctor dice: «que basta esto solo para conocer la falsedad de la opinión de aquellos, que sin haber hecho una sola experiencia han publicado que el veneno de la víbora es un álcali que debe remediarse con los ácidos».
+ Además de las culebras, hay muchos animales que tienen también venenos, más o menos activos contra los cuales son eficacísimos los remedios insinuados. Entre los más terribles se puede colocar el que se compone de la sangre y baba de una especie de lagarto, que se halla en la isla de Java, y de que usan aquellos insulares para teñir sus formidables flechas. Para esto suspende el lagarto por la cola, lo azotan e irritan, hasta que comienza a arrojar por la boca un licor viscoso y amarilloso que reciben en vasos de tierra. Esta sangre luego se fermenta al sol, se coagula insensiblemente y entonces es cuando sirve para untar las puntas de las flechas.
+ El lagarto geco, que sirve a esta operación, se cría en muchas provincias de Asia y África, y se ha colocado por los naturalistas en la clase de las Salamandras tigmalas o lechosas. Por los poros o papilas del lomo arroja un agua gomosa y cáustica que hace ampollas en las manos y gangrena las carnes. Se ha descubierto que el antídoto de su ponzoña es la raíz de azafrán de tierra que también se llama terra merita y por los botánicos Curcuma longa.
+ Según esto, la costumbre que tienen los orientales de teñirse el cuerpo de amarillo con la infusión de la cúrcuma no es un capricho puramente de moda como reflexiona míster Paw, ni una compostura insensata, sino una práctica saludable contra la picadura de las serpientes e insectos. Los usos, como también el culto religioso de las naciones, tienen por lo regular mucho de las propiedades físicas del clima, cuya analogía sólo se esconde a un observador ignorante. El achiote con que se pintan nuestros americanos produce, según el mismo autor, casi los mismos efectos que la cúrcuma de la India Oriental.
+ La propiedad que tiene esta raíz de curar la ictericia, según las experiencias que se hallan en la continuación del Tractatus de materia medica de Geoffroy, hace presumir que también debe ser antídoto del veneno de nuestras culebras, que como se ha dicho produce una especie de ictericia.
+ Entre los venenos vegetales, además del manzanillo, es muy conocido el que usan los indios caribes y otras naciones del Orinoco con el nombre de curare. Los síntomas que se observan, en los que han sido emponzoñados con el curare, son los mismos que los de la mordedura de la víbora. La sangre cuajada depositándose en los grandes vasos los extiende y produce en ellos una hinchazón excesiva. Por otra parte, la linfa amarilla, introduciéndose en los capilares, hace aparecer en la piel manchas amarillas y de otros colores.
+ Un indio de diez años que se cogió a los caribes descubrió el antídoto de este veneno, que se reduce a comer unas tomas de sal o, en su defecto, beber unos tragos de agua del mar cuando son heridos. Aunque la sal gema o marina sea suficiente para prevenir la muerte, en estos casos se podía aplicar con mayor suceso, según Paw, la sal de víbora, o la del cuerno del ciervo, cuya calidad alexifármaca es bien conocida en semejantes lances. Por lo que hace al jugo de las hojas del tabaco, se ha observado tanto que a pesar de las experiencias que mandó a hacer Felipe II en su presencia con varios perros, cuyas heridas se estregaron con tabaco molido, según refiere Monardes en su Historia medica novi orbis se ha conocido después que en muchos casos no es infalible. Por el mismo estilo se ha desacreditado el azúcar de nuestras cañas, que también se tuvo por un poderoso específico, y aun superior a la misma sal. Las experiencias hechas en Lieden en 1744 con flechas emponzoñadas, que llevó a Europa monsieur de La Condamine a su vuelta del Perú, quien picó en presencia de Musschenbroek, Van Swieten y Abbino dos pollos, decidieron la falta de eficacia de este remedio. El pollo a quien se le hizo comer el azúcar expiró cinco o seis minutos después que el otro a quien no se le había dado. Puede ser que la diferencia de clima y el frío, que era muy sensible cuando se hicieron las experiencias, hayan impedido la operación de este remedio en Holanda, contra lo que se había observado algún tiempo antes en Cayena, situada en la zona tórrida, en cuyo clima se han salvado frecuentemente con el azúcar muchos hombres y animales heridos de aquel veneno. El modo como obra el azúcar en los heridos del curare es bien dificultoso de explicar. Parece que esta sal obra inmediatamente en la sangre en el instante mismo en que se traga, pues la eficacia del veneno es tanta que no da lugar a que el estómago haga sus funciones para digerirla.